Los personajes están basados en la serie de Xena, evidentemente y pertenecen a Renaissance Pictures / MCA Universal. No se intenta infringir ningún derecho de autor y todo eso que se dice en descargo de posibles consecuencias.
Avisos; violencia, sexo y tal, pero también existen en la realidad ¿no? ;)
Quiero dedicarlo y cumplir una antigua promesa al tiempo.
... y veo una pluma que escribe; “Te quiero, hija de puta.” Para ti D.
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LOS ELEGIDOS DE AKHIRA.
Escrito por MariaLCG.
Ciudad Azul, año 753 de la Unificación.- Adelante.
Raitus entró en los aposentos de Anomen. Las habitaciones se hallaban caldeadas por la chimenea que presidía la sala de estudio. El gran sacerdote, sentado en un acogedor sillón frente al fuego, hizo señas a su subordinado, que se acomodó frente a él.
- Buenas noches, maestro.
- ¿Te apetece un vino? Es un buen caldo, de nuestros amigos de los bosques de Calam – en una copa de metal sencilla, sin adornos, vertió el templado liquido levemente especiado.
- Estoy preocupado...Anomen sonrió tristemente observándolo.
- Lo sé, viejo amigo. Tienes tantas arrugas en la frente que el sudor se seca antes de llegar a tus ojos.
- Esa mujer… - empezó, ignorando el viejo dicho. – Creo que su puesta en libertad ha sido prematura.Una vez concluido el juicio y tras convenir los distintos sabios en el desquiciado estado mental de Kaliara, había sido recluida y atendida por clérigos de Akhira.
- Seis meses no me parecen suficientes para disipar la oscuridad en la que ha vivido envuelta...
Anomen revivió las visitas a la mujer. La locura en sus bellos ojos y la frialdad de su espíritu, estremecían a todo aquel que trataba con ella. Al final aceptó la ayuda ofrecida y en el fondo de sus pupilas empezó a relumbrar un atisbo de humanidad.
- Se ha recuperado con rapidez. Bajo el escudo que la cubre, sin duda existe una gran persona – las palabras del sumo sacerdote no tranquilizaron a Raitus.
- Ha cambiado, es cierto. Sin embargo…Anomen lo miró con seriedad.
- ¿Dudas acaso de los deseos de Yera? – preguntó, estudiando los ojos de su amigo que se abrieron con temor. – Dos veces hemos recibido la señal. Dos veces se nos indicó que debíamos dejarla marchar.
Raitus bajó los ojos, aceptando la reprimenda de su superior.
- Debes confiar y aceptar los designios – a su memoria volvió con fuerza la visión que le fue enviada por el dios. – Está llamada a hacer grandes cosas.
- Que así sea – sentenció el subordinado.Año 755 de la Unificación.
En la posada.
El ladrido de los perros fue lo primero que oyó, después sintió el tremendo dolor de cabeza.
- ¡Guau! La de anoche sí fue una buena juerga.
Antes de abrir los ojos, se llevó las manos a la frente, frotando las sienes en movimientos circulares, consiguiendo un momentáneo alivio. Se sentó en el camastro comprobando que seguía viva, pese a que su cuerpo se empeñaba en informarla de lo contrario. Aún con los ojos cerrados, se levantó dirigiéndose a la mesa del fondo. Tanteó hasta encontrar la palangana y sumergió la cabeza en el frió líquido.
Su mirada recorrió la pequeña pieza en la que ha pasado la noche. Ésta era prácticamente igual a cualquier otra en el reino de Tanión. Una habitación de apenas tres metros por dos y medio, un jergón arrimado a la pared, una tosca silla de madera y una mesa, donde reposaba el recipiente del agua. Se encogió de hombros con indiferencia, bueno, al menos en esta ocasión las chinches apenas habían hecho acto de presencia, incluso contaba con una minúscula ventana, aunque en ese momento la claridad que dejaba pasar no fuera bienvenida. La posada se hallaba situada a mitad de camino de Cuidad Azul y el asentamiento de Dorfes.
La mujer era alta, pasaba del metro ochenta. Su pelo, negro intenso, estaba recogido en una práctica trenza, de altos pómulos y fuertes rasgos, destacaban en su rostro los llamativos ojos, de un azul desvaído. Un chaleco abierto y pantalón de cuero negros, cogido a media rodilla por altas botas y una blanca camisa, completaban su indumentaria, cubriendo el fibroso cuerpo. Encima de la silla una larga y bien trabajada espada, envainada en su funda, un arco y un carcaj. Sobre la mesa, la bolsa de viaje entreabierta y su saquito para las monedas... sospechosamente flácido.
Unos golpes en la frágil puerta sacaron a la mujer de su ensimismamiento.- Kali, ¿estás viva? – preguntó un tremendo vozarrón.
- ¡Maldito seas Dolan! Ya bajo, ve pidiendo algo para la resaca - gritó a través de la puerta, mientras recogía sus pertenencias y se disponía a bajar, lamentando haber alzado la voz y asiéndose la cabeza con la mano libre.
La sala de la taberna se encontraba casi vacía. Un delgado muchacho se dedicaba a limpiar la superficie de las mesas sin mucho entusiasmo, mojando un oscuro paño en un cubo y repartiendo uniformemente la grasa y la suciedad. El tabernero, hombre de unos cuarenta, con un imponente físico de herrero, miró a la recién aparecida con una sarcástica sonrisa, mientras vertía en una jarra un denso líquido de color verdoso. Sólo un par de parroquianos se dejaban ver a esas horas, dos guerreros verdes de paso casi con seguridad, el bosque de Silente, morada de su tribu quedaba cerca de allí.- Buenos días Kaliara, creo que esto te hará falta – le dijo el mesonero dejando deslizar sobre el mostrador la jarra con su apestoso contenido.
- Hum... posiblemente Jertias, posiblemente. Algún día descubriré qué demonios le pones a ese mejunje que llamas aguardiente... – sonrió la mujer atrapando el recipiente antes de que pasara de largo y dando un gran trago con cara de asco.Unas cavernosas carcajadas se dejaron oír, al tiempo que un hombre de más de dos metros y la envergadura de un minotauro se acercaba a la morena mujer, que lo esperaba sonriente.
- ¡Ah Jertias! Algunas personas deberían aprender a beber ¿cierto? – preguntó con fuerte voz el gigante.
- Claro Dolan – convino el mesonero, con las enormes manos apoyadas en el mostrador. – Aunque no creo que ése sea el problema de Kaliara. Más bien me inclino a decir que deberían mirar por la cantidad que se ha de ingerir y las mezclas por apuestas, la rapidez con que se traga, a quien se desafía...
- Vale, vale, lo capto – con una mueca parecida a una sonrisa, la mujer alzó las manos en petición de paz, terminando de ingerir la amarga bebida – Puag, me gustaría saber de qué se compone este “arregla-lo-todo”, la base debe ser excremento de murciélago o algo así, ¿no?
- Seguro chica, ¿cómo lo adivinaste? – Jertias sonrió burlón.Las risas de los dos hombres estallaron ante la cara de fingido horror de la mujer.
- De acuerdo, ahora Jertias, tomaría algo sólido para asentar el estómago ¿sí?
- ¡Claro!, enseguida traigo algo para los dos, Bertie se ha lucido hoy con las tortas dulces – les informó.En cuanto el tabernero se dio la vuelta y penetró en la cocina, la mujer le hizo un gesto a Dolan y juntos fueron a acomodarse en una de las mesas.
El paso del tiempo las había dotado de una pátina de suavidad ante los incontables roces de manos, jarras, platos y demás, amén de los inevitables cortes y sajaduras producidas por los cuchillos y humores de la variada clientela. La mujer contemplaba las duras facciones de su amigo, enmarcadas en una tupida mata de níveos cabellos. Los ojos, pequeños y semi escondidos tras unas espesas y prominentes cejas, tenían un leve toque anaranjado. La cuadrada mandíbula y un cuello de toro, proporcionaban una apariencia de fuerza y poder al compañero, potenciada por la impresionante masa muscular de la que estaba dotado el albino.
Al poco rato, Jertias apareció de nuevo portando un suculento desayuno que dejó sobre la mesa. Mientras lo devoraban, el tabernero dejaba su peso ora sobre un pie, ora sobre el otro, carraspeando indeciso, contemplándolos desde detrás del mostrador. Al final se decidió y se acercó a ellos.- Oye, Kali, verás, he de mandar a mi chica a la ciudad, tengo que entregar unos toneles de cerveza en la comandancia de Ciudad Azul – una sombra de preocupación cruzó su abierta mirada – Mi mujer está enferma, ¿sabes? Y no puedo dejarla en estos momentos, bueno…
- ¿Adónde quieres llegar amigo? – preguntó suavemente la mujer.Un encogimiento de hombros de su parte.
- Sé que no es lo que haces habitualmente, de todas formas iba a contratar a alguien para que la escoltara, si os parece bien, podríais acompañarla vosotros... Os escuché decir que os dirigíais hacia allí...
- Entiendo, quieres que hagamos de guardaespaldas para tu chica.
- Sí... bueno... eso era. – el hombre suspiró aliviado.
- Claro, no hay problema, nos hará compañía – comentó guiñando un ojo. – No sabes lo aburrido que puede llegar a ser Dolan.
- ¡Eh oye! – protestó el albino. – Yo por lo menos hablo, pero tú.. – bufó. – ¿Sabes Jertias, que hay días en los que no pronuncia una palabra y sólo contesta con gruñidos? Y me llama aburrido a mí, ¡já!. No te preocupes, con nosotros irá segura.De eso Jertias estaba más que seguro mirando a la peligrosa mujer y conociendo su fama y la del gigantesco albino. Su arsenal era en verdad algo insólito. Portaba una espada bastarda de dos manos a la cintura, y otra pequeña de rápido manejo, un hacha de batalla colgada a la espalda, una ballesta y varios cuchillos repartidos en sus botas y bajo su camisa. Al igual que Kaliara, llevaba los antebrazos protegidos con anchos brazales.
- Si estáis de acuerdo le diré a la chica que lo prepare todo – movió la cabeza con tristeza. – Si Ángela estuviera mejor, yo mismo haría el viaje con vosotros, pero debo quedarme con ella.
- Lo siento amigo, si hay algo que pueda hacer… - la mano de la morena se posó en el brazo de Jertias.
- Nada, gracias, está en las mejores manos, una sierva de Akhira cuida de ella.Los dos compañeros asintieron con la cabeza, la diosa Akhira era conocida por su bondad y las artes curativas de sus acólitos, que además tenían permitida la lucha mientras no usaran armas de acero. Y lo hacían bien. Un anillo con una estrella, hecho de plateado metal, los identificaba.
- Os avisaré cuando todo esté preparado. ¡Charlie! – el joven limpiador se acercó con un trotecillo – Cuida que los caballos estén dispuestos.
- Sí jefe, voy a ello – con una mirada de admiración en sus ojos contemplaba a los dos compañeros. – Los he cepillado esta mañana, y ¡fiuuu!, ese bicho por poco me muerde...El joven salió de la posada en dirección a los establos. Dolan miraba a Kaliara irónicamente, mientras ésta se encogía de hombros, la yegua de la morena, un magnífico ejemplar color canela, era tan arisca como su dueña.
De la puerta que comunicaba con la vivienda del posadero surgió una mujer.
Todos los ojos quedaron fijos en ella. De mediana estatura, la curandera de Akhira avanzó hacia Jertias, saludando a los presentes con un leve asentimiento de cabeza, sacudiendo el corto cabello dorado rojizo levemente. De porte majestuoso, vestía pantalón y túnica de ante hasta la mitad de las pantorrillas cogida a la cintura, poniendo de manifiesto las delicadas curvas de la joven, pues no pasaría de los veinte años, una edad en verdad insólita para alguien con su grado, ya que portaba la inconfundible estrella en el anillo. Cubría sus pies con mocasines y llevaba en sus manos unos lienzos usados.- Necesitaré algunas telas limpias Jertias, si fueras tan amable... – la suavidad de su voz, consiguió que incluso los herméticos guerreros verdes volvieran su cabeza hacia ella. – Y algo de caldo, quizás consigamos que coma un poco. – En la palidez de su cansado rostro destacaban unos ojos verde azulados, escoltados en esos momentos por profundas ojeras, producto de las insomnes noches pasadas. La joven suspiró mientras el tabernero iba a la cocina en busca de lo pedido.
- En un momento, yo mismo llevaré las cosas a la alcoba, Alicia – le aseguró el hombre antes de desaparecer.La curandera lo miró agradecida y retornó al lado de la enferma.
- Bonita chica, ¿eh? – le preguntó Dolan a Kaliara, cuando la joven se perdió tras la puerta. – Lástima que sea clérigo... – acabó con un guiño malicioso.
- Bueno chico, no tienen voto de castidad ni nada de eso – contestó con indiferencia la mujer, alzando sus cejas. – Aunque creo que no eres su tipo – y lo miró de arriba abajo.Al imaginar a la delicada seguidora de la diosa al lado del gigante, estallaron los dos en sonoras carcajadas.
Ambos salieron de la posada, dejando sobre la mesa las monedas de plata de su exigua reserva para pagar su estancia allí y encaminaron sus pasos al establo.
Fueron recibidos por Charlie, terminando de cargar los enormes toneles en el carromato con ayuda de una carretilla que empujaba por una pendiente rampa apoyada en la parte trasera del vehículo, Giselle, la hija de Jertias le echaba una mano con la pesada tarea. La fuerte carreta, construida en sólida madera, tenía los bordes altos, con una lona para cubrirla en caso necesario, hecha para servir de alojamiento a dos o tres personas en las frescas noches.
El albino ayudó a la carga mientras el mesonero llegaba con provisiones para todos.- Esto durará hasta que lleguéis a Ciudad Azul. Giselle, hija, Dolan y Kali te acompañarán en el viaje proporcionándote escolta...
- De acuerdo padre, no te preocupes – respondió dirigiendo una mirada apreciativa al gigante. – Estoy segura de que todo irá bien.
Dolan se la devolvió, examinándola. Contaría unos veinticinco años y era de constitución robusta sin dejar de tener su gracia, ensortijado pelo, de oscuro color y generosas curvas, una saludable chica acostumbrada al duro trabajo.- Bueno, ya sabes lo que tienes que hacer. Llegas hasta la comandancia y preguntas por Estanto, el encargado de las provisiones, el pago ya ha sido concertado, por lo que no tendrás problemas en ese sentido... – suspiró mirándola con cariño.
Giselle acalló cualquier otro sermón o consejo por el sencillo procedimiento de abrazar a su padre y besar su amado rostro.
- Está bien Jertias, cuando quieras nos vamos – una irónica sonrisa curvó los labios de la guerrera.
Charlie ya se alejaba dondequiera que tuviera que ir. En el claro del camino, junto a la carreta, Jertias abrazó a su hija. Dolan y Kali dejaron un respetuoso momento a la familia, revisando sus monturas y preparándose para partir.
- Bueno pequeña, la carreta déjala en lo de Trantor, él se encargará de traerla con lo demás dentro de un mes, retorna con el tiro y... cuídate, ¿estamos?.
- Pierde cuidado padre, lo haré.El hombre se quedó mirando mientras la comitiva se alejaba. Los dos compañeros flanqueaban la carreta y su hija entonaba una alegre canción en el pescante. Con un suspiro, volvió a la posada.
Alicia secó nuevamente el sudor de la enferma, gracias a Akhira, la mujer estaba mejorando. Su energía estaba muy baja y faltaba poco para que empezara a sufrir los efectos del esfuerzo, absorbiendo demasiado del mal que aquejaba a su paciente y no pudiera eliminarlo.
La mujer de Jertias entró en un curativo sueño. Después de haber ingerido el caldo, su fiebre había remitido, lo que le permitiría a Amira un descanso y tal vez unas horas de sueño, realmente lo estaba necesitando.
Sus dedos dieron vueltas al anillo y elevó una plegaria a su deidad. El calor que se desprendió del objeto, le indicó que había sido escuchada. Satisfecha, se tumbó en las mantas preparadas al efecto cerca de la postrada y dejó que el reparador descanso se adueñara de ella.
Cuando el hombre entró en la alcoba, vio a la joven dormida, al igual que su mujer y sin ruido volvió a salir.
Alicia camina por el pasillo que lleva al altar, la imagen de Akhira parece viva, su contorno, delimitado por un aura plateada, no tiene la quietud de una estatua, sino que se acompasa como si respirarse. Antes de llegar a ella, ve el rostro de la diosa. Efectivamente, tiene los ojos abiertos, reflejando en ellos la sabiduría y la bondad. Se postra ante su maestra espiritual. Es Ella, no una representación en mármol o alabastro y aunque no sabe cómo eso es posible, la calma que la invade borra sus interrogantes.
La voz de la deidad llega a ella a través de su mente, colmándola.- Levántate hija de Ester y presta atención a mis palabras.
La joven alza la vista antes de erguirse del suelo, Akhira le devuelve la mirada con sus ojos de argénteo color.
- Has sido elegida Alicia, deberás acompañar al buscador en su periplo, pues necesitará de ti en su momento
- ¿Quién es el buscador? ¿Cómo daré con él?La mano de la deidad acaricia su cara con infinita ternura.
- Lo sabrás antes de despertar, su imagen te será revelada en el paso del sueño a la vigilia. Ten fe, pues la necesitarás allí donde debes ir.
Sintiendo su cuerpo temblar la joven sacerdotisa se estremece.
- Yo no soy digna... no sé lo que se espera de mí... ¿qué buscaremos? ¿dónde ... ?
Ya no se halla en el templo, una espesa niebla le impide ver a su alrededor, y el desasosiego se apodera de ella. Algo no está bien, siente la maldad que se acerca y corre. Corre descontrolada, tropezando con invisibles objetos que ralentizan su paso. El aire apenas entra en sus necesitados pulmones, que inhalan con ansia en busca de oxígeno.
Un atisbo de luz al frente da fuerzas a su extenuado cuerpo y acelera un poco. Mientras una figura toma forma al frente, la maldad se va diluyendo a su espalda. Finalmente se detiene tomando el preciado aire con rápidas aspiraciones. La informe sombra toma contorno y dimensión.
Es un jinete, sus facciones aún a oscuras. Avanza con lentitud, mirando al suelo, se acerca.
Al fin puede ver con precisión. Reconoce a la persona que se acerca, es la mujer que estaba en la posada, la oscura. Al mirar sus ojos puede ver cómo cambian, de un azul luminoso a un tenebroso tono añil intermitentemente, al tiempo que su aura pasa del claro al oscuro.
Tiene el alma dividida.Despertó con un sobresalto, sudando asustada, respirando a grandes bocanadas. Un gritito de disgusto obligó a llevar su mirada a Tiwi, el pequeño animalillo que la acompañaba, al que había asustado.
El feronte era un curioso animal procedente de Calam, de los grandes bosques. Parecía el cruce resultante entre un mono y una ardilla, del tamaño de un gato. Tenía en su cabeza dos puntiagudas orejas, grandes ojos negros en la peluda cara y las patas unidas por una membrana que les servía para planear en distancias cortas entre los árboles. Contaban con unas avanzadas cuerdas vocales, por lo que podían hablar si eran enseñados. Su fama de dar buena suerte al portador era totalmente infundada. No así el hecho de que no congeniaban con personas de alineación maligna. Poseer uno de ellos era algo extraordinario, ya que no prodigaban su compañía.- Lo siento Tiwi – Alicia acarició distraídamente el suave y dorado pelaje del feronte, peinando con los dedos la esponjosa cola. – Un mal despertar, nada más.
- Tiwi asustado – La aguda vocecilla de animal contrastaba con la ronquera que se había adueñado de la joven y quedó observándola, ladeando la cara. – No preocupes, Akhira sabe.Alicia miró a su peludo compañero.
- Si, sé que Akhira sabe, pero yo no chiquitín... y tengo miedo.
Tiwi escaló por el cuerpo de la joven y se acurrucó en su hombro, acariciando con sus manitas el tenso cuello de la sacerdotisa.
El encargo.Ciudad Azul, cuna de las artes y la civilización del mundo de Tainón.
Situada en el centro del continente, la urbe rivalizaba en belleza con las míticas edificaciones de los antiguos. Sus templos eran avistados desde lejos, brillando el blanco mármol en cegadores destellos desde los altos minaretes. El palacio del regente, encumbrado en lo más elevado de la ciudad, se enseñoreaba sobre las rectas calles trazadas en perfectos cuadrados a su alrededor, alternándose las viviendas con jardines, templos y parques.
Según la leyenda, la ciudad era un caos de distribución y urbanismo hasta que un terremoto acabó con ella en el mandato de Albert IV, casi quinientos años atrás. Siendo éste un hombre dedicado más a la poesía que a la regencia, diseñó en compañía de sus generales la actual urbe, teniendo en cuenta la belleza tanto como la defensa. Rodeada de la famosa muralla Azul, de la cual tomaba nombre, era casi inexpugnable. Tenía una única entrada que era cerrada con el ocaso. Lo único que permanecía de la anterior ciudad, era el Monolito, ubicado en los jardines del palacio.
El carromato avanzaba lento por el ancho camino, tanto Kaliara como Dolan cubrían sus cuerpos con largas capas y sus rostros con las capuchas bajadas. Los dos días de marcha habían cubierto de polvo sus ropas, otorgándoles un grisáceo aspecto.- Giselle, ¿hay alguna taberna cerca del cuartel? – la morena mujer miró a su alrededor apreciando la calidad de las construcciones, viendo la riada de gente, escuchando su parloteo.
- Sí, el Dragón Borracho está justo al frente, podéis esperarme allí.
- De acuerdo – Dolan lanzó una mirada circular, localizando la posada. Tengo reseco el gaznate.Con un leve tirón de las riendas, los compañeros se encaminaron al Dragón Borracho cuando Giselle era abordada por el encargado de suministros. La chica estaba en buenas manos. Dejando los caballos a la entrada, penetraron en el espacioso local. A aquellas horas estaba casi lleno, el murmullo de las conversaciones formaba un caótico ruido de fondo. Dos mozas se afanaban en atender a los clientes y un tipo de mala catadura atendía el mostrador.
La guerrera y el albino avanzaron como pudieron hasta llegar a la barra, donde pidieron sendas jarras de cerveza y pusieron atención a las conversaciones más cercanas, disfrutando de su bebida.- Ahora vuelvo - dijo el gigante después de un rato con un significativo gesto. – Demasiado líquido.
La morena asintió. Deseaba acabar cuanto antes lo que habían venido a hacer y largarse de allí. No le gustaban las grandes concentraciones de gente, pero Ciudad Azul era el mejor sitio para encontrar un nuevo trabajo.
- Eh, guapa, te invito a una copa.
Kaliara sintió el aliento del hombre pasando por su cuello hasta su olfato y frunció el entrecejo, asqueada.
- Déjame “amigo”, no me apetece – contestó secamente, girándose y dándole la espalda.
- Vamos nena, ya verás como nos divertimos... – insistió acercándose a la mujer y poniendo las manos en sus hombros.Kali levantó su brazo, golpeando con el brazal la cara del hombre y disparó el codo al estómago. El aire se escapó de los pulmones del acosador, que dobló el cuerpo y sintió el mazazo en el cráneo antes de perder el conocimiento.
- Gracias por entenderlo – dijo, volviendo a su cerveza y haciendo caso omiso al prudente espacio que le dejaron alrededor.
Cuando Dolan se acercó, mirando con curiosidad el cuerpo tendido, alzó las cejas en forma interrogativa y la morena encogió los hombros.
- Creo que ha resbalado con una monda de limón – explicó al albino, moviendo una mano disciplentemente. – La bebida…
El albino se limitó a sonreír. La mujer dejó vagar su vista por el local.
- No está mal, quizás debamos pasar aquí la noche, por cierto... ¿dónde encontraremos a Mathew?
- Bueno... ya sabes, si hay algún tugurio de juegos, allí andará – contestó con sorna Dolan.
- Espero que no – repuso arrugando la frente. – Tiene que darnos lo de Landon.Habían dedicado más de dos semanas en limpiar un poblado cercano de los acosos de unos “protectores”, chantajistas que se estaban aprovechando de la poca disposición de los aldeanos a la lucha y los extorsionaban. Mathew se había hecho cargo de la paga de los tres, adelantándose a la ciudad mientras Kaliara y Dolan acababan de ultimar la tarea.
- Mira, ahí llega la chica – el albino hizo un gesto para llamar la atención de Giselle, que se aproximó a ellos.
- ¿Todo bien? – les preguntó con una sonrisa, mirando insistentemente a Dolan.
- Claro pequeña, estábamos esperándote, ¿eh? Kali, ¿por qué no vas a dar una vuelta a ver si ves a Mathew? – sugirió el gigante con un sutil movimiento de cabeza sólo apreciado por la guerrera.
- Vale, vale – masculló alzando las manos. – Lo que digas.Y se alejó, saliendo de la posada al tiempo que el albino volvía a prestar toda su atención a la muchacha.
- ¿Cómo que no lo tiene? ¿Qué demonios significa que no lo tiene? No te refieres a nuestro dinero ¿verdad?
Dolan paseaba por la pequeña alcoba como un león enjaulado, agitando los brazos y con incrédula expresión. La guerrera había regresado poco antes con la historia. Mathew había perdido la suma en el juego, y de poco le servia a Kali el haberlo golpeado.
- Ya te lo he dicho. Se lo jugó todo – contestó con desgana. – No tenemos ni una maldita pieza de acero.
- ¡Maldito sea! Al menos se habrá llevado un bonito recuerdo de mi parte...
- Claro Dolan, - sonrió aviesamente la morena, – si le queda algo, tendrá que usarlo para pagar los servicios de los clérigos.Unos golpes en la puerta interrumpieron la conversación. El alterado gigante la abrió de golpe, dejando a la vista a un asustado chaval.
- ¿Qué quieres? – preguntó destempladamente.
- ¿Kaliara? – tartamudeó el joven, mirando con temor a Dolan.
- Soy yo – dijo la mujer, acercándose a la entrada.El muchacho extrajo con nervios un pergamino del interior de su jubón y se lo tendió.
- Es un mensaje, me pidieron que se lo entregara y al fin la encuentro...
- De acuerdo, gracias.Casi antes de que acabara de hablar había desaparecido por la esquina del pasillo, sin esperar propina del furioso albino. Kali leyó en silencio y alzó la vista para mirar a su amigo sonriendo.
- Bueno, ¿qué te parece? Es una oferta de trabajo. Hemos de ir a Dorfes, al templo de Akhira, allí nos lo explicaran con más detalles.
- Está bien – gruñó el hombre. – Nos pilla casi de camino, dejaremos a Gissi en casa y seguiremos hasta el templo...
- ¿Gissi? ¡OH Giiiiissi! – se burló la morena arrastrando el nombre. – Así que ahora ya no es Giselle...El albino se sonrojó, un fuerte color en contraste con su pálida piel y dando un bufido salió de la habitación de la mujer, huyendo de sus risas.
Mantica era la superiora de Akhira. Los recibió en los jardines del templo, en una mesa dispuesta para el acto, donde fueron atendidos por una joven acólito, que les sirvió un refrigerio.
La sacerdotisa tenía grave el semblante, con arrugas de preocupación surcando su tersa faz.- Disculpad que no os haya atendido dentro – con un gesto señaló la elegante edificación del santuario. – Está prohibido portar armas en el interior y no quise molestaros.
- Disculpada hermana, ¿por qué nos ha mandado llamar? – preguntó Kali bruscamente, lo que le valió un pisotón por parte del albino. - ¡Ouhg!
- Antes he de contaros algo...La guerrera puso los ojos en blanco y se arrellanó en el incómodo asiento, las predicaciones no le gustaban nada y supuso que la mujer les contaría algo relativo a los dioses.
- Por supuesto, la escuchamos – medió Dolan, interiormente resignado.
- Cuando se fundó la orden, hace casi setecientos años, Akhira caminaba entre los hombres, enseñando a todo aquel que tuviera las dotes y las ganas de aprender. No es fácil vivir de acuerdo a todas sus reglas, pero lo intentamos. El símbolo que nos identifica, es de sobra conocido por todos. La estrella en el anillo hecho de nitita, el metal que únicamente puede trabajarse con la Maza de Akhira. – La atención de los compañeros se había despertado súbitamente. Todos en Tanión sabían de la dureza de la nitita, el metal con el que soñaba cualquier herrero y cualquier guerrero. De hecho, los anillos de los clérigos eran casi indestructibles, librándose éstos del robo por la respuesta del propio adorno, que se defendía con una tremenda descarga. Más de uno había intentado forjar armas con el metal, pero nadie lo había conseguido. Ahora sabían el motivo. Mantica asintió cuando vio que habían comprendido. – En efecto, sólo con la Maza de la diosa puede trabajarse. Es el secreto mejor guardado de nuestra orden, sólo la superiora lo conoce al tomar posesión del cargo y el maestro herrero, por supuesto, que pasa su conocimiento al hijo o hija que ocupe su lugar. Ahora la Maza ha sido robada y es necesario que la recuperemos, por eso os he llamado.
- ¿Por qué yo? – preguntó la mujer, desconfiada. – Sin duda tendrá conocimiento de mi vida pasada.Mantica la miró a los azules ojos, intentando ver más allá.
- Así es. Recogimos información sobre ti, nada agradable por cierto. Sin embargo, una de nuestras más prometedoras jóvenes te vio en un sueño inducido por la diosa, esto fue confirmado aquí, sin ningún tipo de duda. Tú eres el buscador.
- El buscador... – repitió Dolan, mirando a una y otra mujer. – Todo esto es algo místico y la verdad es que nosotros creemos poco en todo ello, ¿verdad Kali?Kaliara no dijo nada, únicamente observaba a la sacerdotisa, esperando. Mantica se enfrentó al albino.
- ¿Acaso no creíais ambos en Yera? ¿No era vuestro deseo ingresar en su orden como caballeros del dios?
- Bueno... sí – el gigante bajó la mirada, avergonzado. – Hace mucho tiempo de eso...
- Pero tampoco eso es importante – le dijo suavemente, posando una mano gentil en el brazo del hombre. – No importan vuestras creencias en esto. Lo importante es que aceptéis la búsqueda.
- ¿Por qué habríamos de hacerlo?
- Porque Kaliara de Steelgold, si lo conseguís, ambos seréis investidos caballeros.Dolan abrió sus ojos por completo. Las disposiciones de Anomen, el sumo sacerdote de Yera habían sido muy claras al respecto. No podía ser, pensó, con un rayo de esperanza brotando de lo más hondo de su pecho.
- No quiero ser caballero de Yera – repuso la morena con desdén. – Ya no me interesa.
- De acuerdo – Mantica sabía que eso no era cierto, pero La guerrera debería descubrirlo por sí misma. – 1500 monedas de oro si encontráis y traéis la Maza.
- Ahora hablamos el mismo lenguaje – la codicia asomó a los azules ojos. - ¿Qué es lo último que se sabe sobre ella?
- Hace unos tres meses aproximadamente, unos presuntos peregrinos llegaron al templo. Los alojamos y alimentamos durante tres días, como es nuestra costumbre. La tercera noche asaltaron la herrería, matando a Eronis, el herrero y llevándose la Maza, no sabemos cómo tenían conocimiento de su existencia. Varios caballeros partieron en su busca, pero sin éxito, aparecieron asesinados dos semanas después. La única certeza que tenemos es que se dirigen hacia el sur, al desierto.
- Bien, necesitaremos la descripción del objeto y la ruta que siguieron los ladrones... – comenzó la mujer.
- Todo eso podrá contároslo la clérigo que os acompañará, la misma que te vio en el sueño...
- ¡Ni hablar! – contestó bruscamente. – Nosotros trabajamos solos.
- ¡Basta! – el destemplado grito en la comedida mujer sorprendió a los dos guerreros. – Eso no tiene discusión. Así lo ha dispuesto Akhira y así ha de ser.Kaliara se alzó violentamente de la silla, tirando ésta con el ímpetu de su movimiento. Dolan se levantó a su lado, cogiendo su brazo para impedir su marcha, pero ella se lo sacudió con gesto brusco y se alejó resuelta, con la mirada de Mantica clavada en su espalda.
- No se preocupe, intentaré convencerla... seguro que lo hará – contemporizó el albino.
- Lo sé muchacho, así está dispuesto. Ven conmigo, conocerás a la joven que irá con vosotros.
Los pasos de la joven resonaban por el oscuro pasillo de los alojamientos de los visitantes.
Kaliara, la guerrera contratada por Mantica, se alojaba en una de las habitaciones. Según las noticias de su superiora, la mujer se había negado a llevarla con ella. La indignación de la joven se dejaba sentir en los rítmicos golpes del bastón al chocar contra el suelo. Al llegar a la puerta indicada, dio dos fuertes golpes y entró sin esperar la invitación. La alta mujer que se hallaba en el interior, levantó la vista de su espada, que estaba limpiando y miró a la joven rubia, plantada en la entrada, con la mano derecha sujetando el báculo y la izquierda en la cintura, los ojos chispeantes de la rabia y el cuerpo tembloroso por la contención.- ¿Y bien? – preguntó furiosa. - ¿Cuál es tu problema? Todos vosotros, autosuficientes y heroicos guerreros sois iguales. ¿Crees acaso que tendrías que cuidar de mí? Has de saber, que he viajado por la mayoría de las tierras de Tanión sin necesidad de ninguna protección por vuestra parte – La morena abrió la boca, intentando decir algo, mas fue acallada por la mujer más joven - ¿Piensas que para mí sería agradable viajar contigo? Sólo porque Akhira lo quiere lo haría, no por mi gusto. ¿Quién demonios piensas que eres…?
Alicia interrumpió su perorata cuando se apercibió de que Tiwi entraba en la alcoba. El feronte, al oír las voces de su amiga, había corrido en su busca, siguiendo su voz. Cuando se plantó en el quicio, fijó sus negros ojos en la guerrera, que lo contemplaba con la misma fijeza. Ante la incredulidad de la joven clérigo, el dorado animal avanzó hasta saltar al regazo de Kaliara, quien se quedó muy quieta mientras el esquivo Tiwi pasaba sus doradas manos por el contorno de su cara, haciendo ruiditos y chasquidos con la lengua.
- Buscador… - murmuró, acariciando los altos pómulos y los párpados cerrados de la impasible mujer. – Buscador ha llegado.
Kali abrió con lentitud los ojos, cuidando de no asustar al feronte, Alicia no terminaba de creer lo que veía. En todo el tiempo que Tiwi llevaba con ella, jamás se había acercado tanto a nadie, pensó, mientras veía los deditos seguir el contorno de la tensa cara. La mano de la guerrera se alzó despacio, pero al ir a tocar al dorado animal, éste soltó un pequeño hipido y saltó al suelo, corriendo a refugiarse en los brazos de la rubia.
- ¿Él viaja contigo? – inquirió secamente Kali, alzadas las bien dibujadas cejas.
- Así es – le contestó la más joven, subiendo el mentón con altivez.
- Prepara tus cosas. Partiremos al amanecer – informó y en un par de zancadas, abandonó la alcoba, dejando confusa a la rubia.Al salir a los jardines divisó la inconfundible figura del albino, dirigiéndose a ella. Con una mirada, le advirtió de la inconveniencia del momento, por lo que el hombre acomodó sus pasos a los de la mujer, acompañándola en silencio. Caminaron hasta alcanzar la orilla del río, donde tomaron asiento. La tarde declinaba y la luz que se filtraba entre los altos árboles tenía una tonalidad rojiza. Dolan alcanzó algunas piedras y comenzó a lanzarlas al agua. Permanecieron así un rato, el albino esperando a que la mujer comenzara. Nadie la conocía mejor que él y sabía que algo le rondaba la cabeza, pero no lo diría a menos que así se le antojara.
- Dolan, ¿recuerdas los sueños que te conté? – preguntó al fin, tras aclararse un par de veces la garganta.
- Claro K – dijo con cuidado. – Los del animal dorado ¿no?
- Lo he visto – confesó pálida. – Lo he visto de verdad. Es el animal que acompaña al clérigo que vimos en lo de Jertias, la misma que ha de venir con nosotros.
- Entiendo…- se limitó a decir el gigante.Extrañamente, los vívidos sueños de la mujer, habían comenzado al presentir la muerte de su padre. Desde entonces, eran precursores de realidades, pese a que pocas veces lograba recordarlos con claridad, siendo el del feronte uno de los últimos y más repetidos. En él se veía a sí misma sobre un altar ceremonial con el cuerpo ensangrentado y al bello animal a unos pasos. Tendía una mano pidiendo algo mientras una luz deslumbrante bañaba la escena con tonos de plata y una dulce voz pronunciaba su nombre.
- ¿Crees que debemos ir? – le consultó Kali, espiándolo de reojo.
El albino tiró un par de piedras al agua antes de responder.
- Creo que ya lo has decidido – comentó sin entonación, luego se encogió de hombros. – Además, ¿acaso tenemos otra opción?.
Los preparativos para la marcha se ultimaron con rapidez. Un mapa, proporcionado por la sacerdotisa, marcaba la ruta que se suponía habían seguido los asaltantes. Sólo les quedaba esperar a que la joven clérigo acabara alguna especie de rito antes de la partida. Kaliara revisó por cuarta vez los arreos de su caballo, refunfuñando improperios por lo bajo.- Tantos rezos y manías, más les valdría armarse con algo mejor que un bastón.
- Vamos Kali, relájate, estoy seguro que vendrá en un momento – dijo Dolan divertido. – Cualquiera diría que tienes prisa por volver a verla.La mujer le dirigió una colérica mirada.
- ¡Eres tonto Dolan! Pero es cierto que tengo curiosidad por el feronte – le confesó, estremeciéndose al recordar la suavidad de sus caricias y su huida al intentar tocarlo. - ¿Piensas que es verdad que no se acercan a la gente con malos instintos?
El rostro del albino se puso serio repentinamente. Era evidente que a su amiga aún le atormentaba el pasado.
- Kaliara, siempre te he dicho que creo en ti. Nunca hubiera superado la prueba de Yera si en tu interior no existiese el bien, lo sabes, ¿no es cierto?
- Claro amigo – dijo, mas en su voz se colaba la inseguridad.En la sala de los cayados, Alicia recorría despacio la pared de los báculos. Según la tradición de los clérigos, debía sentir cuál de aquellas armas era la que le pertenecía al partir en una larga marcha. Las magníficas varas, alineadas en el muro, estaban hechas de diversas maderas endurecidas. Paseó frente a ellas sin sentir nada especial por ninguna. Mantica, a un lado, se limitaba a observar en silencio, estudiando los suaves movimientos de la joven. Ésta comenzaba el paseo por tercera vez, cuando su mirada recayó en un viejo cayado situado casi al final del muro. Por su aspecto, debía ser uno de los más antiguos. Un escalofrío se adueñó de su espina dorsal y tendió las manos, pasándolas por la pulida superficie con veneración. La superiora cabeceó afirmativamente, era la elegida, sin duda.
Acercándose a ella, comenzó a explicarle las peculiaridades del arma, advirtiéndola de no usar su secreto hasta que no tuviese otra opción. Después de un rato y tras despedirse de los demás clérigos, ambas salieron al encuentro de los guerreros.- Creí que no nos íbamos nunca – masculló la guerrera. - ¿Estás segura de haber rezado todo lo conveniente? Te advierto que en el viaje tendrás pocos sitios para entonar tus oraciones.
- No sólo en el templo podemos hablar con Akhira – le respondió con presteza, mientras subía al tostado ejemplar que le habían asignado. – Claro que no creo que tú sepas mucho de rezos, ¿me equivoco? – increpó burlona.Los ojos de las dos mujeres se cruzaron, siendo los azules de Kaliara los primeros en retirarse del duelo con un bufido de la morena.
- Chicas, chicas, tengamos algo de paz. – murmuró Dolan, pensando en el viaje que le esperaba con las antagónicas féminas. – Mujeres…
El comentario le valió la recriminación de ambas. Dolan suspiró resignado, quizás no fuera tan buena idea que la rubia les acompañara, después de todo.
Los caballos, ajenos a las animosidades de sus jinetes, comenzaron el viaje hacia el sur, siguiendo las indicaciones del tosco mapa, en dirección a las secas tierras del desierto de Agrapa, La franja de secas arenas, era la frontera que marcaba los conocidos territorios del reino de Tainón, de la desconocida zona del gran sur. Animales ignotos, enormes extensiones de bosques, hombres pájaro, dragones, fénix, todo tenía cabida en la excitada imaginación de los narradores cuando se referían a las lejanas tierras.
Continuará...