Los personajes están basados en la serie de Xena, evidentemente y pertenecen a Renaissance Pictures / MCA Universal. No se intenta infringir ningún derecho de autor y todo eso que se dice en descargo de posibles consecuencias.
Avisos; violencia, sexo y tal, pero también existen en la realidad ¿no? ;)
Quiero dedicarlo y cumplir una antigua promesa al tiempo.
... y veo una pluma que escribe; “Te quiero, hija de puta.” Para ti D.
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LOS ELEGIDOS DE AKHIRA.
Escrito por MariaLCG.
Segunda Parte
En el desierto.En las primeras etapas del viaje, se estableció una tregua entre Kaliara y Alicia que fue bien recibida por el albino. Los turnos de vigilancia, la comida y recogida del campamento se establecieron sin olvidar a la joven clérigo, quien demostró que en efecto poseía experiencia en los viajes y cumplía sus cometidos con rapidez y eficacia bajo la atenta mirada de la morena, quien tuvo que reconocer la valía de la joven rubia.
El feronte acostumbraba a correr por delante de los equinos, subiendo al regazo de Alicia cuando se cansaba. En algunas ocasiones, sin embargo, había sorprendido a todos, al preferir la compañía de la silenciosa guerrera. Se aposentaba en los anchos hombros, acariciando el cuello o tirando con suavidad del lóbulo de la mujer, hablando bajito en su oído. Después de un par de intentos vanos de acariciarlo, en los que el animal se escabullía con presteza, Kali se limitaba a dejarlo estar, disfrutando de su cercanía.
Los bosquecillos y riachuelos iban dejando paso a un terreno más seco y desolado. Las aldeas fueron haciéndose cada vez más escasas, hasta casi desaparecer. El inhóspito paisaje no invitaba a establecerse en las áridas llanuras, solo los matojos más resistentes se aferraban con terquedad a la tierra, hundiendo sus raíces profundamente en busca de la ansiada humedad.
El agua comenzaba a escasear y el ardiente sol de mediodía castigaba la poca piel expuesta. Dolan se alzó en su montura, protegiéndose los ojos con una mano.- Creo que llegaremos a Togan en un par de horas.
- Eso espero – respondió Alicia. – Ya dije que no me parecía buena idea viajar en las horas más calurosas del día, pero claro, ¿quién hace caso de la inexperta? A nadie le importa lo que yo opine o piense y andamos deshidratándonos viajando en pleno mediodía... – acabó con rintintín.
- Quizás te alegres de haberlo hecho cuando puedas descansar tras haberte refrescado con un baño – disparó con rapidez Kali. – Y en Togan, o te bañas al anochecer o no te bañas.
- ¡Oh! No lo sabía... Lo siento Kaliara – se disculpó ante la sorpresa de la guerrera.
- Es por los togons – le contó en un tono más amable. - ¿Nunca has viajado por esta zona?Alicia sintió una agradable calidez ante el cambio de la otra mujer.
- No, nunca tan al sur.
- Es muy curioso – comenzó a explicar. – Al ponerse el sol, los gigantescos togons bajan sus hojas inferiores a ras de suelo. Los toganos, la tribu del desierto, han preparado el terreno en forma de gran cuenco. Los árboles actúan como una esponja, absorben con las profundas raíces el agua de un rió subterráneo y la resudan por las hojas, formando un gran charco, que es aprovechado para suministrar a la aldea, con el excedente, se baña toda la tribu en un ritual de agradecimiento. Ellos cuidan de los árboles y estos les proporcionan agua y dulces frutos, así han convivido durante generaciones.Era extraño y reconfortante para la joven oír hablar tanto a la guerrera y de forma cálida, para variar y se forzó a no decir palabra para no romper el momento.
Dolan las vigilaba expectante, quizás comenzaran a llevarse mejor, pensó.
Togan era la aldea que marcaba la frontera entre la llanura y el desierto de Agrapa. Una veintena de tiendas la conformaban, agrupadas cerca de una docena de togons. Los titanes arbóreos, de más de treinta metros de altura, crecían en semicírculo, dejando en su interior el espacio dedicado a los rituales.
Los viajeros fueron recibidos por los ancianos de la tribu en la tienda más grande, donde agasajaron al trío con fruta y carne. Tras tomar los alimentos, comenzaron los mayores a hablar.- Soy Enoc – comenzó el más viejo de ellos. Las apergaminadas mejillas, como el terreno que los circundaba, eran secas y surcadas de infinitas arrugas, casi se podía escuchar al tiempo deslizarse por su piel. – Ellos son Acut y Eque – presentó a los otros. – Esperamos que vuestro paso sea tranquilo y en paz.
- Por supuesto Anciano Enoc - contestó respetuosamente Kaliara, inclinando la cabeza. – La acogida de los toganos sigue siendo como un soplo refrescante. Venimos en paz y con ella marcharemos.
- Así lo esperamos – terció Eque, alzando las manos a la altura del pecho y acercándolas con las palmas hacia dentro, en gesto de bienvenida.Los ojos del tercer Anciano, se hallaban velados tras blancas nieblas.
- Los que llegaron antes que vosotros, no cumplieron con las palabras.
- Lo sabemos Anciano Acut – se apresuró a responder Alicia. – De eso queríamos hablaros, si es posible.El rostro venerable giró hacia la joven.
- Una sierva de Akhira, según parece – cabeceó. – Sí, oigo verdad en tu voz, no hay doblez. Llegaron como vosotros y compartimos lo que teníamos, al marchar, golpearon a los nuestros para llevarse lo poco que quedaba de reserva y penetraron en el desierto. Poco más podemos decir.
- Ancianos, podéis confiar en nosotros – dijo Dolan. – Cuanto llevamos es vuestro si lo necesitáis.La guerrera apretó las mandíbulas. El rito exigía las palabras del albino, pero si los toganos les pidieran algo... se acabaría la búsqueda antes de comenzar.
Enoc dejó al descubierto las desnudas encías al sonreír.- Sabemos que así es y que dices la verdad – sus pupilas se clavaron en el feronte, que se había instalado en el suelo, entre las dos mujeres, sin mostrar temor ante los viejos. – Pero sí hay algo que podéis dejarnos. Los caballos.
Los compañeros se mostraron inquietos, pero fue Alicia quien habló.
- ¿Y como se supone que vamos a ir? ¿Volando? – inquirió, sin poder evitar hablar irónicamente.
Kali le dio un codazo y Tiwi saltó, sorprendido. La guerrera la miró, furibunda.
- Eres joven, seguidora de Akhira, e impaciente – habló Eque. – Ahora se acabó la conversación, la mañana traerá nuevas palabras. Es tiempo del agua.
Concluida la reunión, el grupo salió al exterior, donde la luz estaba menguando. La tribu al completo, unos cincuenta toganos, se había reunido en el espacio formado por el semicírculo de árboles, acomodando con amoroso cuidado las anchas y fuertes hojas, formando un cuenco verde y vivo. Las livianas telas que cubrían los morenos cuerpos, se encontraban apiladas a un lado, junto a calabazas y odres preparados para recoger el valioso líquido. Entre risas, los toganos cantaban, mientras el agua comenzaba a brotar. Todos se retiraron entonces, expectantes. Cuando consideraron que había alcanzado su nivel, fueron llenando los recipientes, haciéndose cargo los niños y repartiéndolos entre las viviendas a la carrera.
- Como invitados, debéis entrar en primer lugar. Descalzaos, por favor y quitaos la ropa – les aleccionó Enoc. – No olvidéis agradecer al togon al acabar.
Alicia contempló ruborizada como Dolan y Kali se desvestían. El blanco cuerpo del albino, contrastaba fuertemente con la morena piel de la guerrera. La joven no pudo evitar fijarse en lo bien formados que estaban, si bien su mirada se sintió atraída irremediablemente por el cuerpo de la mujer. Lo único que le vino a la cabeza para poder compararlo, fue una de aquellas estatuas que había visto hacia tiempo, en los campos de competiciones. “Un cuerpo perfecto”, pensó.
El calor abrasó su cara, al darse cuenta que los azules ojos la miraban con fijeza.- Alicia, esto no dura mucho. Si no entramos ya, privaremos a esta gente de su ritual – le dijo en voz baja.
Ignorando su vergüenza y bochorno la rubia se despojó de la ropa y avanzó hacia el agua con los ojos bajos. La fresca sensación alivió a la joven, que se entregó a la tarea de aligerarse de suciedad y polvo.
Una vez acabaron, salieron, dirigiéndose a uno de los togons. Dolan llegó en primer lugar y acarició la corteza del gran tronco.- Isuná – agradeció.
- Isuná – le siguió Kaliara.La joven los imitó, tras lo cual recogieron sus ropas y se vistieron con lo mínimo, cuando terminara el baño de todos, podrían lavarla.
- Podías haberme advertido del detalle de la ropa, ¿no? – le preguntó a la guerrera furiosa.
- Lo siento – contestó risueña y sin sentirlo en absoluto. – Se me olvidó y... fue divertido ver tu turbación. Aunque reaccionaste bien ¿eh Dolan?
- ¡Ya lo creo! – intervino este con un guiño. – Por cierto, bonito cuerpo, ¡oh vamos! – exclamó al ver el sonrojo de la rubia. – No pasa nada, míralos, son tan naturales... y no podíamos insultarlos ¿verdad?
- ¡Malditos idiotas! – bufó la mujer más joven, alejándose de ellos, escuchando sus risas tras ella.No la había molestado tanto la omisión de la guerrera como la vergüenza de verse sorprendida mirándola. Un pinzamiento se había alojado en la boca de su estómago, se veía tan bella...
Las hogueras prestaban luminosidad mientras las hojas de los togons volvían a elevarse, escurriendo el agua que no tardó en volver a filtrarse en la reseca arena.
Al retirarse para dormir, Alicia buscó al feronte. Tiwi se había encaramado a uno de los árboles, alejándose de tanta gente, aquella noche, dormiría allí.
- ¿Qué hacen ahora?Enoc sonrió a la joven. Cinco toganos golpeaban rítmicamente gruesos troncos huecos, pisando la tierra al mismo tiempo.
Se habían reunido en las afueras de la aldea, los caballos se quedarían allí y ellos cargaban sus pertenencias a la espalda. Los sonidos viajaban rápido en aquel límpido aire.- Están llamando.
Antes de que pudiera preguntar nada más, divisó a lo lejos un círculo oscuro que se desplazaba a gran velocidad hacia ellos. Cuando se halló más cerca, pudo ver que se trataba de uno de los grandes ciempiés acorazados del desierto. De cuatro metros de largo y casi uno de alzada, el inofensivo animal frenó su marcha, desenroscándose y estirando su blindado cuerpo, permitiendo que los toganos le pusieran las cuerdas que servirían de asidero a los viajeros.
- He aquí vuestro transporte – les dijo Eque. – Os llevará en dirección sur, por donde se fueron los otros.
- ¿Hemos de montar en “eso”? – preguntó intimidada.
- Tranquila, es cómodo y amistoso – repuso Dolan sonriendo.
- Y rápido – terció la guerrera. – Ahorraremos tiempo desplazándonos con él.La joven seguía sin tenerlas todas consigo, pese a las palabras de sus compañeros, pero compuso el gesto. Si ellos montaban en ese bicho, ella lo haría también, no iba a darles más motivos para burlarse de ella.
Los toganos los despidieron cariñosamente. El ciego Acut avanzó hasta ellos, entregándoles pan de frutos secos para el largo viaje.- Os mantendrá fuertes con poca cantidad – les informó. – Evitad las formaciones rocosas, los tuks tienen en ellas su morada, el intae, seguirá el curso del río subterráneo, por lo que encontraréis togons en el camino y conseguiréis agua suficiente.
- Gracias por todo Anciano, que la paz siga con vosotros – las manos de la guerrera con las palmas hacia sí, a la altura del pecho.
- Adiós amigos, y gracias por todo – Alicia besó la mejilla de Acut.
- En el viaje hallaréis más de una respuesta – les despidió Enoc. – Escoger es vuestro privilegio.Con las palabras del Anciano, dejaron la compañía de los toganos y penetraron en las resecas arenas.
El ardiente calor en el desierto, como plomo derretido castigando a los viajeros, rielaba a lo lejos mostrándoles imposibles visiones. Dolan, con la ausencia de melanina en la piel era quien más sufría la elevada temperatura, pese a que los tres usaban los turbantes proporcionados por los amables toganos, cubriendo junto con la ropa, todo el cuerpo, excepto los ojos.
Los envites del viento no ayudaban a paliar el sufrido viaje, al arrastrar y estrellar la arena contra ellos.
El intae, como bien les había informado Enoc, seguía el oculto curso del río, parando a media mañana, en los pequeños oasis que les brindaban los togons, únicos árboles capaces de crecer en tan inhóspito medio, desapareciendo entonces durante unas horas, posiblemente buscando su sustento y regresando antes de la puesta de sol, descansado y dispuesto a continuar la marcha.
Tras una semana cubriendo grandes distancias, Kaliara supuso que tardarían tres días más en atravesar el seco terreno. Tras el desierto, se extendían las tierras desconocidas del gran sur.
Establecieron para ese día su campamento en uno de los bienvenidos oasis.- ¿No hay otra cosa aparte de los panes de frutos? – preguntó Alicia. – ¡Daría lo que fuera por un pollo asado!. – Suspiró.
- No te quejes – recriminó el albino, mascando con fruición. – Nos durarán hasta concluir el viaje... o eso espero, ¿qué piensas Kali?
- Es posible, aunque para ser tan pequeña traga como dos personas – se burló la guerrera. – Conseguirá acabar con las reservas antes de tiempo.La rubia le dedicó una furibunda mirada al tiempo que se ruborizaba.
- ¿Qué problema tienes? Necesito comer...
- ¡Y nosotros! Pero parece que tu estómago tiene distinta dimensión del nuestro – le dijo la morena. – No sé dónde meterá lo que traga – murmuró por lo bajo.
- ¡Bah! – la ignoró la joven.
- El único que no parece tener problemas es Tiwi – comentó Dolan viendo al feronte encaramado en el togon y comiendo las dulces frutas. - ¡Eh pequeño! ¡Aquí! ¡Tira alguna!El animal lo miró con sus oscuros ojos y comenzó a lanzarle las maduras frutas. Dolan, que no esperaba tan rápida respuesta, se encontró con la cara llena de jugo antes de reaccionar e intentar coger alguna, farfullando en contra del feronte. Las mujeres comenzaron a reír y Tiwi les contestó con chasquidos de lengua y entrechocar de dientes, en su versión de la risa, bajando del árbol y saltando a los brazos de su amiga.
- ¡Ah querido! ¡Eso ha estado muy bien! – habló cuando pudo contenerse.
- ¿Tiwi comparte? – dijo el feronte con inocencia.
- Sí claro, - exclamó el albino – pero yo no lo haré con las risueñas.
- ¡Ven aquí! – gritó Kali persiguiéndolo. – Déjanos probarlos...Pero el gigante hizo caso omiso, corriendo y tragando al mismo tiempo hasta acabar con el exquisito bocado, acariciándose la panza con deleite.
- No sé a vosotros, pero a mí me resulta difícil dormir con este calor.
La guerrera se encogió de hombros. Tanto ella como el albino, habían pernoctado en peores condiciones, cierto que las altas temperaturas les incomodaban, pero era algo con lo que lidiaban sin problemas. A la joven clérigo, por el contrario, se le veían los ojos enrojecidos y el gesto cansado.
- Te acostumbras a todo – comentó, mientras Dolan asentía.
- Pues para cuando lo haga, podré guardar mis cosas en las bolsas de las ojeras – respondió sarcásticamente.
- No te preocupes – intervino el gigante sonriendo. – Yo te sigo viendo igual de guapa, ¿eh Kali?
- Sí bueno... Preparémonos, pronto llegará el intae.A la guerrera le molestaban las constantes atenciones que el albino tenía para con la rubia, cierto que la mocosa era bonita, pero el cortejo a que la sometía Dolan era algo excesivo “¿verdad?. Verdad”, se respondió a sí misma.
Con la llegada del blindado ciempiés, volvieron a colocarse los turbantes, con el fresco de la noche, los retirarían para disfrutar de las bajas temperaturas en los resecos rostros.
Cabalgar en el intae era cómodo en realidad, el desplazamiento constante sobre las múltiples patas apenas daban sensación de movimiento, con la fresca de la noche Alicia se dejó arrullar y cayó en un estado de sopor.
El paisaje se fue oscureciendo, unas rocas se dejaron ver a la derecha, a unos veinte metros de la duna por la que cruzaban, con la poca luz, dos lucecitas rojas brillaron en la noche. Los ojos de un tuk, pensó Kaliara.
El feronte caminaba sobre el lomo del ciempiés, aburrido, y dando un salto, se colocó sobre Alicia, sorprendiendo a la semidormida joven, quien dio un respingo y soltó el bastón, que resbaló de sus manos y rodó duna abajo.
Sin pensarlo, se soltó de las cuerdas que la sujetaban y bajó de la montura yendo tras el arma.- ¡Qué demonios... ¡ - exclamó la mujer al ver a la joven correr en busca del cayado. - ¡¿Estas loca?! ¡Vuelve aquí! ¡Hay un tuk cerca... ¡
- ¡He de recuperarlo! – gritó sin hacer caso. - ¡Es importante!
- ¡Ali! – Tiwi saltó tras ella, con los ojos despavoridos por el terror.El báculo se alejaba y Alicia saltó para agarrar uno de los extremos, pero la inclinación de la duna la hizo rodar hasta el fondo. El tuk apareció, una enorme araña de metro y medio de alto que se acercaba a gran velocidad hacia la mujer. Con ocho patas y dos pequeñas garras al frente, el tuk era el máximo depredador del desierto. Poseía largos colmillos armados con un veneno que paralizaba el sistema nervioso de sus victimas, dejándolas indefensas.
Pese a que Dolan intentaba frenar la marcha del intae, el instinto de protección de este era más fuerte y aumentó su velocidad para escapar del predador, por lo que no les quedó más remedio que abandonar la montura y correr preparando las armas. Kaliara tensó con rapidez el arco y disparó a la bestia, fallando por muy poco, volvió a apuntar, pero el gigante se interpuso en la línea de tiro. Maldiciendo, cambió su posición buscando mejor ángulo.
Alicia vio llegar al tuk, los facetados ojos de la gran araña reflejaban multiplicada su imagen y se encontró paralizada, incapaz del mínimo gesto. Dolan se acercaba con rapidez, una de las flechas de la guerrera dio en el blanco al fin, pero la piel del tuk la hizo rebotar sin causarle daño. Antes de que pudiera reaccionar, Alicia se sintió agarrada por las atrofiadas garras delanteras de la araña, que la izó con facilidad y se escabulló rápidamente hacia su madriguera.
Los guerreros la vieron alejarse, viéndose impotentes para alcanzarla.
- ¡Maldita sea! ¡Maldita loca! ¿En qué demonios estaría pensando? – la frustración de la morena, provocada por el temor de la pérdida de la joven, asustó al feronte, que se agazapó en el suelo gimiendo quedamente. - ¡Vamos! Intentaremos llegar a su cubil...
- ¡Espera K! No nos servirá de nada ofuscarnos, si vamos sin saber a lo que nos enfrentamos, será como llevarle el postre a esa bestia.
- ¿Y qué otra cosa sugieres? No creo que tengamos mucho tiempo...Tiwi agarró la bota de la mujer tirando de ella.
- Ali por aquí, ¿sí?, Alicia... – imploró a la guerrera.
- ¡Eso es! – exclamó triunfante Kali. – Sí Tiwi, buen chico, ¡busca!Con la guía del inteligente animal, se pusieron en marcha. Pronto llegaron a la vista de la formación rocosa que supusieron sería la guarida del tuk, pero pensando en la locura que sería un ataque frontal, la guerrera obligó al feronte a detener su marcha.
- Espera pequeño – con cuidado lo sujetó poniendo una mano en su lomo, aunque temblando, el fiel amigo de Alicia lo permitió. – Busca otra entrada, ¿entiendes? No por ahí – le hizo saber, señalando la negra abertura visible. – Otra Tiwi.
El feronte asintió, con un brillo de inteligencia en sus pupilas. Rodearon las grandes peñas sigilosamente, escondiéndose de la posible vigilancia del tuk.
Tiwi se detuvo al fin, escarbando con cuidado en el suelo y alzando la cabeza.- Ali cerca, tu traes ¿sí? – pidió con los negros ojos fijos en las azules pupilas de Kaliara.
- Claro chico, buen muchacho – alabó Dolan con un susurro.Sobre el promontorio, justo al lado donde el feronte removía la tierra, unas piedras dejaban a la vista un oscuro agujero, apenas visible si no estuvieran casi encima. El hedor escapaba por la abertura, confirmando a la guerrera que era un pasadizo o respiradero del cubil del tuk, con gesto decidido, se arrastró por el estrecho túnel, seguida de cerca por Dolan.
Alicia tomaba el poco aire que se filtraba por la pegajosa tela en la que se hallaba envuelta. Por suerte, pensó, había aferrado con fuerza el báculo, que ahora se le clavaba en los riñones, al parecer, el tuk no distinguía donde acababa la persona y comenzaba el arma y los había envuelto en una sola pieza. Su quietud había evitado la picadura del predador, que consideró innecesario aplicar el paralizante a tan estatuaria victima.
No tenía duda de que Kaliara y Dolan la rescatarían, pero deseó que se apresuraran. El monstruoso ser estaba absorbiendo las licuadas entrañas de alguna presa anterior, por lo que supuso que después usaría el corrosivo líquido con su persona.
Las dimensiones de la gruta en la que se encontraba eran bastante amplias. Tras atravesar le estrecha entrada se convertía en una más que respetable caverna bajo el nivel de la arena. De una de las paredes surgía una claridad fluorescente. Restos de cadáveres y huesos se esparcían por el suelo y el olor fétido del ambiente casi la mareaba. Las pétreas paredes tenían diversos túneles, casi invisibles en la escasa luz reinante. Abrió los ojos con sorpresa cuando en uno de ellos vio brillar las inconfundibles pupilas de Tiwi. El tuk inclinó la cabeza, había escuchado algún sonido procedente del habitado agujero y Alicia movió su cuerpo bruscamente, si consiguiera que la araña pensara que el ruido lo provocaba ella, quizás sus amigos tuvieran una oportunidad.
Como un borrón, una figura surgió de la oscuridad. La guerrera, con la espada en la mano y gritando se plantó a dos pasos del sorprendido arácnido y lanzó una estocada brutal dirigida a los ojos de la criatura, que aulló al sentir el acero penetrar en su globo ocular, reventándolo y enfureciéndola. Abriendo la boca, escupió veneno en su dirección y la mujer se agachó rauda para esquivarla.- ¡Cuidado atrás! - gritó en advertencia.
Dolan salía tras la guerrera y recibió parte del líquido en la cara y brazos antes de poder cubrirse, rodando por el suelo y soltando el hacha, rugiendo de dolor.
- ¡Dolan! – chilló Alicia desesperada e impotente.
El tuk volvió a cargar contra Kaliara. Vacías las bolsas venenosas, arrolló con la fuerza de su peso a la guerrera, haciéndola caer e intentando aplastarla. Kali rodó sobre sí misma y con un esfuerzo recuperó el hacha de batalla del albino, a pocos centímetros de la punta de sus dedos. Sosteniéndola con ambas manos la giró en un molinete con toda la fuerza que fue capaz de imprimir teniendo la fortuna de cuasi decapitar al medio ciego tuk. Con la bestia encima, asfixiándose, la mano de Kaliara hurgó en las entrañas del animal, asiendo el corazón y estrujando con fuerza, acabando con la vida de la araña. Con esfuerzo, empujó el inanimado cuerpo a un lado, tosiendo y escupiendo la sangre de su víctima. Cuando pudo ponerse en pie corrió al lado del albino, que se retorcía en el suelo.- Dolan, amigo, tranquilo, te vas a poner bien... – murmuraba, viendo con horror como la piel de su amigo se quemaba, retorciéndose y ampollándose.
- ¡Suéltame! ¡Puedo ayudarle! – la joven clérigo se debatía en su prisión, viendo a la guerrera intentar vanamente aliviar al gigante, mientras Tiwi tiraba con pocos resultados de las ataduras de su amiga. - ¡Kali, suéltame!Con los ojos arrasados en lágrimas, la morena prestó atención al fin, llegando al lado de Alicia y usando las manos para liberarla.
- Espero que puedas hacer algo, clérigo – pronunció con dureza. – No creo que un maldito bastón merezca el dolor de Dolan.
La joven recibió las palabras con un respingo de pena y culpa, pero se repuso y alcanzó al caído, arrodillándose a su lado. Puso sus manos sobre el pecho del gigante y entonó una plegaría a Akhira. La respuesta fue rápida y el albino dejó de retorcerse, quedándose quieto y gimiendo suavemente. La rubia hurgó en su bolsa y extrajo un frasco de color azul, que destapó y obligó a tomar al herido.
La respiración de Dolan se fue normalizando y remitieron los temblores.- Poco más puedo hacer ahora – le dijo a la guerrera. – Convendría sacarlo de aquí, necesita aire limpio y reposo – le informó agotada.
Sin una palabra, la guerrera ayudó al albino a ponerse en pie, y pasándole un fuerte brazo por la cintura, se hizo cargo de la mayor parte de su peso, avanzando hacia la salida y rechazando la ayuda de Alicia.
- No olvides recoger el maldito bastón – escupió con rabia, sin volverse.
La joven se limitó a tomar las pertenencias esparcidas por el suelo, sin olvidar el hacha del herido y seguir silenciosamente a la mujer, con el feronte pegado a sus pies.
Se alejaron del horrible lugar, en dirección sur. El intae no se veía por ningún lado y el peso del albino comenzaba a dejarse notar. El sol iniciaba su reinado asomando por el este, alargando las sombras y prometiendo un día de calor abrasador. El sudor corría sin cortapisas por Kaliara, que aceptó sin palabras la ayuda de la joven rubia. Entre las dos alojaron a Dolan a la sombra de un togon. Durante todo el día, se turnaron para cuidar del hombre, que tiritaba pese a las altas temperaturas, delirando y hablando incoherencias. Pronto se pondría el sol y la guerrera preparaba los odres para recoger la preciada agua.- Intentaré aliviarle hasta que pueda volver... – comenzó suavemente al verla levantarse.
- Tendrás que hacer algo mejor que intentarlo, clérigo – espetó la alta guerrera. – Todo esto es por tu culpa, tuya y de ese estúpido báculo que llevas. ¿En que pensabas? – y se alejó a paso vivo.La seguidora de la diosa apretó los dientes y se forzó a un nuevo intento. Las manos le temblaban a causa del esfuerzo, mientras pedía por la curación del hombre. Al rato, el albino abría los ojos y contemplaba el rostro de la joven, con el agotamiento plasmado en cada rasgo.
- Solo por ver tan bella imagen, volvería del mismísimo infierno – habló sin apenas voz.
Alicia esbozó una leve sonrisa y rodó sin sentido a un lado.
Kaliara no tardó en llenar los recipientes. El miedo de perder a Dolan le había forzado a comportarse de forma demasiado brusca con la joven. Y por ella, se forzó a reconocer. Cuando Alicia desapareció en las garras del tuk, un temor irracional se había adueñado de la guerrera, que de no haber sido contenida por Dolan, se hubiera lanzado a una ciega persecución de la gran araña. Su sentimiento de protección a la joven le era nuevo y extraño. Ella jamás se había preocupado por nadie excepto por el gigante albino y la llegada de aquella mujer a su vida, le estaba provocando nuevas sensaciones casi olvidadas. Bueno, debería intentar ser más amable, ella también apreciaba a Dolan, eso era evidente.
Quizás ese era el problema. Los galanteos del hombre hacia la joven clérigo, irritaban a la guerrera, que por otro lado, nunca sintió celos de las conquistas del atractivo albino, ¿por qué ahora era diferente?. Sacudiendo la cabeza, alejó de sí los pensamientos y desanduvo el camino.
Con alegría, comprobó que el hombre se había incorporado, pero un gesto de rabia la sacudió al ver que sostenía en sus brazos a la rubia. Al acercarse más, pudo ver su equivocación, al parecer, Alicia se encontraba sin conocimiento, laxa entre los enormes brazos de Dolan y Tiwi saltaba a su alrededor, preocupado.- ¿Qué ha pasado? – inquirió, mientras un desagradable calor se alojaba en su estómago. - ¿Está bien?
- Creo que se ha exigido demasiado – musitó Dolan apenado.El rostro de Kaliara se ensombreció.
- Es culpa mía...
- No es culpa de nadie, a veces los sanadores se esfuerzan en demasía y no son capaces de eliminar todo el mal que absorben.
- ¡Oh dioses! ¡No lo entiendes! Yo la obligué – Kali se acercó a la postrada, acunándola y acariciando las tranquilas facciones. – Yo la empujé a ir más allá de sus posibilidades.Dolan inclinó la cabeza, entendiendo. Kaliara podía ser temible para Alicia aunque ésta no lo mostrara, pero el hombre había advertido también la admiración y el respeto en los verde azulados ojos de la mujer más joven. La combinación podía resultar explosiva.
- Solo necesita descanso, - la mano del hombre apretó con cariño el tenso brazo de la guerrera, – en unas horas estará bien.
- ¿Eso piensas? – preguntó esperanzada.
- Bueno K, - comentó divertido, – cualquiera diría que nunca has visto a un clérigo agotado. Si no te conociera pensaría que le has tomado cariño a la rubita. Uhmm, así que en el fondo eres humana, ¿no?Una iracunda mirada otorgada por la mujer fue la única respuesta que obtuvo.
Cuando tres horas más tarde Alicia recobró la conciencia, se encontró en el regazo de Kali y retardó el momento de abrir los ojos, disfrutando con la sensación. La morena seguía acunándola, pasando suavemente la yema de los dedos por su cara y descubriendo la tranquila belleza que tocaba.
- Tienes un tacto muy suave para ser tan brusca con las palabras – dijo con una sonrisa.
Al oír la voz de Alicia, Kaliara dejó de sujetarla, con lo que la joven se vino a tierra, golpeándose la cabeza.
- ¡Ouhg! - se quejó pasándose la mano por la parte golpeada. - ¡Eso duele!
- Apresúrate, a ver si podemos recuperar algo de tiempo esta noche.
- ¡A la orden! Lo que usted diga, ¡oh gran guerrera! – se mofó la joven.El albino se acercó a ella, envolviéndola en un fuerte abrazo.
- Bienvenida de nuevo – sus ojos la miraron con reproche. – No vuelvas a hacer una tontería así nunca, ¿estamos?
- De acuerdo Dolan, lo siento – se disculpó, frotando la cara en el amplio pecho del guerrero.Un empujón de la morena rompió el momento.
- ¡Vamos! – les instó.
Con la falta de la cabalgadura la marcha se hizo más lenta, cubriendo menos terreno al tener que buscar refugios adecuados. En la distancia, no obstante, comenzó a perfilarse el verde de la vegetación, señalando el final del desierto. Al anochecer descubrieron unos arreos de caballos cerca de su camino. Por los restos, era evidente que los jinetes habían escapado sacrificando las monturas para ello. Al menos ahora sabían que iban por buen camino, pensó el albino. Kaliara abría la comitiva, seguida de Alicia y Dolan. Los ojos de la joven rubia se detenían con frecuencia en las anchas espaldas de la morena, admirando el felino caminar de la mujer. Tiwi, vencida al fin su resistencia, se posaba en los fuertes hombros de la guerrera, permitiendo las caricias de la mujer.
- Si tenemos suerte, llegaremos mañana – comentó Kali.
- ¿Y luego? – quiso saber la otra mujer. – El mapa solo indicaba hasta el comienzo del desierto.
- Buscaremos algún indicio del paso de esa gente – contestó la guerrera con indiferencia. – Lo que es seguro es que no se han quedado por aquí. Cuando lleguemos a ese río, cruzaremos ese puente.
- Creo que será buena idea buscar un lugar para pasar el día – intervino Dolan, pensando en Alicia. Si él se encontraba agotado, la joven se hallaría extenuada sin duda. – No veo togons cerca y apenas tenemos agua.La guerrera se desvió un momento, acercándose a uno de los grandes cactus que crecía a unos cinco metros. Con la espada, cortó el grueso tronco y lo puso en vertical con el corte hacia arriba. Le arrebató el báculo a la rubia y lo usó de mortero para reducir la jugosa carne en una pulpa casi líquida. Limpiando uno de los bordes espinosos, se lo ofreció a Alicia.
- Bebe solo lo necesario.
- Gracias – no desvió los ojos de los de la mujer mientras tragaba. Se forzó a contenerse pese a que su cuerpo le pedía más y tras unos cortos tragos, se lo pasó a la mujer. - ¡Qué bueno! No sabia que fuera tan dulce.No aclaró si lo pensaba del líquido o de la guerrera, que desvió la vista, turbada.
Durante el descanso, oyeron aullidos lejanos. Los luchadores cruzaron las miradas, preocupados.- ¿Hay lobos por aquí? – preguntó Alicia temerosa.
- Es posible que los haya, pero no te preocupes, no se acercarán – la tranquilizó Dolan.
- ¿Y como estás tan seguro de eso?
- Por que vamos a encender un fuego – terció Kali. – En caso de que ronden por aquí los mantendrá alejados. Ayudadme a recoger algo que sirva de combustible.
- Ya me quedo más tranquila – contestó con sorna la rubia. – Así encontraran la comida cocinada en su propio jugo.Con el calor de la hoguera y el del sol, los compañeros casi no descansaron ese día, viendo con nerviosismo en cambio, las siluetas de los lobos en la distancia. Mala cosa que tuvieran que ir hacia ellos en vez de alejarse, pero no quedaba más remedio si querían salir de aquel horno y seguir con su misión.
- No parece lógico que no aparezcan – Dolan vigilaba su entorno con desconfianza. – Esto no me gusta.
- Ni a mí, pero no me quejo por que un enemigo me deje en paz – Kali llevaba la mano apoyada en la empuñadura de su espada.
- Chicos, me estáis poniendo bastante intranquila – Alicia dejó escapar una risa nerviosa. – Si no os gusta, es mala señal, ¿no?. Incluso Tiwi está asustado. ¡Cuidado amigo! Si sigues apretando así mi cuello, lograrás asfixiarme – dijo, mientras aflojaba el tenso abrazo.
- Lobos, Tiwi miedo de lobos malos.Al amanecer llegaron a los límites del desierto.
- Por eso no han atacado todavía – habló la guerrera.
- No tienen prisa – comentó con desánimo el gigante. – No hay duda de que no esperan que escapemos.Frente a ellos se abría un abismo, una grieta de más de doce metros de anchura que separaba la reseca arena del otro lado. La falla discurría durante kilómetros al parecer, sin que se viese puente o similar que pudieran usar para salvarlo. Alicia se asomó al borde. A unos metros, en la vertical pared de roca, el río subterráneo que habían seguido durante tantos kilómetros dejaba de serlo para caer libremente... centenares de metros más abajo. En el otro lado, los árboles de un espeso bosque prometían el frescor y el descanso si conseguían llegar allí.
- Ahí vienen – la tensa voz de la guerrera les advirtió de la llegada de los lobos. – Preparaos.
- ¡Intenta contenerlos, tengo una idea! – dijo Dolan, excitado. – ¡Ven Tiwi!.El feronte se apresuró a cumplir la orden. Cuanto más lejos estuviese de los cánidos, tanto mejor para él.
Lentamente los animales se congregaron a su alrededor, formando un semicírculo, dejando el abismo como única vía de escape.- Espero que esa idea sea buena – musitó Alicia, pálida.
Si solo se tratase de cuatro o cinco ejemplares, pensó la guerrera, les podrían hacer frente, pero más de veinte bestias era demasiado incluso para ellos. Enderezó la espalda y se encaró con la manada.
Continuará...