MUERTECITA

Autora: Lady Bardo

Segunda parte

"Esta bien" sonrio confiada Eve. Hércules le respondio el gesto con otra sonrisita. En cuanto Eve se durmio, Hércules pasó una mano sobre sus parpados y la joven mujer quedó sumergida en un mas profundo sueño. Entonces este aprovechó, y abriendo levemente su boca, se cortó en la mano haciendo caer algunas gotas de su sangre sobre un trozo de ambrosía, que luego dio a Eve. Entonces el hombre transformó su físico. Se convirtio, o quizás reconvirtio, en Ares. Su sangre junto a la ambrosia, harían que la transformación a diosa de Eve, fuera mucho mas violenta, de alguna forma, tendría dentro de ella parte del espíritu pérfido y diabólico de la guerra. Pero al igual que la sangre, la ambrosía que le había dado junto a su sangre desaparecería, por lo que en menos de dos dias debería darle su propio trozo de ambrosía libre de cualquier sangre y entonces el cambio podría ser eterno.
Observó el campamento. Silencioso. Tan solo el crepitar de las llamas interrumpía el silencio que quedaba entre ronquido y ronquido de Joxer. Aparte del torpe ¿guerrero? estaban Gabrielle e Iolaus. A Eve no la incluía en aquuel grupo, pues en breves instantes, todo su cuerpo sentiría la fuerza de la ambrosía. Pero tenía un pequeño dilema en su interior: ¿dejaba alli a Hércules? ¿Le devolvía entre sus mantas? En verdad, matarle en ese instante le supondría poca diversión y sin embargo si le dejaba vivir, sufriría junto a los demás la transformación de Eve también, y acabar con ellos no sería tan extremadamente fácil. ¿Acabar con ellos? ¿Hasta que punto estaria dispuesto? ¿Quería matarlos? No podría, ¿o si? Dependía de a cual de ellos, ¿no?

"Maldita mente, ¡decídete! ¿Bueno o malo? ¡Qué me da igual, pero decide!" se gritó a si mismo, sin darse cuenta de que quizás los demás tendrían oídos y les funcionarían. Como a Iolaus. Sobresaltado se despertó; abrió los ojos y miró a su alrededor. Ares pegó un salto cayendo de plancha sobre el suelo, justo a tiempo de hacer aparecer unas sábanas bajo él, lo cual no disminuyó demasiado el dolor del choque, pero sirvió para que Iolaus ni se percatara de sus movimientos. El guerrero fue mirando uno por uno a todos lo que se enconrtaban allí, hasta llegar a las sábanas mas alejadas de la hoguera, las de Hércules que estaban vacías. Supuso que se había despertado a hacer pis, o cualquier otra urgencia. Además estaba demasiado dormido como para pensar una teoría algo mas complicada.

Al tiempo que Iolaus se dormía plácidamente, Ares, hizo volver al cuerpo incosnciente de Hércules, depositándolo entre las sábanas. Mientras cerraba los ojos no sabía que su mente haciéndole caso, iba a aclarar de que lado se encontraba.


Xena se encontraba en una cueva húmeda y fría, cuya temperatura seguramente no superaría los 10º bajo cero. Estaba acurucada, pegada a una de las paredes, con las piernas recogidas en posición fetal. Temblaba como un niño pequeño y se tambaleaba incosncientemente. Estaba demasiado sumergida en sus pensamientos y preocupaciones, como para ser consciente de nada más. Ni si quiera el incesante gorgoteo de un pequeño riachuelo formado en la pared, la sacaba de su ensimismamiento. De algun modo, cada vez que una de las gotas caia sobre el suelo, ¡Plop!, estaba marcando el ritmo de sus acelerados pensamientos, plop-plop-plop-plop-plop.


Casi antes de que el sol los acompañara con su luz y candor, todos estaban ya en pie recogiendo el campamento. No hablaban entre sí, y apenas se dirigían miradas, las cuales, sino eran serias, eran muy serias. Ares era el primero en observar a todos. Sintió un escalofrío de emoción, al comprobar que mirándolos a todos, no sentía pena porque les puediera ocurrir algo. En verdad, esperaba con ansia que sus cuerpos acabasen siendo vaina de varias espadas de su ejército. Observó a Eve. Estaba tardando en mostrar su naturaleza guerrera, acrecentada por la ambrosía. Volvió a mirar a todos, y el ambiente que había a pesar de la cantidad de personas que eran. Si todos iban a morir, pensó, ¿qué más daba darle al ambiente un poco de emoción y tensión? Miró a Hércules, y dijo:

"¿Cuál es el plan? ¿Sabes?, deseo encontrar a Xena mas que nadie, la amo, y no me perdonaría que la ocurriera nada" Hércules notó como la sangre le hervía. Sabía que eran pareja y que él no podía hacer nada, pero aun así, no podía soportarlo. Y encima él se lo recordaba. "Pero no me parece lógico comenzar a andar sin ningun fín, solo por andar" insistió Ares, viendo que sus palabras conseguían el efecto deseado. Hércules respiró hondo y pensó la respuesta.

"Se que quien este detrás de esto ha de estar loco, pero no tanto como para dejar a su ejército volver a sus raíces, seguramente, cada uno habrá marchado para un lugar distinto, pero apuesto lo que quieras a que ya mismo estan todos reunidos. Propongo seguir a quien los dirigía" resumió. Ares no sabía si reír o darle el pésame. No había acertado ni lo mas mínimo. El ejército se había disuelto, para siempre o no, a él le daba igual, teniendo a Xena y Eve como aliadas, serían mas poderosos que todos los humanos unidos.

"No me parece un plan muy útil".

"¿Qué?" preguntó Hércules, que no esperaba una refutación.

"Que no tiene ni pies ni cabeza. Algunos marcharon tan rápidamente y a lugares tan equidistantes, que dudo muchísimo que se hayan reunido, además la llamaron a Eve su Princesa Guerrera, ¿crees qué se atreverían a infringir su orden?"

"¿Entonces qué propones?" preguntó Iolaus, evitando que contestase Hércules, pues su humor estaba caldeado.

"Solo he explicado el por qué ese plan no sirve. Eso no significa que tenga otro en mente".

"Pues entonces propongo que hagamos caso a Hércules" susurró Gabrielle en un tono realmente bajo. Si bien su carácter no era solo simpático y alegre, sino cariñoso y amable, parecía que su interior se tratara de una llama a la que tras la desaparición de Xena la hubieran vertido un cubo de agua mas fría que el hielo. Al oírla, todos notaron como su ánimo descendía notablemente hacia la tristeza, pero solo Iolaus intentó consolarla. La rodeó por la cintura.

"¡Vosotros dos!" gritó Eve añadiendo una sorpresa más a la conversación "¡Joder, da asco veros! Aparte de lo melindrosos que estáis, sois mas pegajosos que la miel. Amaros si os apetece, pero no nos lo estéis demostrando a cada momento" se quejó.

"Eve" la llamó la atención Gabrielle sorprendida.

"¿Qué?" contestó retadora. Ares no pudo evitar una sonrisa. Ahí estaba Livia, su Livia, su Princesa Guerrera "¿Te parece mal que diga lo que pienso?"

Gabrielle no sabía que responder. Estaba mosqueada. Todos lamentaban su situación, pero nadie arremetía contra nadie por ello, y menos en un plano tan emocional. Iolaus la abrazó un poco más fuerte, intentando calmarla, mientras le susurraba en el oido: "Creo que también es una diosa. No le contestes, deja que se calme, para que no huya como Xena".

"¡¡Otra vez!! ¡Ahora susurros! Pareceis dos babosas. ¡Babosas humanas!" gritilló, lanzando una bola de poder del tamaño de una mano. Dió a Gabrielle en todo el pecho, propulsando apenas unos centímetros hacia atras a la pareja. Entre los brazos de Iolaus, Gabrielle se deslizó hasta el suelo tumbándose por el dolor.

"¡¡EVE!!" gritó Hércules, lanzándose sobre ella.

"Déjame en paz"" siseó malignamente, parando su vuelo, con otra bola de poder. Acertó en todo su rostro. Para cuando pudo ponerse en pie, apenas sabía con exactitud donde se encontraba, y tampoco podía ver.
Para mayor confusión, Ares llevó a cabo otra parte más de su plan. Recitó de nuevo las palabras que le volverían invisible al tiempo que nadie podría acordarse de él. Tenía otras cosas que hacer.


Plop.
Xena había cambiado su postura. Se encontraba simplemente sentada, apoyada aun en una de las paredes, con la cabeza echada hacia atrás. En su interior, como si cupiesen romanos y musulmanes, parecía que ambos ejércitos estuvieran organizando la batalla del siglo. Y dolía. Pero no podía más que llorar silenciosa, esperando a que aquello pasase, porque tenía que pasar.
Y justo, pensando eso, en aquel instante, una de las gotas, plop, calló sobre su frente. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo, mientras notaba un incómodo frío, mayor del que hasta entonces había tenido en aquella quejumbrosa y calada cueva. Pero con solo desearlo, cerró los ojos y todo su cuerpo, alcanzó la temperatura que deseaba. Con tan solo desearlo había calentado su cuerpo, pensó, ¡Aquello era magía! Y la había hecho ella. ¡¡Era una diosa!!
Durante solo un segundo se odió a si misma, antes de comenzar a gritar.


Se encontraba en el trono, sentado y apoyando su cabeza sobre su hombro. Junto a él, sentada en el reposabrazos, se enconrtaba Sauba. Notaba su desquiciante mirada en su cuello y eso le irritaba, pero intentó figurar que ni la sentía. Tenía que pensar cuanto tiempo sería el adecuado.

"Ares".

"¿Qué?" preguntó, girando el rostro lentamente. ¡Le tenía harto!

"¿No tendrías que ir ya?"

"Eres la oráculo, ¡Dímelo tu!"

"¿Qué te hace pensar que me apetece oír sarcasmos?"

"¿Y a tí que te hace pensar que me apetece oírte?"

"El hecho de que aun me tienes aquí" siseó mirándole sonriente, como si aquello hubiese sido una victoria. Miró sus manos y dijo "Lo pre-siento, este es el momento".

"Prepara todo. La hoguera, las hierbas y que no se te escape ningún detalle".

"Es un ritual muy complicado, no tiene por qué salir todo perfecto" siseó, recibiendo su furiosa mirada "Lo digo en serio, es complicado y alguien podría salir herido".

"Pues asegúrate de que esa persona no sea Xena, o sino lo que le ocurra, también te pasará a ti".

"No es justo. Además, ¿por qué ella? ¡Convertirla en la diosa de los dioses! Ni se lo merece". EL dios estaba a punto de hacerla volar por los aires, porque la sangre le hervia como pocas veces, pero en vez de descargar su furia, tomó otra medida.

"¿No te parece digna del cargo?" preguntó mirándola a los ojos "¿Entonces, a quién preferirias? ¿A ti?" musitó acercándose a ella.

"Quizas..." contestó en tono meloso..

"Pues ni te lo pienses" contestó él seco, devolviendola con un golpe duro a la realidad "Cuando venga con ella, has de tenerlo todo listo, ¿alguna duda?"

"Ninguna, mi dios" farfulló molesta.


Todo el campamento, aun sucumbiendo a las palabras de Ares, para que no se dieran cuenta de su falta, estaba consternado. Eran de nuevvo uno menos a como habían empezado el dia: Eve, como hiciera su madre, había desaparecido cual diosa. Parecía la viva reencarnación de Livia, solo que con deidad incluída.
Se habían parado en mitad del camino, pues no tenían ningun plan con el que continuar: habían perdido las huellas del que fuera el líder del ejército y no sabían por donde continuar. No del todo dándose por vencidos, habían decidido de mutuo acuerdo realizar un descanso. Ahora cada uno estaba sentado en un rincón de una explanada entre los árboles en un silencio incómodo.
No sabían el tiempo exacto que llevaban asi, pero superaba la hora. Y justo en ese momento, en el que parecía que se quedarían asi de por vida, se oyó un gimoteo. Intento que apenas se oyera, pero era tal la falta de sonido, que todos lo oyeron alto y claro y miraron a Gabrielle. La bardo ocultaba la cara entre las manos, cuando notó como los brazos de Iolaus la abrazaban de nuevo, fuerte y protectoramente. Se dejó llevar, llorando débilmente entre sus brazos.
Joxer los observó, pero apenas se acercó a ellos, junto a Hércules. No había forma de no verlo: Iolaus quería a Gabrielle y por mucho que le repatease, era fielmente correspondido.
Asi que los cuatro juntos y unidos por la desesperación, esperaron a ver que sería lo siguiente.


Desde lejos, Ares los observaba, sintiendo una rabiosa felicidad. Todo salía como estaba planeado. Ojalá, en su época de dios, sus planes hubiesen podido salir asi de bien. Aunque en tal caso, quizás no se encontraría en ese momento, con Xena a instantes de ser su mujer y con Hércules en la palma de la mano.
Dejó su mente en blanco, cerró los ojos y se preocupó en cambiar su aspecto. Su cabello negro, se volvió al instante largo, su musculatura, en las curvas de una mujer y sus ojos negros, en azules como el mar. Como hiciera con Hércules, había cambiado su aspecto, convirtiéndose en Xena. Hasta su voz sonaba igual. Respiró hondo, preparado para su gran actuación. Carraspeó y apareció en el campamento:

"Hola" los saludó. Todos la miraron como si se tratara de un espejismo.

Continuará...


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