Cap. XVIX. La Fuerza del destino
"Este es el momento deslumbrante de una historia de amor hecha de miles de pasiones
personales, cuyos ecos todavía nos animan y cuyas verdades nunca terminan de contarse."
Han pasado cinco años desde que se separaron. Karol regresó a Londres, 2 años después
su Madre murió y heredó una gran fortuna, como ya nada la ataba a una vida moderada,
viajaba constantemente, ya no le importaba su vida, todo lo disfrutaba sin medida.
-¿Y ahora a dónde Sebastián?... ¿Australia?... ¡Ya tengo los boletos de avión!- le dijo
cuando por sus ojos le pasaba los boletos.
-Me temo que no señorita.
-¿Por qué Sebastián?- Karol se sentó sin muchas ganas.
Sebastián tomó los papeles del escritorio donde se encontraba Karol y los leía
angustiado.
-¡Debe ir a Florencia tiene que...!
-¿Florencia?- dijo interrumpiendo.
-Si, Florencia, la empresa que...
-¿En Italia?
-Si- decía Sebastián extrañado- tiene que...
-¿Dónde sirven comida italiana?
-¡Sí!- contestó aun más extrañado a una pregunta tan obvia.
-Su comida favorita- se levantó y miraba tras la ventana aquel pequeño y único árbol en
su inmenso jardín.
-La empresa tiene algunos fallos y si no va de inmediato puede perder una gran fortuna.
Karol sonrió triste sin dejar de mirar por la ventana, después lo miró con los ojos
abatidos.
-Sabes que no me importa el dinero Sebastián, y nada en esta vida, ya nada importa.
-Pero...
-Pero nada Sebastián, ya todo terminó...
-Si es por la señorita Mariana le...
-¡¡¡Si vuelves a mencionar su nombre te mato...!!!- reaccionó un poco exaltada.
-Esta bien, esta bien, y que hay de...- pensó durante un tiempo mencionar o no ese
nombre- Andie?
-¡Ya estarías muerto!... ¡¡Jamás vuelvas a mencionar ese nombre!!
-Su padre estaba muy interesado en esa empresa- dijo cambiando de tema, y la táctica
que siempre usaba para manipularla, su padre, sabia que no podía negarse.
Karol miró nuevamente ese árbol, el simple hecho de pensar en Italia, le traía muchos
recuerdos que no eran formulados en su memoria, porque no había tales recuerdos en ese
lugar, solo un pudo haber sido, que no lo fue y nunca lo será.
-El avión sale mañana, tengo las reservaciones- dejó los boletos sobre el escritorio.
-Esta bien.
-Mañana paso por usted- dijo y se retiró.
Karol se quedó ahí mirando, sólo mirando aquel árbol.
-Mariana- las lágrimas rodaban por sus mejillas.
A la mañana siguiente, como si el tiempo no hubiera pasado, Karol estaba en ese mismo
lugar contemplando aquel mismo árbol, con aquella misma nostalgia en su mirada que ya
guardaba desde hace años.
-Niña- entró una mujer mayor despertando a Karol de su profunda melancolía.
-¿Nana, crees que ya es momento de quitar ese árbol?
-¿Tú lo crees, niña?
-Tal vez, si- Karol sonrió tan triste que su Nana pensó que en cualquier momento
lloraría.
-¿Ahora a dónde irás niña?- le preguntaba porque sabía que cada fin de semana se iba a
algún lugar extraño con Sebastián.
Karol volvió su vista aquel árbol y pensó por largo tiempo.
-Sebastián no irá conmigo ahora Nana... esta ves iré sola.
-¿Sebastián no irá?
-No- Karol miró el reloj que se encontraba junto a una fotografía de su padre, agachó
la cabeza como si le pidiera perdón a aquel retrato- Se me hace tarde, debo irme.
Karol decidió salir de la oficina, dio la vuelta y miró ese árbol.
-Nana, cuando regrese... ese árbol, ya no quiero que este ahí.
Karol besó la frente de su Nana, de su amiga y su segunda madre. Aquella mujer la había
cuidado desde bebé, compartía sus alegrías y sus tristezas.
-¿Dónde esta aquella sonrisa que vi aquella vez?- decía mirando ese mismo árbol que
Karol observa con gran insistencia.
Karol desde la muerte de su padre dejó de sonreír era una persona fría, no confiaba en
nadie. Su Nana empezó a recordar un momento de la vida de Karol que jamás olvidara...
-¡¡Nana!!!
Decía Karol entrando por la puerta trasera de la cocina y discutiendo con su chofer y
amigo, Sebastián.
-¡Nana!- dijo una vez mas- ¡¡vi los ojos más bellos y verdes del mundo!!
-¡No eran verdes!- dijo Sebastián- ¡¡son azules!!... tan azules como los míos- en un
tono de altanería.
-Sebastián, son verdes y si fueran azules, aun así seguirían siendo hermosos y no como
los tuyos- Karol se quedó pensando por un rato- y tiene una voz linda.
-¿Linda?... ¿Acaso no escuchaste todo lo que te dijo?.
Su nana sólo veía la discusión, tenía una extraña sensación al ver a Karol tan
entusiasmada como ya nunca la veía.
-¡¡Nana!!- se dirigió a ella, y de su cara se asomaba una sonrisa que iluminaba su
rostro- ... jajaja... su bello lenguaje es... ¡¡es como la de un camionero!!
Karol y Sebastián reían sin parar y su Nana lo hacia también sin entender muy bien
por qué sólo era feliz viendo sonreír a Karol otra vez.
-¡Pero Nana!- dejó de reír Karol- ¡¡tiene unos ojos verdes bellos!!
-¡No son verdes!- decía Sebastián.
-¡¡Si Sebastián, son verdes!!
Tomaron esa discusión por minutos sin dejar de gritarse y reír a momentos recordando
las palabras de aquella chica de ojos verdes.
-¡Esta bien Sebastián!- dijo Karol con la voz ya cansada de tanto discutir- Si son
verdes, tu plantarás un árbol de arándano, ahí- dijo señalando el patio trasero.
-Pero señorita, a su madre no le gustan los árboles, ella adora su jardín así como esta.
-¡De eso se trata la apuesta Sebastián!- Karol extendió la mano- ¿aceptas?
-¡De acuerdo!- dijo Sebastián y tomo su mano.
Este era el segundo fin de semana que Karol regresaba a su casa en Londres y esta vez
llegaba más feliz que la semana anterior.
-¿Sebastián, de que color son sus ojos?- decía Karol con una sonrisa maliciosa.
-Verdes, señorita- dijo apenado y sacando un pequeño árbol de la parte trasera del auto.
-Jajaja... hora de cumplir tu paga...- Karol se alejó con una sonrisa en sus labios.
-¿Puedo saber que significa eso, señorita?- dijo su madre cortando su paso.
-¡Verdes!- volvió a dibujarse otra sonrisa aun más grande- ¡¡Cómo el arándano!!
Una pequeña ráfaga de viento movía las hojas de aquel pequeño árbol.
-¿Dónde quedó aquella niña alegre?- decía su Nana al volver a la cruda realidad- ¿dónde
esta esa niña maravillada con esos ojos verdes?, esos ojos verdes que ahora le traen
amargura...
-¡Matilde!- entró Sebastián- ¿Dónde esta la señorita?
-Se fue hace un rato
-¿Se fue?... ¿A dónde?
-¡¡No lo sé!!.
-¿Que?
Sebastián fue al escritorio donde Karol guardó los boletos de avión junto con los de
Australia, pero en ese cajón sólo estaban los boletos a Italia.
*****
-¿No sabes cuánto tiempo estaremos allá?- preguntó Mariana.
-No estoy segura de cuanto tiempo nos llevemos, sabes que confían en nosotras, sino ni
siquiera pisaríamos ese lugar, ninguna buena empresa nos ofrece casa amueblada y una
vida cómoda- Cristin se puso triste suspiró y continuó- si te gusta, estarás hasta
hacerte viejita... ¿segura que deseas ir?
-Si, por mi esta bien.
-¿Aunque no tengamos tiempo de casi nada?
-No importa.
-¡Es mejor la oficina en Florencia, es un caso muy extraño, sólo así de momento nos
llamaron, si nos mandaban a Australia hubiera sido el infierno, y claro como a ti te
gusta Italia, será mucho mejor!
-No me gusta Italia- dijo Mariana con una pequeña sonrisa- me gusta su comida.
-Como sea, arregla tus maletas y paso por ti.
-¿¡Pero a dónde vas!?- preguntó angustiada.
-Sólo iré por los papeles a la oficina... no podemos irnos sin saber a quién nos
enfrentaremos... ¿Por qué te preocupas tanto?... Reaccionas como si nunca fuera a
volver.
-¡Lo siento!
-Esta bien, te preparas.
Cristin salió del departamento, Mariana se quedó sólo mirando la puerta, tenía un miedo
horrible a la soledad, siempre imaginaba que Cristin nunca volvería, esa fue la
consecuencia que dejo la partida de Karol.
Mariana se sentó en el pequeño sillón que daba a la ventana. Se alojaban en un pequeño
departamento, su vida había sido complicada después de que dejo a su familia. Miraba
las luces que iluminaban la gran ciudad, pensaba en todo lo que había pasado en estos
cinco años, cuando dejó su casa para vivir con Cristin, aun estaba confundida.
-¡Cada vez me alejo mas de ti!- se decía- ... ¿lo nuestro nunca volverá a ser?
Se quedó dormida, desde hacia tiempo tenía sueños con Karol siempre le pedía que se
quedara con ella.
-Mariana- decía una voz que la sacudía para despertarla- Mariana.
-¿Te quedas conmigo?- decía dormida y sollozando.
-Si, lo estaré- dijo Cristin.
Mariana despertó, ni siquiera pudo sonreírle porque no era la persona de la cual le
gustaría escuchar esas palabras.
-¡Pero si no te apuras nos dejará el avión!- dijo Cristin con una sonrisa tierna.
Tenían escasos minutos para salir, preparaban su equipaje. Cristin sin querer tomó un
cuaderno y trató de leer su contenido, Mariana se dió cuenta y se lo arrebató de las
manos.
-¿Algún día me enseñarás lo que escribes ahí?
Mariana la miró apenada.
-Bien, no exigiré nada... son tus cosas y las respeto.
*****
-Si si, ¿y quién se supone que arreglara eso?
Tomaban una discusión en una oficina, por lo que se veía era una junta general, donde
estaban los encargados de los puestos mas importantes sentados en una enorme mesa de
cristal. Todos tenían una cara de angustia y susto porque la persona que los estaba
interrogando no se veía de muy buen humor.
-¡Se supone que ustedes son las personas que cuidan esta empresa, en sus manos mi padre
dejo todo!... ¿Cómo es posible que hayan hecho esto?
-¡Todo se salió de control!... le aseguro señorita, que ninguno de nosotros tuvo esa
intención, los respetamos y queremos esta empresa tanto como usted y tanto como la
quiso su padre.
-Eso lo sé Carlos, saben que por mi parte no hay problema, si esta empresa llegara a
cerrarse los colocaría en puestos de otros países, de otras empresas- Se levantó y al
mismo tiempo volvió a sentarse- saben que gran parte de lo que se produce en ganancias
aquí, no era para mi, ni para ustedes.
Todos tenían la cabeza completamente agachada, asumiendo que ese dinero era destinado a
alguna beneficencia.
-¿Alguna propuesta?- preguntó Karol
-Si, tendremos apoyo de...
-Ya están por llegar- interrumpió la secretaria. Carlos suspiró aliviado y continuó con
lo que estaba diciendo.
-Tenemos apoyo de la empresa que tiene en Alemania, nos han mandado a dos personas muy
eficaces...
-¿Si?... ¿y quiénes son?
Carlos tomó un fólder y se puso a examinarlo hasta que se dibujó una sonrisa en su
rostro.
-Cristin Sartori y Mariana Dux.
Karol sintió un enorme escalofrío al escuchar ese nombre otra vez, miró a Carlos
incrédula, como esperando a que le dijera que era una broma.
-¿Quién?- dijo con la esperanza en su voz de que hubiera escuchado mal.
-Cristin Sartori y Mariana Dux- dijo mientras le acercaba el fólder para que lo
comprobara ella misma.- No llevan mucho tiempo trabajando, pero son dos personas
confiables... ya tienen una semana, se les ha dado tiempo, lo necesario para su
traslado y hoy se presentan.
Karol lo miró y se levantaba cuando mas le acercaba el fólder como intentado escapar de
una plaga, miró a todos y dió la vuelta.
-Es el destino- cortó su paso Sebastián junto a la puerta.
-No- dijo Karol- ya no.
Karol intentó hacer a un lado a Sebastián, pero a pesar de ser mayor que ella aun tenía
mucha fuerza.
-¡Es tu destino!
-¡No!... ¡Ya no!- y salió de la oficina.
-Preparen la sala de juntas- daba órdenes Sebastián- para la llegada, la señorita
Guilloth estará preparada para la presentación.
-La fuerza del destino- dijo Sebastián cuando se encontró a Karol esperando afuera de
la oficina. Karol lo miró...
-Están por llegar- decía la secretaria- ya están en el elevador.
Karol vio esas dos puertas de metal que estaban por abrirse, quería desaparecer y no
encontraba la forma de lograrlo. Su corazón se aceleró más cuando esas dos puertas se
empezaban abrir de par en par. Miró a Sebastián con una gran angustia y se metió a una
oficina que estaba junto a la sala de juntas.
-Karol- dijo y no tuvo mas remedio que seguirla.
Encontró a Karol pálida como si fuera un fantasma detrás del escritorio.
-¿Ella sabe que soy la dueña de esta empresa y la que esta en Alemania?
-No, su padre por seguridad no daba sus nombres, ni el de su esposa y mucho menos el de
usted, pocas empresas del mundo saben de su existencia.
-¿Entonces ella no sabe que estoy aquí?
-No lo creo- Sebastián se acercó y recargó las manos sobre el escritorio- es hora de
saber cual es tu destino.
Karol lo miró y suspiró con una sonrisa tierna.
En la sala de juntas.
-Es un placer contar con su presencia- decía Carlos a las dos chicas que estaban
sentadas ya en la mesa de juntas.- La señorita Guilloth estará aquí en unos minutos.
-¿Quién?- dijo aun más impresionada Mariana.
-Karol Guilloth, la dueña de esta empresa.
Mariana miró a Cristin asustada. Cristin la veía sin entender porque estaba temblando.
-¿Te pasa algo?
Por la mente de Mariana pasaron muchas cosas, recuerdos "A pesar de estar rodeada de
tanta gente, me sentía sola... sentía que a mi corazón le hacia falta algo... y ese día...
-Ese día- decía Mariana inconscientemente- Llegaste tú... llegaste tú...
-¿Mariana, qué te pasa?- Cristin intentó tomarla del brazo, Mariana no la dejó.
...llegaste tú y todo cambio... me sentía bien... esa soledad y ese vacío
desaparecieron de mi vida."
Recuerdos, como si una película pasara por sus ojos, se levantó, sentía su cuerpo tan
débil.
"Pero la persona que más te amará, sabrá que son verdes, con sólo mirarte una vez."
Recordaba mientras caminaba lentamente y al llegar a la puerta esta se abrió muy lento
para sus ojos. Su corazón por unos segundos dejó de latir al mirar unos ojos azules con
un brillo diferente.
-Verdes, como el arándano- dijo en un susurro difuso.
-¿Sebastián?- dijo asustada. A pesar de que sólo se vieron un par de veces aun lo
recordaba bien.
-Lo siento, no quiere volver a verte- le dijo Sebastián triste.
Mariana agachó la cabeza y se fue.
Karol llegó al estacionamiento se metió a su auto y rompió a llorar sobre el volante,
no entendía porque no tuvo el valor de enfrentarse a lo que más quería en la vida.
-¡Mariana!- gritaba Cristin al encontrarla esperando el elevador.
-Necesito salir de aquí.
-Esta bien, toma las llaves del coche.
Mariana bajó hasta el estacionamiento, había algo que le impedía llorar, nunca creyó
que tan fuerte era su destino ligado a Karol, que vuelve a encontrársela en una
situación así. Un destino que ninguna de las dos tuvo el valor de continuar. Mariana
huiría al igual que Karol, ninguna de las dos quería formar un destino. Las lágrimas de
sus ojos les impidió ver que se encontraban en el mismo lugar. Karol llorando sobre el
volante de su coche y Mariana pasando enfrente de él.
Después de varios días Mariana no tuvo otra opción que quedarse en Florencia continuar
con su vida, si a lo que tenía podía llamarle vida. Cristin se ocupaba de asistir a la
oficina eso era algo que Mariana quería evitar a toda costa.
Cada instante a cada segundo la recordaba, aquellos ojos azules que tantas veces miró,
que tantas veces ocultaron una verdad, una verdad que tal vez era mejor callar. Quería
olvidar cada recuerdo, que de nada le valía recordar si nada la consolaba.
Caminaba un poco triste entre las calles, hoy no había hojas que pisar, no había un
suspiro de amor, sólo nostalgia, no sabía ni lo que extrañaba de su vida.
Intentaba entretenerse en las tiendas que veían sus bellos ojos verdes. Nunca se
preocupó por algo tan superficial como la ropa, pero esta vez era lo único que podía
distraerla. Entre sus manos tenía un abrigo blanco y uno azul, no se decidía por ningún
color.
-¡Creo que ningún color va conmigo!- se dijo ella misma.
-El blanco, sí, hace resaltar mas tus ojos verdes- dijo una voz conocida.
Miró y sintió perderse con el brillo de esos ojos azules que no veía desde hace mucho
tiempo y su cuerpo se estremeció.
-¡Hola!... hace tiempo sin verte.
-¡Hola!
Las dos se trataban como si nada de lo que pasó entre ellas les hubiera causado dolor,
como si la separación de cinco años hubiera dejado indiferencia en sus corazones. Se
veía tan fácil ocultar lo que sentía cada una.
Platicaron de todo. Karol le contó lo que había hecho en estos cinco años, la muerte de
su madre, los países que había visitado. Veía a Mariana con la mirada perdida, como
sino estuviera escuchando nada de lo que le decía, había algo que no le gustaba, se
molestó un poco y se paró del lugar donde estaban sentadas.
-¡Tengo que irme!. Me agradó volver a verte- dijo Karol.
Mariana la miró, recordó todas esas veces que en sus sueños le pedía que se quedara,
quería gritarle esas palabras pero no podía, no estaba segura si Karol aun la amaba.
"¿Te quedas conmigo?" pensó Mariana, al sujetar el brazo de Karol.
-¿Te... te puedes quedar un rato mas?... ¡¡Podemos tomar un café!!- decía Mariana
emocionada como una niña para que Karol aceptara- ¡¡en mi casa!!
-¿Un café?... Esta bien, sólo espero no derramarlo sobre ti- y sonrío divertida.
-No, Ya sabes lo que te espera si lo haces- le dijo señalándola con el dedo.
-¡Si!, Escuchar tu lindo lenguaje.
Salieron de aquel lugar. Caminaron hasta la casa de Mariana ninguna de las dos dijo
palabra alguna en el trayecto.
Mariana estaba nerviosa de estar nuevamente con Karol, con la persona que jamás debió
separarse. Tomaban café en la sala de su casa. Mariana se dió cuenta de la madurez de
Karol, no solo en su forma física, también su alma había crecido. Mientras Mariana aun
conservaba su inocencia, su inseguridad y un gran amor que no pudo demostrarle.
Karol miraba a Mariana del otro extremo, sin querer de sus labios se dibujo una sonrisa
tierna y burlona.
-¿Por qué te ríes?- dijo Mariana sonrojada.
-Creí que morirías de vieja dentro del Colegio...- Karol dejó su taza de café en la
pequeña mesa de centro, tomó aire y continuó con una voz altanera- Señorita Dux, nunca
la imaginé fuera de él...
Mariana se levantó, hizo a un lado la taza de Karol, quedaron frente a frente, esta vez
la que estaba nerviosa era Karol, no quería volver a sentir lo mismo, no quería
aferrarse a Mariana, deseaba pero no quería besar esos labios, ni tenerla cerca.
-¿Tu crees que después de que grité que te amaba iban a permitirme que permaneciera en
ese lugar?.
-¿Amor?- dijo Karol embriagada con esa palabra.
Mariana se acercó sutílmente al rostro de Karol, nuevamente después de tanto tiempo
volvió a sentir su respiración y escuchar su corazón latir tan fuerte. Quería sentir
nuevamente esos labios que besó muy pocas veces, necesitaba ahogar esa necesidad de
sentirla suya. Pero Karol tuvo otra reacción, se levantó rápido del lugar y no dejó que
Mariana tocara sus labios.
Mariana agachó la cabeza y suspiró.
-Tarde o temprano tenía que salir de aquel lugar, sino iba a volverme loca con tantos
fantasmas, o recuerdos o lo que sea!- continuó Mariana.
-¿Fantasmas?- Karol la miró sorprendida.
-O era eso o mi imaginación... "el vuelo", el invernadero, mi nombre, una margarita y
una rosa que no sé de donde salieron, esas dos pequeñas- decía un tanto desesperada- ...
y lo último esa música de violín en el último día que pise ese colegio.
-Vaya y yo creí que estaba loca y tú lo estas mas- Karol sonrió, pero ese comentario no
le hizo la menor gracia a Mariana- A mi no me pasaron cosas tan grandes.
-¿También a ti?
-Si, después que regrese de Londres, que también fue el último día en el colegio, en
"el vuelo", una chica de ojos azules- Karol pensaba en todas las cosas extrañas que le
pasaron- En la jaula, junto al invernadero, palomas!... ¡escuchaba palomas y no había
nada!- dijo incrédula.
-Entonces la historia si era real.
-¿Qué historia?
-De Mariana, Mariana Durkeim y la chica que era su compañera de cuarto- pensó Mariana-
todo empezó cuando grabaste tu nombre en aquel corazón, un amor prohibido, para el
mundo- Mariana se acercó a Karol, muy cerca de ella- ... menos para ellas.
El corazón de Karol volvió a latir con intensidad al sentir el tibio cuerpo de Mariana.
-¡Tienes una linda casa!- dijo Karol dando media vuelta y mirando a todos lados.
-No es mía, es tuya... ¿lo recuerdas?- contestó triste por la reacción de Karol.
Karol recorrió el lugar mientras Mariana la seguía con la mirada. Era obvio que Karol
ya no la quería. Los ojos azules de Karol ensombrecieron de tristeza cuando vio un
cuadro colgado en la pared, era una foto de Mariana, detrás de ella había una chica
rubia que la abrazaba. Mariana se dio cuenta que la vista de Karol se enfocaba en esa
foto, volvió a acercarse y se paró justo detrás de Karol.
-Se llama Cristin... vivo con ella desde hace cuatro años.
-¡¿Cuatro años?!... ¿sólo un año te bastó para olvidarme?, Gracias.- le dijo abatida
pero aun guardando esa indiferencia.
Karol vio que al lado de la foto estaba un poema que Mariana escribió para Cristin y el
estómago se le revolvió de coraje. Karol dió la vuelta para encarar a Mariana.
-¿Ahora escribes para ella?- le dijo fríamente y disimulando una sonrisa.
Mariana la vio enojada, salió de la sala y subió las escaleras hacia su habitación.
Karol la siguió para reclamarle.
Entró a la habitación, Mariana buscaba con desesperación algo entre sus cosas.
-¡¿Por qué huyes de todo?!... ¿No te gusta decir la verdad?... ¿Por qué no aceptas que
fui nada para ti?- gritaba con desesperación.
Mariana seguía buscando. Karol empezó a llorar por su reacción.
-¿Sabes?- decía Karol con suma melancolía- nunca fuiste mía...
Esas palabras hicieron que Mariana parara de golpe en su búsqueda y la miraba fijamente.
-Fuiste de Saúl... de Andie... nunca fuiste mía- dijo resignada.
-¡¡Jamás fui de Andie!! Y tu lo sabes- le dijo enojada y siguió buscando.
-No me refiero a eso... como amigas estuvimos mucho tiempo juntas... como amantes,
nuestro amor fue nada... siempre te ame Mariana, no he podido olvidarte y sin embargo
tú...
Mariana encontró lo que tanto estaba buscando y se lo arrojo a Karol.
-¡Nunca pude olvidarte!- dijo Mariana- mucho menos engañarte... esa es la prueba.
Las manos de Karol temblaban al sostener el cuaderno que Mariana no dejaba que nadie
leyera. Eran poemas y todos llevaban el nombre de Karol al final.
-¡¡Te esperé!!... ¡¡Espere a que volvieras!!- decía Mariana ahogándose en sus lágrimas-
todos los días rogaba porque algún día regresaras a mi lado y permanecieras ahí... ¡¡Mi
vida se escapaba cada día esperando a que volvieras!!
Karol la miró, sus ojos no dejaban de llorar, ver a Mariana de esa manera le rompía el
corazón, ambas sabían que perdieron mucho tiempo para estar juntas. Karol se acercó a
Mariana intentando abrazarla, ahora fue Mariana quien la rechazó.
-Me acostumbraste tanto a ti, que no sabía si te esperaba porque te amo o porque solías
llegar... ¿lo recuerdas?- intentó mirar los ojos azules llenos de lágrimas mientras
secaba los suyos- ¿recuerdas aquella vez que te busqué desesperadamente?... esa vez en
la que mi alma se ahogaba al imaginar mi vida sin ti... creí que al embriagarme me
olvidaba de mi cobardía y entender ese nuevo sentimiento por ti y la única forma en la
que pude ahogarlo fue abrazarte... ¡No debimos separarnos!
-¡¿Por qué no me perdonaste?!- dijo Karol desesperada.
-Por...
Escucharon ruidos en la sala. Mariana secó sus lágrimas y salió, cerró la puerta de la
habitación. Karol se acercó para escuchar lo que pasaba, después de unos minutos escuchó
a Mariana un poco exaltada abrió la puerta para saber lo que pasaba...
-¡¡No te voy a dejar!!... prometí estar contigo hasta el final... y voy a cumplirlo- le
gritaba Mariana a Cristin.
Karol cerró la puerta y espero a Mariana, que llegó minutos después. Se levantó de la
cama y se dirigió a la puerta que estaba por cerrar Mariana.
-Hasta el final- dijo Karol y tomó la perilla de la puerta para salir, pero no tenia el
valor de abrir.
-Conocí a Cristin meses después de que tú te fuiste, ella estaba igual que yo, acabada,
con el alma destrozada...
-¿Y que le ofreciste- se volvió Karol hacia Mariana- ... tu amistad?
Mariana la miró molesta por el sarcasmo que utilizó Karol en sus palabras.
-Si, le ofrecí mi amistad...
Karol volvió a tomar la perilla de la puerta abriéndola lentamente sin dejar de ver a
Mariana.
-Ella me ofreció lo mismo... solo amistad... ¡¡¡estaba enamorada!!!, de un amor que no
le correspondió en los momentos difíciles y eso le destrozó el alma- Mariana la miró
con los ojos angustiados- ¡¡¡la persona de la cual estaba enamorada le falló!!!
Karol no creyó mucho esas palabras, solo movió la cabeza con enfado y dió la vuelta.
-¡¡No vivirá mucho tiempo!!- gritó Mariana con rabia y enojo- ¿Eso es lo que quieres
saber?... ¿eso es lo que te tendría feliz?... ¿¿saber que va a morir??...
-Noo- se quejó Karol.
-Es mi amiga, ella sabe de ti, de lo nuestro...
Mariana cerró la puerta sin siquiera dejar que Karol pudiera hacer ningún movimiento.
La miró a los ojos y por fin después de guardarlo tanto tiempo en su alma esas palabras
que ya no podía callar.
-Te amo...
Era lo único que Karol necesitaba escuchar para que su alma volviera a arder de esa
manera, sintió lo que hace tiempo dejo de sentir. La abrazó y empezó a besar su rostro
suavemente, sus manos empezaron a jugar con las suyas. Mariana la abrazó con fuerza
mientras lentamente la recostaba sobre la cama. La miró con una gran ternura...
-Hoy solo quiero vivirte sin ayer, sin mañana, sin las pesadas cadenas que muchas veces
nos atan inexorablemente a las palabras.- Karol no quedó sorprendida ante esas palabras.
Continuó Mariana, acariciando ese cabello oscuro con ternura- ... Hoy pretendo amarte
con la fuerza brutal de la pasión desbocada de nuestros cuerpos temblando, de la carne
que se busca y se humedece al contacto con la primera mirada.- Mariana sintió un leve
calor llegando a sus mejillas por aquellas palabras y ante una tímida sonrisa de Karol
en señal de aprobación- ... Hoy me entrego completa... sin esperar trascender, sin
pretender retenerte, sin aspirar a una vida, mas allá de este placer...
Karol cerró la boca de Mariana con un beso y sus manos recorrían su tersa piel, la besó
una vez mas, después cerró la boca de Mariana con su dedo...
-Ámame hoy que puedes ceñir mi cuerpo y tus dedos pueden recorrer mi piel... Ámame hoy
que soy tu presente porque ya mañana que vea una quimera tu fuego en mi hoguera no
podrá ya arder.- Mariana sonrió extrañada, pero gustosa al escuchar eso. Extraño que
Karol intentara alguna poesía- ... Ámame hoy que la vida es nuestra y el tiempo es
aliado de este nuestro amor que quizás mañana ya te hayas marchado y otro ser amado
beba mi pasión.- le dijo muy cerca al oído esas palabras, que Mariana no hizo mas que
tomar su rostro entre sus manos y mirarla con una expresión de confusión en su rostro
al entender que se estaba despidiendo.- ... No pienses en nada al besar mi regazo
piérdete en mi fuego y dame tu calor que nada es eterno bajo este cielo y quizás mañana
ya no oigas mi voz.
Bastó eso para entender la necesidad de sentirse una de la otra, una noche intensa,
donde se jugaba algo más que un sentimiento.
El amanecer fue testigo de aquella entrega, esos primeros rayos de sol no se comparaban
con el brillo de los ojos de cada una, ni la tibieza que pasaba por la ventana podía
competir con la calidez de sus cuerpos, el cansancio les impediría huir de cualquier
cosa.
Mariana recostada sobre el brazo de Karol, cerró los ojos con tranquilidad y suavemente
susurraba cuando empezaba a quedarse dormida:
-¿Te quedas conmigo?
Karol besó su frente sin decir palabra alguna, Mariana ante ese contacto terminó por
quedarse dormida. Karol se levantó y empezó a vestirse sin dejar de observar aquel
cuerpo perfecto. La miró durante mucho tiempo y una lágrima resbalaba por su mejilla.
Tomo el cuaderno y salió de la habitación; al pasar por la sala miró el cuadro de
Mariana con Cristin "hasta el final" pensó Karol.
-¿Te vas?- decía Cristin cuando se la encontró afuera en el pasillo, con una sábana
cubriendo su cuerpo- ¿Vas a dejarla sola?
-Si, ella tiene que... que.
-¿Cuidarme?
Karol sólo pudo asentir con la cabeza, le dolía que eso fuera verdad.
-¿Es así?... ¿Es lo que te impide quedarte?- dijo Cristin acercándosele- Eres tan
celosa... ¿Cómo puedes sentir celos de algo que no quieres que te pertenezca... Si te
quedas... me haré aun lado... solo quiero dejarla contigo.
Karol entre una sonrisa tierna y mal disimulada.
-Conozco a Mariana y se que ella te buscaría donde sea- agachó la cabeza y suspiró- Si
cumple sus promesas.
Cristin se dio cuenta que Karol entre sus manos llevaba aquel cuaderno que Mariana
jamás dejo que tocara.
-Todo lo que escribía era para ti, ¿Verdad?.
Karol lo examinó por mucho tiempo, lo veía con tristeza, con lágrimas en los ojos se lo
entregó a Cristin.
-Mariana esta enamorada de otra persona... y esa persona no soy yo.
Cristin con extrañeza de lo que Karol acababa de decir, quería saber si era cierto que
Mariana estaba enamorada de alguien mas. Abrió el cuaderno y leía entre párrafos.
-Sientes celos hasta de ti misma... ¿por qué?- dijo molesta.
-¿Has estado enamorada?- Karol reacciono demasiado tarde, recordó lo que Mariana le
había contado sobre la vida de Cristin- lo siento, no, no quise...
-Si, se lo que es sentir celos... pero lo tuyo es egoísmo... le haces daño a Mariana y
a ti. Cuando conocí a Mariana era una chica temerosa, insegura... le temía a la soledad...
no encontraba consuelo en nada.
-Pues tu la consuelas muy bien- Karol dió la vuelta y se alejó.
-¡¡Karol!!- gritó Cristin sin encontrar respuesta.
Cristin entró a la habitación. Mariana aun dormía, la observó por largo tiempo, no
entendía como Karol podía dejar a una persona como ella.
-Hola... bueno días.- Dijo Cristin al notar que Mariana despertaba.
-¿Y Karol?.
-Lo siento Mariana.
Envolvió su desnudo cuerpo con la manta y se levantó rápido.
-Se fue ¿Verdad?... ¿Se fue?
Mariana fue hacia la ventana que había junto a la calle.
-¿Por qué?... ¿Por qué?- su voz se confundía con los sollozos y las lágrimas.
Karol dejó la empresa en manos de Carlos y Mariana jamás volvió, Cristin nunca supo más
de ella.
Cap. XX. Quédate conmigo
El invierno soplaba muy fuerte en esa parte de Londres.
Karol llevaba dos semanas sin salir de la oficina de su padre, Sebastián y Matilde se
encontraban angustiados, las señales de vida que daba era el golpeo de la puerta con
cristales de las botellas de vino y ellos a veces la escuchaban llorar con tanta
desesperación... Sabían que estaba enferma, con fiebre.
"Karol, por favor, quédate conmigo" Karol miraba por la ventana en la noche,
miró su copa vacía y volvió a llenarla, cuando regresó su mirada hacia el árbol, se
dibujaba una silueta parada junto a él, con los ojos llorosos, la fiebre y la mal
visión que provocaba el alcohol pudo salir por la ventana corrediza... se tambaleó hasta
llegar al árbol... temblaba de frío, se sentía tan cansada como si su mente ya no
perteneciera a su cuerpo.
-¿Mariana?- decía con los ojos entre cerrados.
Sintió los brazos de Sebastián rodear su cintura, y cada vez que la alejaba esa silueta
se veía mas borrosa...
-¡¡¡Déjame!!!... ¡¡Suéltame!!- se quejaba Karol como una niña- ¡¡¡¿por qué no me dejan
tranquila?!!!
La llevaron a la habitación. Karol apenas si podía mantener los ojos abiertos, todo el
esfuerzo que hizo para que la soltaran causó un gran cansancio...
-Quédate conmigo...
Escuchó aquel susurro y la calidez de unos labios posarse en su frente.
Karol despertó, miró que nadie se encontraba a su lado, bajó las escaleras.
-¡No es posible!- decía Sebastián en un mar de llanto.
-¿Por qué tenia que pasar esto?- decía Matilde.
-Ahora ella estará bien- Sebastián consolaba a Matilde. Miró un cuadro enorme, una foto
familiar, donde se veía a Karol sonriendo con ternura, junto a su Padre y Madre- ...
Ella estará bien.
Karol escuchó eso, paso a un lado, sonrió y siguió su camino hasta llegar a la oficina
de su padre, la consideraba como un refugio ante el mundo, un lugar donde pasó momentos
tan felices al lado de su padre.
-Quiero estar junto a ti- decía y temblaba de frío o de la debilidad que ya guardaba su
cuerpo.
-¿Arándano?- decía Andie extrañada.
-Si.. verdes, como el arándano- Karol tomaba las hojas de aquel árbol con ternura.
Un fuerte dolor de cabeza hacia que la invadieran miles de recuerdos.
-¡Crees que no lo sé!, Tu también eres mi mejor amiga... sólo que yo te amo de otra
manera.
-¡¡Somos amigas!!
"Quédate conmigo" escuchaba una suave voz resonar en su cabeza. Mientras los
recuerdos la seguían invadiendo.
-¡¡¡Como querías que me diera cuenta de algo que prometiste no pasaría...
traicionaste mi confianza... y nuestra amistad!!!.
-¡¡¡Lo que hice no fue por ese sentimiento, no fue por amistad... fue por amor!!!
-¡¡fue por amor Mariana!!- gritó y aventó el vaso a la puerta de madera al recordar esa
parte de su vida. "Karol, quédate conmigo" escuchaba con insistencia esa voz que
la llamaba.- ¡¡¡Fue por amor!!!
-Volveré... te lo prometo- le dijo tomando su mano.
-Lo sé, no tienes que prometerlo.
-¡No quiero perderte!.
-Nunca me perderás... nuestro amor nunca va a morir... aquí estaré pase lo que pase.
Los recuerdos no la dejaban de invadir, miraba a todas partes y en cada movimiento
escuchaba pasajes de su vida, se sentía tan cansada, tan inconsciente... sin vida.
-¿Qué le hiciste?
-Nada... no le hice nada, me gustaría decirte que fue mía, pero no es así, no dejaba de
buscarte, de decir que te amaba y que te esperaría siempre, lo dijo una y otra vez
hasta que se quedo dormida... ¿Sabes?... es hermosa cuando duerme.
-¡Pero en verdad logré algo!- le gritó Andie- ¡Sabe que no confías plenamente en ella...
la heriste con tu comportamiento y no creo que te perdone!
Tomó nuevamente la botella y miró a la ventana, los rayos de sol que empezaban a salir
provocaron un dolor en sus ojos, lo poco que podía llegar a mirar, se dio cuenta que
una persona estaba parada junto al árbol de arándano, ese árbol que Matilde no se
atrevió a quitar, cubriéndose un poco los ojos con las manos y con cuidado de no
tropezarse llego hasta el árbol...
-¿Andie?... ¿Qué haces aquí?
-Lo siento mucho, nunca fue mi intención hacerte tanto daño...
-¿Entonces qué haces aquí?- preguntó dando la vuelta como si no le tomara mucha
importancia a la respuesta que pudiera darle.
-Mariana...- Andie guardó un silencio sepulcral. Karol la miró sintiendo un escalofrío.
-¿Mariana qué?- dijo desesperada.
-Lo siento.
-Deja de decir eso... ¿¿Mariana qué??
-Cuando venía para Londres, ella... tuvo un accidente... y no sobrevivió.
-No es verdad- dijo Karol y daba pasos hacia atrás- ¡no es verdad!
-Karol...- Andie trató de tomarla de las manos. Karol la rechazó con rabia.
-¡¡¡Sebastián!!!... ¡¡Matilde!!- gritaba desesperada.
Los dos acudieron deprisa.
-No es verdad- decía Karol mirándolos con tristeza.
Los dos miraron a Andie y agacharon la cabeza haciéndole saber que lo que decía era
verdad.
Karol corrió hasta la oficina de su padre y marcó el teléfono a la empresa de Alemania
para hablar con Cristin. Y la única respuesta que tuvo, fue que ya nunca la volvió a
ver después de aquel día.
Todo fue tan rápido, la vida de Karol se fue en un instante, se desvaneció en el viento...
-¿Cómo pretenden que pueda vivir sin ella?...- le decía a la foto de su padre- Tu que la
tienes pregúntale por qué me dejo... ¿cómo quiere que viva sin ella?....¿Cómo?
Rompió en llanto, y se arrepintió tanto de su cobardía de aquel orgullo que no le
permitió ser feliz, ya no sabia como aguantar cada día sin ella. Se paró junto a la
ventana, los rayos del sol aun le molestaban, miro una silueta parada junto al árbol de
arándano. "¿Aún sigue aquí?" pensó Karol en Andie.
Corrió la ventana, salió con un poco de dolor de cabeza y con los ojos llorosos.
-¡¡Vete!!... ¡¡ya no me hagas mas daño!!- dijo Karol a lo lejos.
Vió que no le hizo el menor caso, camino hasta llegar a ella la jaló del brazo...
-¡¡Que te largues!!...
-Como el arándano- dijo con ternura y la miró fijamente a los ojos.
-Mariana- decía llorando Karol y la abrazó con todas sus fuerzas.
Mariana la apartó de sus brazos haciendo un poco un gesto de desagrado por lo mal que
olía
-¿Te quedas conmigo?- dijo sonriendo con ternura.
Karol iba a responderle con un beso, pero Mariana no la dejó acercarse y tomó su rostro
entre sus manos para que sus ojos la miraran.
-¿Te quedas conmigo?- volvió a preguntar.
-Si, siempre estaré contigo.
Mariana la besó dulcemente.
-Para siempre.
Cuando pretendes que las cosas buenas sean un sueño y al mismo tiempo las cosas
malas deseas con fervor que sólo sean pesadillas... nunca sabes si quieres vivir una
realidad o una fantasía... y todo es un delirio... el amor es eso, un vivir, con sueños,
pesadillas... los cuales duelen, pero nunca quieres despertar. ¿Sólo fue un sueño o la
realidad?... ¿Por siempre juntas?
FIN