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NOBLE PLEBEYA
Por Andre Love
Décima parte
-Condeee!!!- Exclamó Alexandra entrando en el salón actuando como ella solo sabía.
-Marquesa Alexandra.- Apuntó el conde volviéndose para mirarla con una sonrisa que ni él
se creía.
-Bienvenido a mi humilde hogar Conde Von Lippe.
-Marquesa déjese de cuentos, los dos sabemos que solo estoy aquí por vuestra
conveniencia.- Indicó el conde mientras besaba la mano de Alexandra, esta enarcó una de
sus negras cejas.
-Oh! Conde, siempre sois así de obstinado?- Le preguntó Alexandra riendo de mala gana.
-Sí, no sé porque tengo que ser diferente ahora, eso sería ser hipócrita, y eso no os
gustaría, verdad?
-No, tenéis razón conde... no os gustaría ser un embustero, farsante, mentiroso... como
queráis llamarlo...
-Marquesa por qué creo que vuestras palabras son indirectas hacia mi persona?
-No no no... qué va!- Indagó Alexandra irónicamente.
En ese momento Bernal se acercó con una bandeja y dos copas de vino tinto, Alexandra
cogió la suya y el conde la otra, los dos tomaron en silencio estudiándose mutuamente.
-Muy bien Marquesa Alexandra, no tengo mucho tiempo, así que... si no le importa.
-"Este cerdo es más duro de lo que creí"- Pensó Alexandra observando al hombre que
tomaba tragos de su copa. -Claro claro... vos sabéis que una de las cosas que me
caracterizan es que me gusta ser sincera y no andar con rodeos...
-Eso lo sabemos todos Marquesa y eso es lo que me gusta de vos... además vuestra carta
es un honorable ejemplo... ambos tenemos muchas cosas en común Marquesa... eso y el
deseo por el poder...
-No conde, te equivocáis en algo... ya no deseo el poder de nada... hace mucho que no.
-Marquesa, todos deseamos el poder de algo siempre... acaso no deseáis el poder de
destruir al... rey?
Alexandra miró el fuego de la chimenea pensativa, sabía que había dado en el clavo, giró
su mirada a él y dejó la copa en una consolilla cerca de ella.
-Sígueme Conde...- Le indicó la Marquesa llegando a las puertas. -...Vamos a un lugar
más confidencial... quiero que sepáis que esto nos conviene a los dos, Conde... no lo
olvide.
Alexandra lo guió a su despacho y de inmediato se dispusieron a conversar, era su única
oportunidad, no debía perder más tiempo.
Había quedado muy sorprendida, el Conde le había indicado que eran muchas personas
implicadas, la mayoría de nobles estaban en desacuerdo con el rey, su forma de gobernar
y el régimen con que llevaba el gobierno, muchos hasta tenían sus propios grupos
secretos en contra del sistema, tenían sus propias creencias y leyes, como había sido
el grupo en el que Alein fue miembro.
Los nobles junto a los clérigos de la iglesia eran la gran minoría, pero eran los que
gozaban de todos los privilegios habidos y por haber en ese absolutismo monárquico. Pero
por qué pasaba esto?, si podían hacer lo que les diera la gana?... la respuesta no es
nada complicada ni del otro mundo, sencillamente es porque el hombre desde que existe
nunca a quedado satisfecho con nada... así somos y seguiremos siendo siempre. Hasta el
más allegado al rey podía clavarle un puñal en la espalda y no sentirse culpable.
Alexandra lo que quería era que esta gente despertara, arriar el ganado, darles una
cachetada para que actuaran ya, y no había otra persona mejor que el Conde Von
Lippe-Detmont, él era su conexión para ello, su gran poderío entre los nobles y el
respeto que se ganaba por la persona que era ayudaban mucho. Sabía que debía de actuar
con cuidado, no quería involucrase mucho, o por lo menos que no fuera reconocida como
la propulsora de una revuelca incontrolable que daría de que hablar al mundo. Antes
talvez ella misma hubiera querido ser la asesina del rey, la que cortara su despreciable
y malvada cabeza y derramara su sangre gota a gota por su desdichado cuerpo,
deleitándose por ello sin importarle nada ni nadie, pero ahora no, no podía, ahora no
estaba sola.
-Conde... no podemos perder más tiempo, Luis XV está creciendo como nunca, a llegado el
momento.
-Lo sé, lo sé... crees que me escucharán... muchos todavía temen...
-Lo harán no os preocupéis por eso... solo diles lo que te dije, las mismas palabras,
haz los mismos gestos... te escucharán.
-Marquesa no entiendo una cosa... por qué no lo hacéis vos?... la mayoría te ama, los
plebeyos te ven como si fuerais una Diosa y para los nobles eres... eres poderosa, sin
duda...
-No Conde...- Le cortó Alexandra. -...Vos sois la persona para ello, a vos te siguen y
a vos te seguirán... acaso no deseáis eso?
El Conde la miraba sin parpadear, tenía un brillo intenso en sus ojos, dejando ver en
ellos su ansia y deseo.
-"Eso es Conde... te tengo"- Pensaba Alexandra sonriendo a su vez con complacencia.
-Sí... tenéis razón.
-Bien pues que así sea... solo una cosa Conde... no mencionaréis mi nombre... nunca.
-Esta bien, entiendo... recibirás noticias pronto.
-Cualquier cosa Conde sabéis donde encontrarme.
-Sí Marquesa... lo haré sin duda... lo haré.
Alexandra sabía a lo que se refería, si algo salía mal, el Conde no dudaría en decir
quien había sido la de la idea, pero también sabía que todo iba a salir como lo planeado,
estaba muy segura, todo se iba a convertir en un terrible embrollo para el rey y pronto
ella sería olvidada y su amada Alein también.
-Bernal!!!
-Sí mademoiselle?
-Llevad al Conde a su carruaje.- Le inquirió Alexandra a su criado mientras se despedía
del Conde. -Conde... ve con cuidado.
El conde le hizo una reverencia y salió siguiendo a Bernal.
Alexandra cogió una copa, la llenó de vino y bebió, después se giró y caminó hacia la
ventana que daba a las afueras, miró por ella. El suelo hecho de guijarro estaba repleto
de una neblina espesa, se escuchaba a lo lejos el chillido fiero de los cuervos, un
lacayo abrió la puerta del carruaje y esperó a que el Conde subiera a él, cerró con
cuidado y subió a la silla del frente, ajitó con fuerza las cuerdas que sujetaban a dos
caballos magnos y negros que relincharon con voracidad, como si supieran lo que iba a
pasar y fueran a estar presentes en la reunión de nobles más importante de todos los
tiempos, lo que iba a ser el inicio de nuevas ideas, filosofías y transformaciones
políticas, dar paso a lo que todo plebeyo una vez soñó y dejo de esperar... la libertad,
una nueva Francia, un nuevo mundo.
*****
-Ummm!!!...esto estaba delicioso.
-Oh vamos...no es para tanto.
-No enserio... estaba de muerte.- Indicaba una satisfecha Alein sobando su pequeño
estómago con gracia. -Estoy que reviento.
-Niña me pregunto como te puede caber tanta comida allí dentro.
-Ah!... bueno a veces se aparenta lo que no se es.
-Jaja... claro, si al principio pensé que eras un muchacho guapetón.
-Ves?
-Si mi niña.
Alein hablaba con la anciana cocinera del palacio, después de andar buscando por un
rato la cocina, al final pudo encontrarla, la anciana extrañada la había visto entrar,
dirigiéndose a ella como a un él, pero Alein le había indicado que era todo lo contrario,
pues la joven pensó que no había problemas dentro del palacio de Alexandra.
-Sabes?... te parecéis mucho a mi madre.
-Enserio?... entonces debe de ser muy bella.- Opinó la anciana sonriendo.
-Si... es muy bella.- Dijo Alein pensativa.
-La extrañas mi niña?
-Bueno yo... no lo sé... es que...
-La Marquesa te hace olvidar?
Alein escupió de su boca todo el oporto que en ese momento bebía, su rostro cambió de
color haciendo que la anciana riera de lo lindo.
-Jajaja... tranquila niña... tranquila, te puedo asegurar que la Marquesa también
olvida por ti.
-En serio?
-Sí mi niña... así es.
-Oh bueno... yo...
La anciana dejó de llenar una bandeja con diferentes y suculentas carnes, pan, quesos,
salsas y se acercó a Alein que la observaba sentada en la mesa de la cocina, la anciana
cocinera le tomó las manos y las estudió por un momento, miró a los ojos en ese momento
verdes claros y le sonrió.
-Tu corazón... tiene miedo...
Alein le veía expectante y sin hablar, solo escuchaba la voz tierna de la anciana.
-... Te voy a contar una historia... algo que pasó hace mucho, mucho tiempo... cuando
las raíces de los cíngaros crecía entre mala hierva y París se llenaba de sombras sin
rostro en una de tantas noches solas y desiertas...
70 años atrás.
-No!!!... por favor... no lo hagan...
-Cállate perra!!!... no tenéis derecho a hablar...
-Os suplico... piedad, piedad... por favor...
-Os he dicho que calléis!... puta!!!, merecéis esto y más.
-Oh Dios!!!... no, no...
Una gitana sufriendo su destino, cinco hombres haciéndoselo saber sin pena ni mente,
oscuridad por doquier, gritos por doquier... noche inmunda y perpleja, juez y acusadora,
un hedor a azufre viajaba por las calles desde el cementerio, aullidos de lobos a lo
lejos proclamando su desacuerdo, los hombres uno a uno bajaban sus pantalones demasiado
excitados, jadeantes como animales en celo, la joven gitana lloraba sin fuerzas, ya no
decía nada, esperaba a que esos cerdos terminaran de matar su alma, su corazón y su vida,
violada hasta la médula, los hombres le escupían, otros mordían sus redondos pechos
dejando sus rastros como pequeños recuerdos, la lamían con descaro, le decían
porquerías, le arrancaban las ropas, era profanada como un templo o peor aún, pues un
templo no tiene vida.
Mujer que días antes reía junto a sus hermanos, ahora moría junto a perros, talvez...
tal vez algún milagro!... no, en París no habían milagros, menos para ella... bella y
gitana, don para los suyos, blasfemia para la iglesia y pecado para los hombres.
-Maldita!... bruja!... no desearais haber nacido nunca...
Ya no le quedaban más lágrimas, no le quedaba más aliento, ni más deseos de vivir. Solo
el suelo se conmovía de ella, el único que podía sentir su agonía, le parecía que no
iba a acabar nunca. Que castigo más cruel.
De pronto los hombres se pusieron nerviosos, y se detuvieron, se volvieron a mirar a su
alrededor sin ver nada... pero qué pasaba?, la joven gitana tenía sus ojos cerrados sin
percatarse de nada, un frío soplo del viento pasó rozando su maltratado rostro, uno de
los hombres se alejó un poco para ver mejor, pero ni tiempo le dio, un golpe sordo en
su cabeza lo hizo caer inconsciente. Así fueron cayendo uno a uno, como sacos de
estiércol, como lo que eran, hasta que llegó el silencio, un silencio que a la joven se
le antojó temible, no podía abrir sus ojos, allí tirada en el suelo se acurrucó entre
sus propios brazos, acaso los demonios venían por ella?, por qué tardaron tanto?... Poco
a poco fue abriendo sus ojos oscuros, de nuevo el viento en su rostro, se fue sentando
aún en el suelo y se acomodó sus cabellos oscuros y largos con dedos temblorosos, se
acomodó lo que le quedaba de lo que fue antes un lindo y llamativo vestido.
Una mano, una mano?... su rostro se levantó indeciso, y sus ojos miraron la mano que le
invitaba a tomarla, pero duró un poco, le costaba asimilar lo que estaba ocurriendo,
observó a su alrededor donde los hombres se encontraban... muertos?
Esos desgraciados seres que le robaron su inocencia, estaban ahora en el infierno
esperando su condena a la diestra de Satanás.
Miró de nuevo hacia la mano que parecía inmóvil, la tomó y de un empujón se levantó,
pero un gran dolor la invadió por completo. Se quejó tan fuerte, que algunas aves
volaron asustadas desde los árboles. Le dolía su centro, aquel que antes había sido
decapitado sin piedad.
-Cuál es tu nombre?- Escuchó decir al hombre, lo miró pero no pudo distinguirlo bien
por la oscuridad que cernía la noche, era alto, muy alto. -Cuál es tu nombre?- Volvió a
preguntar.
-Jaz... Jazmín.- Respondió la joven con miedo. -Me vais a matar?, vienes por mí?
-No Jazmín... no te voy a hacer daño, solo quiero ayudarte...- Le dijo el hombre que la
sostenía por la cadera para ayudarla a caminar. -...Ven conmigo, quiero ayudarte a
curar tus heridas... por lo menos las físicas.
En eso un carruaje llegó de la nada, traía una antorcha encendida a cada lado dando así
luz al camino, la joven pudo ver entonces el contorno de su salvador quedando impactada
ante lo hermoso de su rostro, unos ojos azules resplandecían, parecían tristes...
tristes?, tal vez fuera por ella o tal vez no, quien sabe, pero lo que si supo fue que
desde ese momento el poco corazón que le quedaba se lo entregaría a él.
-Trabajaréis en mi Palacio. -Le había dicho el Marqués de Versalles. -...No puedo
ofrecerte más, o si queréis puedes salir y estar escondiéndote toda tu vida para no ser
cazada como a un zorro.
La que una vez fuera virgen asintió con su cabeza, no le importaba lo que fuese, con tal
de estar cerca del Marqués, lo haría todo.
Trabajó como cocinera del palacio, cada día su corazón gemía y su estómago crecía más y
más y más... sí!, estaba embarazada, los que en sus pesadillas invadían su mente, le
habían dejado ese pequeño regalo, para que se acordara siempre de ellos, de sus rostros,
de su tiranía... Culpa?... no!, castigo.
-Me han maldecido... gitana maldita soy, llevo conmigo mi reproche, llevo conmigo la
locura.
Lo odiaba, odiaba a ese bastardo que la hacía verse fea ante él, por ello no la amaba...
el Marqués no la amaba, su amor no era correspondido.
Pero estaba equivocada, el Marqués si que la amaba, la amó cuando la vio aquella noche,
la amó ayer y la ama hoy, pero ese sentimiento nunca se deberá saber... nunca.
Así una noche fue entre gritos y sudor la más doloraza de las noches, la joven gitana
dio a luz un hijo, pero no se sabe si por dicha o por desdicha, el bastardo había nacido
muerto.
Los días pasaron y pasaron, se hacían viejos, una lloraba de amor, el otro moría de
amor, hasta que un día.
-Jazmín!!!, Jazmín!
-Pero qué os pasa mujer?
-El Marqués... él se esta... se está...
-Dímelo mujer!
-El Marqués muere.
Sin más Jazmín salió de las cocinas corriendo como nunca, por el pasadizo hacia las
habitaciones, su vista era directa, pasó junto a los criados cabizbajos, que susurraban
lo bueno que había sido, el futuro de sus vidas y el futuro de su primogénita y única
hija.
Llegó a la habitación, cruzó las puertas donde se encontraba la hija del Marqués
mirándolo de largo, parecía enojada... con él?, acaso con ella?
Caminó hasta la cama donde el viejo y enfermo Marqués inspiraba las últimas bocanadas
de aire, estaba pálido y sus ojos cerrados, le costaba respirar, la que una vez fuera
joven y bella lo miraba con ternura, unas lágrimas resbalaban por su arrugado rostro y
caían en la cama, se agachó y posó su cabeza en el pecho del hombre, tratando de
aspirar su aroma, el Marqués abrió sus ojos poco a poco, y miró hacia abajo, alzó con
dificultad una de sus manos y la puso de golpe en la cabeza de Jazmín, esta se asustó y
lo miró con sus ojos como platos, era la primera vez que se acercaba tanto, era la
primera vez que con sus ojos le expresaba todo el amor que siempre había sentido, el
hombre la miraba sin titubear, y de pronto le sonrió.
-Jazmín... te amo.
La mujer no lo podía creer, todos esos días, todos esos malditos días llenos de agonía
por un amor inalcanzable la había amado como ella lo hiciera... pero ya era demasiado
tarde.
-Marqués... yo también te amo, te he amado todos estos años, por Dios!!!... por qué?,
por qué no me podíais amar?, demostrar tu amor... decírmelo, por qué?
-Perdóname... por ser un maldito cobarde, lo siento tanto... Jazmín, mi amor... mi
eterno amor.
El Marqués se agachó un poco y besó su frente, después volvió su mirada a su hija que
lo miraba desde las puertas y le sonrió de medio lado, como lo hacía siempre, sin más
sus párpados se cerraron y su corazón dejo de latir para siempre.
-Por Dios!!!, que historia más triste... es terrible.
-Si niña Alein, lo es... pero sabéis algo?, Jazmín se sintió mejor después de todo eso.
-Cómo es eso posible?... yo seguro no lo soportaría.
-Eso mi niña, es porque se había dado cuenta que su amor si había sido correspondido,
alguien siempre la amó... y el amor sana hasta el más duro y lastimado corazón.
-Oh bueno... entonces no fue tan malo después de todo.
-Si mi dulce niña... no lo fue.
-Jazmín nunca se arrepintió de haber odiado a su hijo?
-Sí bella niña... Jazmín se arrepintió... y lloró mucho tiempo por ello, pero todo pasa
mi niña... todo pasa.
-Y qué pasó con la hija del Marques?
-Bueno linda... esa es otra historia.
-Alein!!!... Alein!!!- Una voz llegaba desde el pasillo que daba a la cocina.
-Aquí estoy!!!- Exclamó Alein sonriendo a la anciana. -No puede vivir sin mí.
-Ya lo veo... ya lo veo.
-Oh aquí estáis, te he buscado por todo el Palacio.- Informó Alexandra entrando a la
cocina.
-Es que tenía un poco de hambre y pues...
-Claro como no se ocurrió antes.- Indicó Alexandra sonriendo y mirando la bandeja de
comida que estaba sobre la mesa.
-Oh! Marquesa.- Dijo la anciana cocinera, dándose cuenta de lo que había dejado de
hacer. -Me vais a disculpar, te iba a mandar tu comida, pero me he entretenido con tu
linda invitada.
-Ah sí?... no importa, no tengo apetito.- Comunicó Alexandra. -"Pero sí que tengo un
voraz apetito por una personita rubia y de ojos de claro de bosque que me trae loca".-
Pensó mientras observaba de abajo hacia arriba a Alein atrevidamente.
La vieja se dio cuenta de ello y soltó una pequeña carcajada. Alexandra la miró y esta
trato de aparentar que hacía otra cosa, la joven más alta guió sus ojos por la cocina y
empezó a recordar cuando era pequeña. Como le gustaba ir allí después de estudiar con
su tutor a comer unas cuantas golosinas mientras la vieja cocinera le contaba increíbles
historias de gitanos. Hacia mucho que no entraba a la cocina.
-Alexandra... estáis bien?- Le preguntó Alein preocupada.
-Sí solo... recordaba, es que todo esto me trae muchos recuerdos.
-Oh bueno, solo espero que sean buenos.- Inquirió Alein.
-Lo son- Indicó Alexandra mirando a Alein y sonriéndole de medio lado. -Alein... ven.-
Le propuso Alexandra acercándose a ella y agarrando sus manos alzándola de la silla.
-Ya voy, ya voy.- Indicó Alein que era jalada por una impaciente Alexandra. -Gracias de
nuevo por vuestra comida estaba deliciosa y gracias por la... historia.- Le agradeció a
la dulce anciana.
-Mi dulce niña eso no es nada, solo recuerda... el amor lo puede todo. Marquesa?- La
anciana se dirigió a Alexandra luego y esta paró y se giró a ella.
-Sí?
-Solo... si acaso vais a ver a Dominique y éste se despierta... dile que todos en el
palacio lo extrañamos mucho y que lo queremos.
-Jazmín... cuando despierte podéis ir y decídselo tu misma.
Alein se la quedó mirando con ojos como platos, acaso la llamo Jazmín?
-La anciana le guiño a la más joven uno de sus ojos hundidos pero compasivos, Alein hizo
lo mismo y le sonrió, quedando entre ellas un inmenso secreto que iban a guardar
siempre en sus corazones. Y simplemente salió de la cocina llevada casi a rastras por
Alexandra.
-Vamos, quiero ver a Dominique.- Le comunicó Alexandra.
Así las dos fueron hacia la habitación donde estaba Dominique. Cuando llegaron un
criado del palacio le pasaba agua por sus labios resecos con ayuda de una esponja,
Alexandra le indicó que lo dejase y le diera la esponja a ella, esta se puso a hacerlo,
despacio y con ternura.
Alein miraba desde lejos la escena, le parecía muy tierna y a la vez triste, ver allí
postrado a Dominique que desde que le conoció le quiso mucho y ver a Alexandra sufriendo
por su querido amigo que toda su vida le había acompañado, querido y cuidado, era muy
triste, ya casi no tenían esperanza, todo termina cansando.
Alein se acercó donde estaba Alexandra de cuclillas a un lado de la cama, cuando llegó,
posó una de sus manos en el hombro de Alexandra tratando de trasmitirle todo la
comprensión que sentía, y que supiera que compartía su tristeza.
En ese momento algo pasó, algo que Alein nunca creyó llegar a ver, Alexandra se volvió
a ella y como si fuera una niña pequeña empezó a llorar, abrazó con fuerza las caderas
de Alein y hundió su cabeza en ese suave y pequeño estómago.
Lloró y lloró hasta cansarse, sacando afuera toda su ira interna, todo sufrimiento y
dolor que en su vida había oculto dentro de su mente y de su alma, desnudó su corazón
ante Alein, regalándole ese momento que a la joven rubita le pareció inolvidable.
-Shhh... tranquila, tranquila amor...- Alein le obsequiaba palabras suaves y amorosas. -...
Aquí estoy Alexandra, aquí estoy mi vida.
Alein acariciaba con sus suaves y pequeñas manos los cabellos largos y ondulados de
Alexandra mientras esta iba tranquilizándose. La camisa de Alein estaba toda mojada por
las tibias lágrimas regadas con desespero. Alein se hincó frente a la Marquesa tomando
la cabeza de esta con sus dos manos y levantándosela, las dos se miraron por un momento,
Alein se acercó al rostro bañado en lágrimas y una a una las fue limpiando con besos
delicados, alrededor de sus ojos, más abajo, en su nariz perfilada, en sus perfectos
pómulos, junto a sus labios, cada vez más cerca, más... y más, se separó un poco,
pegando su frente con la de Alexandra y se miraron a los ojos.
-Nunca me dejes...- Le advirtió Alexandra muy seria. -Nunca Alein...
-Nunca lo haré mi Marquesa...- Le respondió Alein igualmente seria. -... Nunca.
Sin otra cosa Alexandra se aproximó más a Alein, quería dejar pactada esa promesa, en
eso estaban, sumidas en el momento, cuando escucharon a alguien que se movía cerca de
ellas.
-Oh no!... por favor, continúen, continúen... yo estaré aquí haciéndome el muerto.
-Dominique!!!- Gritaron las dos mujeres poniéndose de pie y sorprendidas de ver a su
amigo despierto.
-Dominique estáis bien no lo puedo creer!!!- Exclamó Alein súper contenta.
-Dominique por Dios!... nos habéis dado un susto terrible, pensamos que te íbamos a
perder...- Reveló Alexandra cogiendo una de las manos de su consejero y apretándola
fuerte. -... No me volváis a hacer eso nunca, me asusté Domi, me asusté mucho.
-Oh! Alexandra, perdóname hija...
-Promételo!- Exclamó Alexandra que todavía estaba un poco afectada.
-Lo prometo linda... lo prometo.
Ya mucho más tranquila, Alexandra le sonrió.
-Dominique como te sientes?- Le preguntó Alein.
-Bueno, no se si estaba mejor antes, ahora ciento como si me hubieran atado cadenas
alrededor de mi hermoso cuerpito y las estuvieran oprimiendo.
-Definitivamente estáis mejor que antes.- Indicó Alexandra. -Dominique queréis algo de
comer y de tomar?
-Oh si mi niña... este pobre viejo muere de hambre.
-Yo le traeré algo.- Anunció Alein encantada. -Vosotros dos pues... sigan hablando... ya
vengo, no tardo.
Alein tomó el camino hacia la cocina corriendo y brincando de alegría por Dominique y
por su amada Marquesa, las cosas se estaban poniendo mucho mejor, solo esperaba que
también fuera así lo demás.
Alexandra se había quedado charlando un rato con Dominique hasta que Alein llegó y esta
ayudó al hombre a comer. Pronto se marcharon, ya que Dominique tenía que descansar, su
cuerpo todavía estaba mal, el hueso y el gran corte que tenía en su costado y que casi
le arrebata la vida estaban curando muy despacio, pero lo importante era que estaba
sanando.
Sin saber muy bien que hacer, las dos caminaron juntas cada una sumida en sus
pensamientos, ya era tarde, los pasillos se les hacían interminables, ninguna decía nada,
solo sus respiraciones un poco aceleradas se escuchaban entre pared y pared, Alein llegó
a las puertas de su asignada habitación y se detuvo allí cerrando sus ojos y escuchando
los pasos de Alexandra que no se habían detenido, si no que seguían hacia su propia
habitación y allí se detuvo, al igual que Alein, cerró sus ojos deseando que la joven
rubia la llamase y la invitase a su habitación, pero pronto se dio cuenta que ella era
la debía de hacerlo y la que deseaba hacerlo.
-"Pobre... debe de estar muerta de cansancio"- Pensó Alein abriendo las puertas de su
habitación deseando que ocurriese otra cosa.
Miró a donde estaba Alexandra inmóvil, perecía indecisa, y era verdad, le costaba mucho
mostrar lo que deseaba, siempre se lo guardaba para ella, pero era Alein, era lo qué
deseaba Alexandra o no?
-"Porque me costará tanto?... soy una cobarde idiota... como mi padre.- Pensó Alexandra
recordando como había descubierto a su padre mirando a Jazmín una y otra vez sin hacer
nunca nada. -"No... no soy como mi padre, no tengo que serlo".
-Alein?- Llamó Alexandra a la mujer que la hacía ver estrellas cada vez que la besaba.
-Sí?- Preguntó Alein que estaba a punto de entrar a su habitación.
-Alein ven... por favor, esta noche... ven conmigo.
Alein no pensó más, solo obedeció a sus piernas quienes se mostraron de acuerdo con la
idea y que no dejaron de caminar hasta llegar delante de la Marquesa.
Alexandra sin dejar de mirarla abrió las grandes y talladas puertas de su lujosa
habitación, agarró entonces una de las manos de Alein y la besó, Alein si no fuera por
que estaba agarrada a una de las puertas seguramente se hubiera desmallado allí mismo.
Entonces la invitó a pasar, tirando de ella suavemente y la bella Alein se dejó llevar
como abeja por polen.
Mientras, en el Pavillon de Flore en el centro de París.
-Majestad, todo listo.
-Bien, muy bien... espero que esta vez lo hagan bien.- Indicó el rey a sus oficiales. -...
Y que no vengan con las manos vacías.
-Majestad os juro que esta vez no se escaparán.
-Eso espero... ahora andad y traedme a la Marquesa Alexandra Misnard y a su pequeño
mensajero, o mejor dicho pequeña.- Indicó el rey pensativo y mirando por una ventana las
afueras de Paris. -... Vayan qué esperáis?, qué yo os lleve cargando?
Quince hombres en línea, con postura rígida hicieron una reverencia rápida y se pusieron
en marcha.
Tomaron sus caballos y galopando entre la niebla y la oscuridad, tomaron la dirección
hacía Versalles, específicamente hacia el Palacio de Versalles. Una misión para ellos,
la mejor de las noches para el rey y la peor de las pesadillas para las dos mujeres
amantes.
*****
-... Entonces eso tramas eh?
-Bueno, no lo tramo es más como que... ayudo a que se den cuenta de que están perdiendo
su tiempo.
-Oh vaya!... crees qué pase algo... malo?
-Si pasa algo malo, es algo malo para la rata del rey.
-Bueno ya era hora que hicieran algo... cuando veo a la gente sufriendo... yo lo he
sentido Alexandra...- Revelaba Alein volviendo su cabeza para observar a Alexandra que
la miraba desde la cama acostada de lado, luego se dirigió al balcón de la habitación y
observó hacia afuera.
La fría noche se imponía en cada rincón, las flores del jardín dormían, otras se
ocultaban para no ser descubiertas, las ramas de los árboles aplaudían su encuentro y
los sapos y grillos contaban historias de amores secretos y charlaban animados.
Alein siguió hablando, casi adormecida por esa paz que reinaba allí afuera.
-... Alexandra que injusto es este país... por Dios!, no te imaginas como viven las
personas allá afuera, no te imaginas que es escuchar a niños llorando por las noches
porque tienen hambre, yo misma lloré una vez, o porque su mamá fue ahorcada por haber
robado un miserable pedazo de pan añejo para dárselos.
Alexandra suspiraba triste por lo que le contaba Alein... no!, nunca había sentido que
es tener hambre, pero le hubiera gustado hacerlo, así talvez hubiera dado más
importancia a lo que tenía, gente como ella era la que debía sentir eso, no niños
inocentes que no tenían culpa de vivir en esa ingrata sociedad, en esa injusta vida
llena de crueldad y castigos para los pobres y llena de placeres para los ricos.
-Por eso mi querida y dulce Alein... es hora de hacer algo.
-Sí... ya no tendré que hacerme pasar por hombre.- Dijo Alein sonriendo irónicamente.
-Jaja claro que no... aunque bueno, la verdad es que a mí me encanta veros vestir
pantalón.
-De verdad?- Preguntó Alein volviendo su mirada a Alexandra y caminando hacia adentro
de nuevo.
-Sip... te vez muy... sexy, muy... interesante... muy diferente.- Indicó Alexandra
bajando despacio de la cama como si fuera una gran gata.
-Oh vaya!- Exclamó Alein sonrojada, y olvidándose de todo, menos de donde estaba y con
quien, miró a Alexandra que se aproximaba a ella peligrosamente, como si fuera su presa...
su rica presa.
-Atrás gata, atrás.
Alein sin querer empezó a temblar, sabía que Alexandra quería jugar, pero no lo podía
evitar, como tampoco podía evitar sentirse excitada, cada vez más, cada avanzada que
daba Alexandra hacia ella, pero no quería echarse atrás, también quería jugar.
Como si quisiera escapar, Alein miró a ambos lados buscando el camino más fácil, poco a
poco se fue haciendo a un lado, Alexandra la tenía en su mira, en cualquier momento
podía atacar, se sentía como un leopardo apunto de satisfacer su apetito, su necesidad
que hacía mucho poseía y ahora la mataba por dentro. Alein por tratar de escapar bajó
su guardia un segundo y ese segundo le costó caro, Alexandra se lanzó a ella y las dos
cayeron en la alfombra riendo como nunca.
-Sabíais qué estas loca?- Le comunicó Alein riendo hasta más no poder.
-Sí... estoy loca por ti.
Alein poco a poco fue calmando su risa, Alexandra la observaba como idiota, la
idolatraba, veneraba todo de ella, adoraba su risa y su forma de ser, admiraba su gran
nobleza y el amor que sentía por la vida... la amaba, la amaba con locura.
-Ale... Alexandra?... otra vez recordando?
-No... solo estoy viviendo el momento, amo cada segundo contigo Alein, no puedo
explicar lo que me estas haciendo, pero me encanta y quiero que nunca termines de
hacerlo.
-Vaya!, no sabía que erais poeta.
Alexandra le empezó a hacer cosquillas en las costillas y Alein estaba que reventaba de
la risa.
-Por favor!... os suplico Marquesa... jajaja... paraaa!!!... jajaja... para yaaa!...
-Me volvéis a decir poeta y te juro que te va peor.
Con un gran esfuerzo Alein rodó y tiró de Alexandra hasta dejarla debajo de ella,
Alexandra quedó sorprendida pues fue tan rápido el movimiento que ni tiempo le dio de
defenderse. Alein le cogió sus manos y se las puso a cada lado, la chica rubia estaba
sentada en la panza de Alexandra que la miraba con sus ojos azules oscuros de deseo.
-Qué habéis dicho que me ibas a hacer si te llamaba de nuevo...
-No te atrevas niña!
-Qué pasa si me atrevo?- Le indagó una altanera Alein.
-Sufrirías las consecuencias.
-Ah sí?, cómo sabes?, tal vez me vayan a gustar.
-Bueno... estáis advertida niña.
-Pues... me arriesgaré...- Indicó Alein acercándose a Alexandra que cada vez le costaba
respirar, sus labios quedaron rozando los de Alexandra. -... Eres... una... gran...
poeta.
-Te lo advertí... ahora sufriréis la ira de la gran Marquesa de Versalles.
-Jaja... no te tengo miedo... Alexan...
Alein se tubo que tragar medio nombre, Alexandra como la fiera que era en esos momentos
agarró con sus dientes los labios de Alein, esta tubo que bajar su rostro sin mover ni
un músculo, pues si no le iría mal, Alexandra sonreía triunfadora, luego su ataque se
volvió más suave, juntó sus propios labios y succionó los de Alein que estaban
increíblemente rojos, dejó de morderlos, pero continuó chupando cada labio como si
fueran gajos de mandarina, Alein estaba que ardía por dentro, su cuerpo reaccionó de
inmediato bajándolo todo sobre el cuerpo de Alexandra, esta última tenía el control,
Alein se lo cedía con gusto, es más, si quisiera se lo daría por toda la eternidad, los
besos empezaron a ser sensuales y pausados, Alein siguió la danza con los suyos, sus
lenguas jugaban al escondido, a cada una le tocaba encontrar a la otra, besos
placenteros y deliciosos, sus pequeños gemidos lo anunciaban, sus cuerpos que se movían
tratando de acoplarse hasta más no poder lo describía. Alexandra se separó un momento
para que sus pulmones se llenaran de nuevo, al igual que los de Alein.
-Alexandra... quiero que sepas...
-Shhh... no hay nada que decir...
-Es que... yo nunca... nunca...
-Alein tranquila... no eres la única.
-Quieres decir que tu tampoco... nunca...
-No... nunca.
-Oh... yo pensé... tu sabes, con tantos pretendientes detrás de ti... o tal vez una
mujer bella...
-No, nadie me había interesado antes... es que siempre quise entregarme a la persona
que iba a amar y pues... ya la encontré.
-Sabes?... en eso concordamos, yo también tuve pretendientes... pero solo viejos gordos
y feos.
-Jaja si... también me pasó a mí... pero encontré a la persona que me robó el corazón en
el mismo instante que le vi.
-Que coincidencia, a mi me pasó lo mismo... majestuosa como solo ella, elegante, hermosa...
-No sigas o me voy a poner celosa.
-No deberíais... esa persona eres tú... te amo Marquesa.
-Y yo a ti Alein, te amo... te adoro.
Alexandra no dijo más, se puso de pié llevando a Alein consigo, se besaron
apasionadamente mientras Alexandra la montó sobre sus caderas y la llevó hacía la cama,
pero en lugar de recostarla en la cama la sentó en la mesilla que estaba a un lado
tirando un candelabro y una copa vacía al suelo con una de sus manos, Alein recostó su
espalda en la pared sintiendo como Alexandra pasaba su lengua traviesa por toda su
garganta.
-Oh Dios!... Alexandra... ummm...
-Eres tan dulce... tan bella... Dios! te voy a comer entera...
Alexandra se separó un poco, su respiración era acelerada al igual que la de Alein, sus
corazones palpitaban como si quisieran salir corriendo, Alexandra empezó a quitar todo
lo que le estorbaba, la ropa de Alein caía prenda por prenda, hasta que llegó a su
pantalón, lo quiso dejar por un rato más, ella misma se empezó a quitar el vestido muy
sensualmente, volviendo loca a Alein que la necesitaba desesperadamente, esta última no
pudo más y se bajó de la mesilla, se puso atrás de Alexandra y le empezó a bajar el
vestido poco a poco, acarició sus hombros, su espalda, le quitó el corsé desanudando
los cordones con manos expertas. Al final bajó por completo el vestido, Alexandra alzó
sus estilizadas piernas una a una para apartar el vestido que al final quedó a un lado
hecho un puño, los labios de Alein viajaron por cada rincón de la espalda de la mujer
alta, esta cerraba sus ojos con fuerza disfrutando de las sensaciones exquisitas que
esos cálidos labios le regalaban, Alexandra alzó sus manos hasta su cabello quitando
unas prensitas que le habían dado forma a su extraño peinado, ahora el cabello ámbar
caía como cascada en su delicada y sensible espalda, parte de él calló en el rostro de
Alein, quien disfrutó de su exuberante aroma. Alexandra no esperó más y se volvió de
frete a Alein la tomó de su cintura y la empujó hacia la cama recostándola suavemente,
como si esta fuera de porcelana fina, Alexandra se recostó encima de la más pequeña, su
cuerpo de inmediato se acostumbró al calor que irradiaba el otro cuerpo, Alein le
acariciaba la espalda con receladas manos, los costados de su cadera, los hombros, la
nuca, todo lo habido y por haber en ese impresionante cuerpo.
Llegó hasta sus muslos, pasando sus manos una y otra vez y después a sus perfectos
glúteos amoldando sus manos en ellos, Alexandra gemía suavemente, mientras que al mismo
tiempo sus manos paseaban por el cuerpo de Alein y vagaban sus incontrolables labios
por cada parte de su rostro, las dos se daban placer con caricias que hablaban por
ellas, Alexandra enseguida quiso sentir más de Alein y por ello bajo sus manos
delineando el contorno de su cuerpo con extrovertidos dedos para quitar sus pantalones,
Alein estaba en los cielos, volando entre las nubes como un pequeño pajarito, Alexandra
fue bajando esos metiches pantalones hasta quitárselos quedando desnuda como Alexandra,
ya nada iba a impedir su demostración de amor. Alein envolvió con sus firmes piernas las
de Alexandra, esta con su mano deslizó esas piernas hacia arriba, poniéndolas en su
cadera, deseaba todo contacto posible, lo deseaba ahora más que nunca, así sus centros
se juntaron haciendo que las dos chicas no pudieran retener gemidos de placer, aunque
nunca antes habrían hecho el amor con nadie, las dos parecían ser expertas en el arte
de amar, se dejaban llevar por su necesidad, la habitación se empapaba por el aroma de
sexo que de sus cuerpos emanaba.
-Ohhh... Alexandra, esto es delicioso... umm... oh sí!... ahhh!
Las dos jóvenes movían sus cuerpos de arriba abajo, de un lado al otro, circularmente
sin detenerse, suave, al compás de sus suspiros, se besaban a cada instante, sus
lenguas jugueteaban, se lamían los labios como si fueran paletas de helado de ricos
sabores, cada vez más rápido, sus pequeños y mojados clítoris parecían bailar un vals
frenético que llenaba sus almas con descargas eléctricas, cada movimiento producía
chispas, las dos amantes estaban a punto de llegar a la cima, pero Alexandra deseaba
que durara más, así que bajo la intensidad de sus movimientos poco a poco, Alein estaba
sufriendo de verdad, ésta la miró con desespero y Alexandra le sonrió, le quitó de su
rostro unos necios flequillos cortos y empapados de sudor y la besó deliciosa y
delicadamente, luego fue bajando por su cuerpo llegando hasta sus pechos que se
pusieron duros al instante, Alexandra pasó su lengua caliente y jugosa en cada uno
haciendo que Alein gimiera ferozmente, la estaba matando.
-Ummm... Alein... nunca olvidaremos esta noche mi amor... te lo juro.
Después de un rato de haber perturbado los sensibles pechos de Alein, Alexandra siguió
su camino hacia abajo, deslizando todo su cuerpo en el de Alein, lamió su fuerte
abdomen, jugó con el ombligo, siguió con la entrepierna, con los muslos interiores,
Alein pasaba sus manos, sus dedos, sus uñas por los brazos de Alexandra, por su espalda,
por su cabello en donde se instalaron al final empujando la cabeza de la mujer que la
estaba atormentando hacia donde quería toda su atención, Alexandra entendió el mensaje
y sin dudar se adentro en ese mundo lleno de sorpresas y sensaciones, su lengua le
agradeció por el manjar que estaba degustando quitando así su gran hambre, se divertía
dentro de ella, le dio tanto gusto conocer a ese rico y delicado clítoris que trataba
de esconderse tímidamente y reía por las cosquillas que la lengua de Alexandra le hacía.
-Dios!!!... sí!, sigue... sigue mi amor... ohhh!, Alexandra me vuelves loca!.. Ya, ya no
puedo más!!!... te amo, te adoro...
Alexandra sabiendo que su dulce Alein estaba a punto de llegar al extremo, metió uno de
sus dedos dentro de la caliente y mojada Alein, esta gritó por dolor y al mismo tiempo
por placer, Alexandra llevó sus labios a los de Alein, para así querer compartir lo que
sentía Alein en esos momentos, sus gemidos eran callados por los labios de la mujer de
ojos azules que seguía hundiendo su dedo en los confines de Alein, hasta que esta dejó
de gemir y de mover su cuerpo con frenesí, dejando totalmente claro que había subido a
la cima con éxito.
-Alexandra...- Decía Alein sin aliento. -... No tengo palabras... para explicaros... lo
que he sentido... solo... solo quiero que tú... lo sientas... también...
-Alein... no sabes como lo deseo... te amo.
-Y yo... quiero probar tu cuerpo... en este mismo instante.
Sin más se besaron furiosamente, comiéndose las bocas, Alein se puso encima de Alexandra,
sentándose en su centro y moviendo sus caderas para darle placer y para darse placer
ella misma, empezó chupando el cuello de la morena como un vampiro con sed, Alexandra
solo se dejaba hacer, disfrutando de las atenciones de su dulce amante, temblaba al
sentir el aliento cálido de Alein que estimulaba cada rincón de su cuerpo, Alein
recorrió con su boca los pechos duros de Alexandra la cual gritaba su nombre hasta el
cielo, quería que todos supieran quien era la única a la que quería entregarse para
siempre.
-Alein... por favor!... hazme tuya... Dios!!! Te necesito, te necesito ahora!
Alein siguiendo sus órdenes se deslizó hacia abajo, también deseaba probar el sabor de
Alexandra y siguiendo las enseñanzas de ésta, hundió su boca en la Marquesa que suspiró
fuerte y enarcó la espalda elegantemente, llevando sus brazos hacia atrás de su cabeza
y agarrando con fuerza su propio cabello para disfrutar por completo de las sensaciones
que Alein le obsequiaba, Alein empezó con suaves movimientos de su lengua alrededor del
abultado clítoris, Alexandra se movía al ritmo en que se movía la lengua de la rubia,
después con la punta de la lengua empezó a acariciar el ya más que sensible clítoris,
Alexandra estaba que no aguantaba más, gimiendo sin parar, moviéndose cada vez más
rápido.
-Entra amor!... entra en mí!...
Alein hizo caso e introdujo un dedo en Alexandra, esta como lo había hecho Alein gritó,
pero más con deseo que con dolor, a ella no le importaba el dolor, estaba feliz de que
fuera Alein la que le hiciera sentir eso, Alein introdujo otro dedo, entraba y salía
rápidamente, hasta que Alexandra no pudo más y su cuerpo se inundó con olas de placer.
-Alein!!!... mi amor... te amooo!!!
Ola tras ola recorrieron todo su ser, Alein subió y posó de nuevo todo su cuerpo en
Alexandra que mantenía sus ojos cerrados, pero que la abrazó apenas la sintió tan cerca,
Alein le rozaba sus labios con los dos dedos que antes habían hecho a Alexandra gritar
su nombre a todo pulmón, esta entre abrió los labios y Alein metió los dedos en ellos,
Alexandra abrió sus ojos al probar su propio sabor.
-Alein... teníais razón... tampoco puedo explicar lo que he sentido.
-Veis!... te lo dije, y te ha gustado?- Preguntó una sonriente Alein.
-No... me ha encantado.- Respondió Alexandra sonriendo radiante ante los ojos de Alein
que la miraban embobada.
-Te amo... ya te lo había dicho mi gran Marquesa?
-Solo como ummm... unas treinta veces.- Indicó Alexandra besando de nuevo a Alein.
-Oh... no es suficiente... tal vez si me hacéis sentir de nuevo esa cosa tan
maravillosa te pueda decir más de cien veces.
-Bueno... creo que no se pierde nada con intentarlo.
-Creo que no.
De nuevo sus bocas se unieron y sus cuerpos empezaron a reaccionar por sí solos, pero
un brusco ruido las interrumpió, separándose rápidamente y dejándolas con sus
respiraciones entre cortadas.
-Oísteis eso?- Preguntó Alein extrañada.
-Sí.- Indicó Alexandra igualmente extrañada. -Creo que mejor hecho un vistazo.
-Creo que ha sido afuera.
-Si... me fijaré... espera.
Alexandra no esperaba que algo pasase esa noche, cómo podría?... era más que perfecta.
Con su desnudes al aire llegó al balcón sin ser imprudente, miró hacia afuera sin
vacilar, sus ojos recorrieron cada espacio sin ver nada diferente, sus oídos se
agudizaron para percibir algo fuera de lo común, su cuerpo se tensó, sentía que algo
pasaba, no estaba muy segura pero lo sentía, se giró a Alein que la miraba expectante y
la más alta con su mirada le comunicó que algo pasaba, en eso se escucharon cascos de
caballos, Alexandra se giró para observar y sus ojos se abrieron al ver que varios
hombres se dirigían con rapidez a las puertas del Palacio.
-Alein!!!... deprisa... vistete!
-Pero... qué pasa?- Preguntó Alein preocupada saltando de la cama y buscando su ropa.
-No preguntéis, vamos... deprisa!
Alexandra hizo lo mismo, pero ella fue hasta su armario de ropa y sacó de él unos
pantalones y una sencilla camisa blanca y se los empezó a poner.
-Alexandra... vienen por nosotras?
-Sí Alein... eso me temo... vamos.
Alexandra se fue a un estante que había en la pared y cogió una afilada espada, después
agarró a Alein de una mano y las dos salieron espantadas de la habitación, corrieron
por los pasillos, escucharon cuando los hombres abrieron las puertas con ayuda de un
tronco y gritaban a las dos mujeres que salieran, los criados asustados empezaron a
salir de sus propias habitaciones, Alexandra al pasar les indicaba que entraran y no
salieran, se dirigirían rápido a las cocinas donde había una puerta trasera que daba al
bosque, allí se toparon con Jazmín que estaba muy asustada por los gritos de los hombres
y los de algunas criadas del palacio.
-Marquesa... qué pasa?
-Jazmín... toma a Alein, vayan por la puerta trasera y corred hasta el bosque.- Indicó
Alexandra desesperada.
-Alexandra pero que dices?- Indagó Alein. -... Yo no quiero ir a ningún lado sin vos...
-Alein tienes que ir... yo estaré bien, ve con Jazmín, las alcanzaré luego.
-Alexandra no... por favor... quiero estar contigo!
-No hay tiempo... ve... hazme caso Alein!... por favor!
-Ven mi niña... Alexandra estará bien...- Le propuso la anciana a Alein que no quería
dejar a su amada.
Alein hizo caso, pero antes de ir con Jazmín se aproximó a Alexandra y le dio un suave
beso en los labios, esta se lo devolvió con pasión y le indicó que siguiera a la gitana,
Alein la siguió entonces por la puerta hacia el bosque oscuro y tenebroso. Alexandra
quedó sola en la cocina esperando a los hombres para combatirlos, alcanzó la puerta de
la entrada y la cerró, se puso delante de ella y colocó su espada delante de sus
narices, escucho los pasos de los hombres aproximarse a ella, un fuego alcanzó su
cuerpo erguido y firme, el mismo ardor que entraba en ella cuando practicaba sola en el
bosque, o con algún noble que la retase. Tenía que enfrentarse a esos hombres, si no
seguirían detrás de ellas hasta cazarlas a las dos, podían llevársela a ella y matarla,
pero no a Alein.
Los hombres golpearon una y otra vez la puerta para poder abrirla, hasta que lo hicieron,
pero lo que no se esperaban era a la Marquesa esperándolos del otro lado con su cuerpo
en llamas y lista para darles una buena paliza, estos sin pensarlo se fueron a ella,
Alexandra daba estocadas con su espada, aunque eran bastantes, luchó con cada uno, no
pretendía hacérselos fácil, daba golpazos y rugía con furia, los hombres estaban
asombrados de la gran luchadora que era para ser una mujer noble, pero ellos tampoco
querían darse por vencidos, varios eran muy buenos con sus espadas, después de un buen
rato de enfrentamiento, Alexandra estaba cansada se le notaba en su rostro, pero pensaba
en su Alein y eso le llenaba de fuerzas de nuevo, su cuerpo sudaba, sus manos estaban
mojadas y tenían ampollas, algunos hombres estaban en el suelo inconscientes, otros
mareados gimiendo de dolor, era una gran lucha, quince contra una, nunca antes visto
por ninguno de aquellos hombres, muchos en sus adentros sentían admiración por esa mujer
poseedora de belleza y fiereza, los hombres también estaban fatigados, llevaban ya mucho
tiempo con sus espadas en alto, Alexandra no se rendía, pero en una de las tantas
estocadas que recibió de los hombres, su espada resbaló de sus manos, dejándola
desprotegida, los hombres al notarlo se abalanzaron a ella tirándola al piso totalmente
extenuada, recibiendo golpe tras golpe en todo su cuerpo, dos de los hombres le
sujetaron los brazos con fuerza y la alzaron para ponerla de pie, estaba débil y eso la
hacía odiarse por dentro, pero no podía más, su cuerpo no respondía.
-"Alein... perdóname... ya no puedo, no puedo...".
*****
-Debemos regresar!- Propuso Alein mientras caminaba junto a la gitana por el bosque.
-No mi noble niña, es mejor que sigamos.
-Pero... y si necesita ayuda?... si está en problemas?
-Alein, si nos cogen, no vas a poder ayudarla... mejor esperemos un poco.
-Tenéis razón.
-Vamos... se donde escondernos por un rato.
Jazmín guió a la joven Alein por un camino entre los árboles, parecía que se lo sabía
de memoria, caminaron por un buen rato hasta que toparon con un campamento lleno de
tiendas y fogatas a los alrededores, había mucha gente, mujeres con vestidos coloridos
y llenas de alhajas, reían y bailaban alrededor de las fogatas, los hombres que se
identificaban por su forma de vestir llamativa y nada elegante tocaban unos raros
tambores para dar sonido al ambiente festivo, algunas cabras y perros andaban sueltos
por ahí, algunos niños jugaban entre la gente grande, Alein decidió que le gustaba.
-Jazmín... esta gente es de los tuyos cierto?
-Sí mi niña... hace mucho que no vengo por acá.- Reveló la anciana mirando a su
alrededor al igual que Alein.
Unos niños pasaron corriendo por su lado sonriéndole a Alein y a la anciana, esta última
alzó al más pequeño de los niños y lo llevó consigo, Alein reía al ver al niño que no
pasaba de los tres años jugando con el cabello canoso y largo de la anciana.
-Jazmín?... eres tú?...- Una vos llegó de atrás, estas se volvieron para ver a un hombre
de avanzada edad que las miraba sonriente. -... Pero que gusto os da verte por aquí.
-Oh Danubian!...- Exclamó Jazmín a su amigo abrazándolo con fuerza. -A mí me da más
gusto verte viejo tonto!
-Y quién es este joven tan simpático?- Preguntó el hombre a su amiga.
Jazmín miró a Alein para asegurarse si debía decir que era mujer, Alein asintió para
indicar que no había problema.
-Bueno, en realidad es una linda joven amiga mía.
-Oh! Por favor hermosa joven... perdonad a este viejo tonto que os ha confundido.
-No hay problema Sire Danubian... confundo a la vista.
-Pero vengan, vengan... bienvenidas seáis a este humilde pueblo de gitanos... seguro
tienen hambre... llegaron a tiempo para la cena.
Alein y Jazmín siguieron al hombre entre la gente, el viejo les indicó que se sentaran
en el suelo frente a una gran fogata, a sus lados también habían personas sentadas y
charlaban alegremente, otras cantaban al son del tambor, Alein observó al otro lado de
la fogata a una mujer que estaba leyendo la mano a otra, la mujer se sintió observada,
levantó su vista a Alein y le sonrió, Alein le devolvió la sonrisa y su atención se
volvió a las personas que conversaban a su lado sin entender nada pues hablaban en un
idioma diferente. A Jazmín parecía que le encantaban lo niños, Alein la miró contando
una historia a varios niños sentados a su alrededor, se preguntó si esta extrañaría al
bebé que había perdido, y si en el fondo lo había querido.
-Quieres qué te lea la mano?
Alein fue sorprendida por la mujer que había visto antes, esta estaba de cuclillas
frente a ella y sonriéndole con gracia. Alein la estudió por un momento, era una mujer
muy joven, tal vez como Alein y muy hermosa, sus ojos eran verdes como los de ella, y
su cabello era negro, muy largo y ondulado, parecía agradable.
-Oh bueno... me has sorprendido.- Apuntó Alein mirándola a los ojos.
-Jaja... perdona, no fue mi intención.
-No importa.
-Mi nombre es Areli.- La joven le estrechó la mano a Alein y después se sentó en el
suelo.
-Mucho gusto Areli... el mío es...
-No, déjame adivinar... umm, tienes cara de... Pierre.
-Umm nop... es...
-No espera...- Areli miraba a Alein muy cerca y con su cara pensativa. -... Ya sé!...
Osmanli.
-Osmanli?... jajaja... tengo cara de Osmanli?
-No?...- Matizó Areli defraudada. -Parece que hoy no es mi día... nunca fallo, es raro.
-Bueno, tal vez la explicación sea que... no soy hombre.
-Qué?- La otra joven se le quedó mirando extrañada. -No eres un hombre?
-No... mi nombre es Alein.
-Oh!- Areli pareció desilusionada. -... Siento haberte confundido, pero con esa ropa y
tu cabello.
-Lo sé... es un larga historia.
-Bueno... te había preguntado antes si querías que te leyera la mano, queréis?
-Claro!
Ya más contenta, Areli se hizo a la tarea de leer el futuro a Alein, cogió la mano de
ésta y la empezó a estudiar con el roce de sus dedos, Alein la miraba atenta, la joven
de cabello largo hacía muecas graciosas, Alein le pareció divertida.
-Qué ves?- Preguntó Alein a la otra joven.
-Pues... veo que vais a pasar por muchas cosas... duras, pero no estáis sola...
Alein la observaba interesada.
-... Vais a tener una larga vida... pero tu decides si queréis vivirla con la persona
que amas o no...- La joven la miró entonces a los ojos. -... Alein... tu amor está en
problemas... te necesita ahora... te esta... llamando.
Alein estaba impactada por esas palabras, acaso será cierto?, estará diciendo la verdad
o solo juega?
-Qué... qué estáis diciendo?...
-No lo sé... solo lo veo... hay alguien que te necesita.
-Estáis segura?
-Sí.- Areli agarró la mano y la estrechó entre las suyas, cerró sus ojos un momento y
después se volvió de nuevo a Alein. -Si estoy segura.
Alein sin pensarlo dos veces se puso de pie y caminó hacia Jazmín que jugaba con varios
niños.
-Jazmín debo irme... Alexandra está en problemas.
-Como lo sabéis?- Dijo la anciana poniéndose de pie.
-Yo se lo dije.- Apuntó la otra chica llegando junto a ellas. -... Lo he visto en su
mano.
-Estáis segura?- Preguntó la anciana a Areli.
-Sí... lo presiento, es muy fuerte.
-Me tengo que ir.- Planteó Alein.
-Mi niña ya estoy muy vieja... quiero quedarme y morir entre mis raíces... Alexandra lo
entenderá.
-Entiendo Jazmín... gracias por todo.- Alein le dio un fuerte abrazo a la anciana y
luego se dirigió a la chica. -Gracias.
-No es nada... ve por tu amor Alein.
Sin más se fue de allí corriendo seguida por las miradas de la gente y de las dos
mujeres junto al fuego.
-Aquí están!!!, dos suculentos caldos de gallina y queso de cabra.- Indicó Danubian
llegando con la comida de la anciana y de Alein. -Um... dónde está la linda joven?
-Siguiendo a su destino hombre... siguiendo al amor.
La vieja gitana cogió su caldo y se sentó junto a la chica llamada Areli que había
cogido la otra taza con caldo.
-Queréis oír una historia mi niña?
-Claro!- Exclamó la chica.
-Esto pasó hace poco... poco tiempo, cuando la mitad del corazón de una gran joven
noble parecía haber muerto... pero lo que no sabía, era que esa mitad estaba escondida
en una joven y hermosa plebeya...
*****
-Majestad!... traemos a la Marquesa.
-Oh! bravo! bravo!!... Y qué pasó con su pequeña plebeya?
-Bueno majestad... no pudimos dar con ella...
-No importa, no importa... Haced pasar a la Marquesa ante mí.
El rey estaba entusiasmado, al fin tenía lo que había deseado con ansias y la iba a
hacer pagar por toda la frustración que sentía y por haberle dado la espalda.
Alexandra fue llevada por dos oficiales ante el rey, estaba con su cara llena de golpes
y su boca rota, su cuerpo le dolía, pensó que debía tener varias costillas rotas, tenía
manchas de sangre en su ropa. Pero estaba consiente a lo que iba, ahora no podía luchar
con su cuerpo, pero si con su mente.
-Pero que tenemos aquí?... si es la gran y amada Marquesa!- Informaba el rey acercándose
a Alexandra que no decía nada pero con su cabeza bien en alto. -... Marquesa has dado
mucha lucha eh?
El rey pasó uno de sus dedos por los labios de Alexandra y limpió con fuerza la sangre
que brotaba, Alexandra hizo una mueca de dolor y trató de alejarse del rey, este le
sostuvo la cabeza con fuerza y la besó bruscamente, después se apartó un poco y la jaló
de sus cabellos hacía atrás.
-Ahora si vas a desear no haberme dado la espalda Marquesa... os di mucho tiempo para
que lo pensarais... por eso tuvimos que ir por la fuerza...- El rey tiró de ella y se
alejó sonriendo y chupando su dedo con la sangre de Alexandra, esta lo miraba con
repulsión como siempre lo hubiera hecho. -... Sabéis que has cometido algo muy grave
Marquesa... digamos que habéis traicionado a la sociedad burguesa apoyando a un grupo
revolucionario que esta en contra de nuestro régimen... Qué tienes que decir ante esto?
Alexandra permanecía en silencio, ya estaba harta de ese hombre responsable de millones
y millones de muertes... sabía que debía ser sumisa, no quería echar a perder nada, ya
pronto los mismos de su gremio se ocuparían de él.
-Alexandra...- El rey llegó a su lado de nuevo. -... Te doy la última oportunidad de
unirte a mí... te daré lo que me pidáis, lo que quieras.- El rey la miraba esperanzado.
-Luis... eres una repugnante rata... nunca tendréis de mí nada... entiendes?... nada!!!-
Y sin otra cosa le escupió en la cara.
-Bien...- Continuó el rey apartándose de Alexandra limpiándose la cara lleno de ira. -...
Creo que no tenéis nada que decir a tu favor... entonces sin más por ahora Marquesa...
te condeno a vivir una semana en la Bastilla... haber si cambias de opinión, si no...
tendré que matarte... Llevadla a la bastilla...- Señaló a sus dos oficiales. -... Y que
le den una buena paliza... una muy buena.
Los dos hombres se la llevaron de allí hacía la Bastilla, Alexandra en esos momentos
solo pensaba y deseaba que Alein estuviese bien, para ella eso era lo más importante.
-"Alein... en donde quiera que estés, te amo... ya pronto todo terminará, pronto seremos
libres mi amor... pronto."
*****
Una joven rubia, de cuerpo delgado y pequeño corría con destreza por el bosque lóbrego
sin detenerse, su respiración agitada daba paso entre el follaje, atrás quedaban solo
sus huellas y su miedo, un búho se atravesó por su camino, pero Alein no le dio
importancia alguna, los largos brazos de los señores árboles parecían querer agarrarla
y hacerla suya. Un tronco caído quiso hacerla caer, pero Alein pudo equilibrarse sin
dejar que el bosque se riera de ella. Pronto a su vista apareció el gran Palacio, se
detuvo un momento a coger un poco de aire y continúo corriendo rodeando el palacio
hasta la entrada, las puertas estaban abiertas, entró con cautela por si todavía había
algún oficial dentro, pero no vio a nadie, entonces hizo sus pasos más rápidos por los
pasillos hacia las habitaciones, llegó a la habitación de Dominique y abrió las puertas
sin esperar, este estaba acostado pero despierto.
-Dominique!... gracias a Dios nada te hicieron.
-No hija... estoy bien, pensé que te habían llevado a ti también.
-No estoy bien... o sea qué a Alexandra la capturaron?
-Eso me temo... uno de los criados me dijo que Alexandra luchó por horas con los hombres,
pero al final no pudo más y se la llevaron.
-Oh Dios!... tengo que ir a ayudarle.
-Mi niña no podéis hacer mucho... seguramente la tiene el rey.
-Lo sé... pero no debo dejarla... no ahora.
-Ten cuidado Alein.
-Lo tendré Dominique.
Alein salió de la habitación rumbo a los establos del palacio, cuando llegó escogió a
uno de los caballos, le puso rápido los implementos y montó en él, solo una vez en su
vida había montado a caballo, pero de inmediato recordó como hacerlo y pronto partió a
París.
Cabalgó hasta llegar a la ciudad, pasó a gran velocidad por la Rue aux Fers y por el
Cimetière des Innocents. Rumbo al Pavillon de Flore, cerca de allí paró al caballo que
jadeaba hondo, se bajó de este y lo amarró a una percha.
-Bien... estoy lista.
Alein se encaminó a la entrada del Pavillon donde pensaba estaba Alexandra, pero un
sonido la distrajo y la hizo parar, se giró adonde pensó provenía.
-Psss... psss...!
Alein miró entonces convencida de que allí había alguien, se acercó despacio hasta que
una cabeza se asomó asustándola.
-Pero que...!
-Franco!... eres tú?
-Nicolás?
-Sí... Franco, gracias a Dios te encuentro.
-Nicolás que gusto verte amigo.
Nicolás salió de su escondite y abrazó a Alein efusivamente, esta estaba feliz de ver a
su amigo bien.
-Franco... no vas a creerlo, vi a tu Marquesa.
-Visteis a Alexandra?... dónde?
-Aquí.- Nicolás señaló el gran Pavillon.
-Entonces está allí?
-Estaba.
-Estaba?
-Sí... se la han llevado unos oficiales, escuche que a la Bastilla.
-Oh cielos!... Nicolás debo ir a ayudarla.
-Lo sé... sabía que ibais a venir, por eso te he esperado... te voy a ayudar.
-Oh amigo... seguro lo menos que queréis ver ahora es a esa sucia Bastilla.
-Tranquilo... se quien puede ayudarnos... el mismo que me ayudó a mí a escapar... sabes?...
me dijo que había sido la Marquesa Alexandra... ahora quiero ayudarla.
-Sí... pero vamos, no perdamos tiempo.
-Bien vamos.
Alein y Nicolás se montaron en el caballo y cabalgaron hasta llegar al Quatre Dauphins,
la taberna donde antes Mari la madre de Alein había trabajado. Nicolás le había dicho a
Alein que allí se encontraba el hombre que lo había sacado, entonces los dos se
metieron a la taberna, dentro estaba llena de gente, prostitutas y borrachos peleando y
lanzando botellas, Alein y Nicolás casi no podían caminar, buscaban con sus miradas al
amigo de Alexandra.
-Mira!... allí esta.- Indicó Nicolás.
-Vamos.
Al fin pudieron dar con él, este estaba sentado con otros oficiales de la temible cárcel,
todos bebían y cantaban totalmente desafinados pero alegres, Alein y Nicolás se
pusieron al frente suyo, el hombre los miró irritado.
-No tengo limosnas... que no ven que soy tan pobre como vosotros?
-No buscamos limosnas monsieur... lo buscamos a usted.- Se adelantó a decir Nicolás.
El hombre que estaba medio borracho lo miró más concentrado.
-Oh, eres el chico de la Bastilla... pero qué ya no te ayude?... déjame en paz queréis?
-Monsieur... por favor... necesitamos de su ayuda, se trata de la Marquesa...- Dijo Alein
al hombre.
-No les creo... váyanse antes de que yo mismo los eche.
-Es verdad... esta en problemas... el rey la a metido a la Bastilla... debemos de
sacarla.
El hombre que no creía en ellos, se levantó furioso tambaleándose un poco.
-He dicho que os larguéis!!!... acaso estáis sordos?... largo!!!
Alein con gran valentía se acercó más al hombre y lo miró a los ojos sin titubear.
-Monsieur... se trata de Alexandra... de su amiga... no de una persona sin importancia...
ella os aprecia mucho... tanto que ha depositado su confianza en usted para salvar a uno
de sus protegidos.- Alein miró a Nicolás al igual que el hombre y el joven pelirrojo
sonrió orgulloso. -... Vos la conocéis... tanto como para saber que si no la ayudáis...
te hará recordarlo por el resto de tu vida.
El hombre al escuchar eso trago duro, se quedó un momento mirándolos, agarró una de las
botellas y la bebió por completo.
-Si me agarran... prefiero que lo hagan cuando esté inconsciente... está bien!... vamos...
todo sea por vuestra Marquesa.
Salieron los tres de la taberna, Alein agarró al caballo de las riendas y lo llevó con
ellos hasta la orilla del Sena, varios botes de remos estaban estancados en la orilla,
Alein amarró al caballo en un poste y después se fue tras los otros que estaban
montándose en uno de los botes. Remaron hasta la otra orilla donde estaba la Batilla
con todo su espanto, pronto tomaron una ruta diferente a la entrada, entre los
matorrales un túnel se abría ante ellos, Nicolás sabía que existía pues por allí el
hombre lo había sacado, se adentraron en él, la noche estaba callada, solo el recorrer
del agua se escuchaba como eco por las paredes del túnel.
-Esto nos llevará a uno de los pasillos que van a las celdas... tengan cuidado que
ningún guardia os vea... si no, estaremos fritos.- Informo el hombre mayor.
Estaban cerca... muy cerca, Alein lo sentía.
-"Pronto Alexandra... pronto estaréis fuera de nuevo".
*****
Alexandra estaba sentada en la cama de piedra dentro de la celda, sus ojos estaban
cerrados, solo pensaba en una persona, su esperanza y su existencia.
Alguno que otro guarda pasaba por allí para reírse en su cara e insultarla, para
recordarle que no estaba salvada de esa ya más que sabida golpiza, pensaban que se lo
merecía por ser parte de la burguesía, para ellos, ver allí encerrado a un noble era
algo satisfactorio y querían que lo recordasen por siempre.
Ahora estaba sola, en ese cuarto frío y sucio, donde las ratas y cucarachas parecían
ser parte del ambiente y el olor putrefacto rondaba por cada uno de los calabozos.
Mientras tanto en otro lado de la ciudad.
-... Quiénes harán la justicia!!!
-Nosotros!!!
-... Ahora, lo único que debemos hacer es asustar a su Majestad... que todos se den
cuenta... y que se nos unan... vamos a ser una sola persona, y esa persona va a hacer
ver la diferencia... quiénes están conmigo?
-Nosotros!!!
-El tiempo a llegado... el inicio del final os espera allá afuera... hagámoslo ver...,
hagámoselo ver a vuestro rey... a esa rata del rey... es la hora de actuar... esto es
historia!!!... es el inicio de la revolución, el inicio de la verdad.
-Si!!!
-Manos a la obra!!!
Alexandra estaba muy pensativa y de pronto como si fuera natural para ella sonrió ante
la oscuridad, sintiéndose de repente completa, su corazón empezó a retumbar sin control.
-Alein.
*****
-Ya casi hemos llegado... tengan cuidado.
El hombre mayor señalaba con su mano por donde tenían que ir, Alein y Nicolás lo
seguían de cerca. De pronto un guarda que seguía el mismo camino estaba a punto de
pasar por allí, el hombre mayor pensó rápido e indicó a Alein y a Nicolás que se
agacharan, este los tapó con su cuerpo e hizo un saludo de oficial cuando el guarda se
acercó y lo vio, también hizo el saludo y siguió su camino.
-Uf!... estuvo cerca.- Indicó Nicolás.
Siguieron hasta dar con una de las celdas, allí estaba Alexandra sentada con sus ojos
cerrados.
-Los estaba esperando.- Reveló Alexandra aun con sus ojos cerrados mientras su amigo
sacaba unas llaves y abría la celda.
-Perdonadme Marquesa... tuvimos unos pequeños contratiempos.
-Alexandra!!!... ups... lo siento.- Se disculpó Alein cuando todos la callaron con los
ojos.
Esta llegó a donde su amada Marquesa y la estrecho en un gran abrazo mientras era
correspondida. Alexandra la miró sonriendo al igual que lo hacía Alein y unió sus
labios a los de la chica rubia sin importarle la presencia de los otros.
-Por Dios!... qué te han hecho?- Le preguntó Alein a Alexandra percatándose de las
heridas.
-Debemos irnos.- Informó el hombre mayor si dejar a Alexandra explicar.
-Solo os doy gracias por venir antes de que me dieran otra paliza.
Alein y Nicolás ayudaron a Alexandra a levantarse y a caminar. Los cuatro salieron en
silencio de la celda, moviéndose rápido por los pasillos, Alexandra en cada movimiento
arrugaba su cara de dolor pero no se quejaba, pronto tendría tiempo para hacerlo, ahora
no.
Sin ser descubiertos pudieron llegar al túnel, se adentraron en él y caminaron hasta la
salida del mismo, un bote de remo, el mismo que antes habían cogido los estaba
esperando, remaron de regreso y ayudaron a Alexandra a bajarse de él, después a subirse
al caballo.
Todo había salido perfecto.
-Melvil... gracias amigo.- Agradeció Alexandra al hombre.
-Oh... no fue nada Alexandra.
-Claro que lo fue, has arriesgado tu pellejo por mí dos veces... estoy sumamente
agradecida.- Alexandra estrechó a su amigo con un sincero abrazo. -Ahora debemos irnos...
pronto descubrirán que no estoy.
Así Nicolás y Alein se despidieron del hombre que tomó otro rumbo. Alein iba caminando
junto a su amigo, Alexandra iba atrás en el caballo. Pronto llegaron a la casa de Alein.
-Hija!!!... por Dios!- Mari abrazó a su hija apenas esta tocó la puerta mirándola con
sorpresa.
-Mamá... estoy bien... tranquila.
-Hija?- Recalcó Nicolás extrañado.
Alexandra desde el caballo lo miró y le sonrió, palpando uno de sus hombros.
-Por favor... pasen, pasen...- Propuso Mari.
Alein y Nicolás ayudaron a Alexandra a bajar del caballo y la llevaron dentro de la
casa.
-La hermana de Alein, Anabella la abrazó de inmediato, la joven rubia entró a la casa
casi dejando caer a Alexandra.
-Alein!!!... Pero que te habíais hecho hermana?... mamá y yo estábamos muy preocupadas...
Oh vaya, al fin traéis al amor de tus sueños.- Le indicó Anabella en el oído de su
hermana y dándole un golpecito con el hombre. Alein solo la calló con su mirada verde
azulada poniéndose roja.
-Pero no recibieron la carta?- Preguntó Alexandra.
-Sí.- Dijo Mari. -... Pero aún así, somos su familia... es natural que estuviéramos
preocupadas Marquesa... aunque estuviera con voz.
-Descuida mamá... Alexandra me cuido todo este tiempo.
Mientras Nicolás no entendía nada de nada, ni mucho menos de porqué se referían a
Franco como si fuera una mujer.
-Alein, recuesta a la Marquesa en tu cama, voy por una pomada, alcohol y paños limpios.-
Señaló Mari.
-Franco?- Dijo Nicolás acercándose a donde estaba Alein junto a Alexandra recostada en
la cama. -... No entiendo por que os llaman como si fuerais mujer.
-Nicolás... es que soy una mujer.- Le dijo Alein a su amigo que la miraba confundido. -...
Perdona que te haya engañado... tuve que hacerlo... yo...
-Descuida... entiendo, soy tu amigo no?, eso no importa.
-Oh Nicolás... gracias.
-No hay de que... además ya me lo imaginaba.
-En serio?
-Sí... tú sabes, hacéis cosas que los hombres no hacen... más bien pensé que erais...
umm...
-Oh! bueno...
-Aquí tienes querida.
Mari le dio a Alein las cosas que había traído, les indicó que iba a hacerles algo para
que comieran, beso con cariño a su hija y le dio las gracias a Alexandra por haber
cuidado de ella, y al fin se fue junto con Nicolás y Anabella que le guiñaba a cada
rato el ojo a su hermana, dejaron a Alein a solas junto a Alexandra para que curara las
heridas de esta.
-Ven aquí.- Le indicó Alexandra a Alein abriendo sus adoloridos brazos a la joven.
Alein dejó de poner pomada en una de las heridas de Alexandra y se acercó a ella para
ser recibida por unos labios cálidos y unos brazos tiernos.
-Te extrañé Alein.
-Y yo a ti Marquesa.
-Ahora somos libres Alein... Pronto va a suceder lo mejor que a este país le pudo
suceder jamás... los sufrimientos se acabaron mi vida... ahora los niños no lloraran más.
-Te amo Alexandra.
-Te amo Alein.
*****
-... Digo que tomemos el Palacio de las Tullerías.
-Yo digo que primero el Pavillon de Flore... allí esta el rey.
-Por qué no tomamos la Bastilla?... ya saben, es el símbolo del absolutismo y la
crueldad.
-Sí... Alphonse tiene razón... él sabe donde hay un túnel y todo... por allí escapó.
-Laure... cierra la boca!
-Oh... bueno... solo si vos queréis... digo...
*****
-Majestad... un grupo de nobles os desea ver... dicen, dicen que si os rehusáis...
entrarán por la fuerza.
-Que no veis que estoy ocupado?... maldición!!!... acaso no pueden ir a molestar a un
idiota de ellos mismos?... soy el rey merde!!!... hago lo qué me plazca!!!... lo qué me
de la puta gana!!!
-Quiere... quiere qué le traiga otra botella Majestad?
*****
-Y qué pasó después Jazmín?
-Sí dinos Jazmín qué pasó?
-Bueno niños... al final el miedo y el odio fueron vencidos... por el más bello
sentimiento de todos... el que vivió siempre, por siempre y para siempre... el amor.
*****
Cuarenta años después.
El calor del día se extendía por la orilla del grandioso Sena, los vientos costeros
revoloteaban por el vestido blanco y delicado de una bella y madura rubia de ojos
esmeralda y de esperanza firme que de pie junto al agua se inundaba de la paz
interminable, los pescadores se empuñaban con la tarea de soltar a los peses de las
redes, mientras sus esposas andaban con sus hijos paseándose por los alrededores,
nobles con espadas saludaban a plebeyos burdos, mujeres ricas conversaban amenamente
con mujeres sencillas, los agricultores llegaban a sus casas con bolsas llenas de grano...
es acaso otro lugar?... no... es París, el París soñado.
Otra mujer muy alta vestida elegantemente y mirada de cristal, observaba a la más baja
muy cerca, la estaba esperando pacientemente, como si lo hubiera hecho siempre, rodeada
de candor y una bruma de tranquilidad.
-Padre... cómo estáis?... hace tanto que no te hablo... si vieras como ha cambiado todo,
somos libres... libres como lo eres tú... pronto lo seremos más, ahora hay otro rey,
pero todavía hay mucha gente luchando por la injusticia, perece de nunca acabar, pero
la esperanza vive por siempre... Sabéis quién hizo esto posible?... si la hubierais
conocido...- Decía al agua quien escuchaba atenta sus palabras. -... Te hubiera gustado...
Sabes?... a que no adivinas... Anabella conoció a un buen mozo, se casaron... soy tía
de dos hombrecitos y dos mujercitas, es muy feliz padre... madre también lo estaba, pero
murió hace poco, seguro esta ahora a tu lado escuchándome también... ah!... te acuerdas
de mi amigo Nicolás?... el qué te había contado antes?... pues quien lo hubiera
imaginado, el hombre se convirtió en un gran general y lucha por la justicia y la
libertad del país... además tiene tres hijos... y son igualitos a él... vive con su
padre, aquel que una vez ayudé, ahora están mucho mejor...- Alein sonreía mientras
hablaba. -... Dominique, el fiel amigo de Alexandra... hace varios años que murió...-
Alein sonrió triste, recordando a su amigo. -... Pero vivió muchos años felices junto a
nosotras, quisimos darle eso como regalo por su bondad, fidelidad y su amor hacia
nosotras... Tu querido amigo, el padre Jean... sabes?, él también murió, pero siempre
ayudó a los más necesitados, toda su vida lo hizo... fue un hombre muy bueno... También
te hablé de Laure, recuerdas?... aquella chica que una vez conocí, pensé que era mi
amiga, y ya vez... nunca se termina de conocer a las personas, de ella no se mucho,
pero supe que había participado junto a Alphonse en varias revueltas, ja!... esos dos,
hechos el uno para el otro...- Alein miró hacía el cielo y suspiró profundamente. -...
Existieron grandes personas que tu pudisteis conocer padre, y algunas no... pero al
final todas vivieron y viven en este lugar, y todos al final deseamos lo mismo.
-Amor?... estáis lista?
-Sí.
Las dos mujeres se dirigieron a un hermoso carruaje que las esperaba y juntas se
adentraron en él.
-A dónde dices que vamos?- Preguntó la mujer rubia.
-América...- Indicó Alexandra, Marquesa de Versalles tomando de la mano a Alein. -Veremos
que historias nos esperan por allí.
-Suena interesante para un par de viejas como nosotras.
-Lo es... ya lo verás.
FIN
"No podemos imaginarnos el gran universo de invenciones, cuentos y sueños que tenemos
dentro de nuestra mente, hasta que no se escribe."
Andre Love.
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