Esta historia trata sobre el amor entre dos mujeres si te gusta el tema sigue leyendo y si no, pues mejor que no sigas porque ¿que tiene de gracioso leer algo que no soportas?
Este es mi primer fanfic, espero que os guste, cuidaos mucho! Y gracias por leerlo.
NUBES NEGRAS
Tercera Parte
Escrito por Persi
- Ya no entiendo nada... - Pense nada más despertarme, ¿despertarme? ¿Acaso dormí aquella noche? No sé porque le dije eso a Natalia... bueno, alguna vez se lo tendría que decir, ocultarle lo que sentía era inevitable. Y aun así ¿por qué me siento mal? – Miedo... - Suspire tras terminar dicha palabra, tenia miedo. Y no miedo de que no me quiera, porque si me rechaza pues lo podría aceptar, pero si me deja... ¡ni si quiera debo pensar eso! ¡No quiero ni que se me ocurra! Y sin embargo, no pienso en otra cosa... Lo peor de todo será la cara de Natalia, ¿qué cara pondrá?... ¿tendrá asco de mí?, Ojalá pudiera cambiar todo, parar el tiempo, para situarme en uno de esos momentos en los que ella y yo hablábamos sobre la hierba, mientras observábamos las estrellas, o cuando ella sonreía, mientras que la luz de su mirada se hacia tan fuerte, que ni si quiera el Sol podía compararse con dicha luz. A veces en mi tristeza, recuerdo como se ruboriza, o como manotea nerviosa cuando esta en apuros, y no sé porque, pero entonces la tristeza se desvanece. ¿Y no sé por que? Claro que lo sé... La amo. Y a decir verdad ¿quién no la amaría? La amo hasta cuando habla sin parar, pero cuando me mira, creo amarla aun más ¿Y por qué esta mal sentirse así? ¿Por qué esta mal experimentar algo tan bonito? La respuesta es que no esta mal, y nunca lo estará.
¡Ariadna!, Es hora de desayunar- Grito una voz desde la cocina, y sin embargo, ni me inmute, sé que debo hablar con Natalia, tarde o temprano debo hablar con ella, pero prefiero... prefiero que sea tarde, porque si me va a dejar, pues que me deje cuando yo ya me haya hecho a la idea- ¿Ari?- Pregunto la misma voz de antes mientras abría lentamente la puerta de mi habitación, encontrándome tumbada entre las sabanas, con los ojos entre cerrados, uno de mis brazos me autoabrazaba por la cintura, mientras que el otro recaía sobre el colchón, hacia el suelo- ¿Estas bien hija?- pregunto mi madre mientras se acercaba a mí, en su rostro empezaba a dominar la preocupación, me sentí mal por fingir de aquella manera, pero ya que era una actriz, debía terminar con la función
- No... - Dije en un suspiro, roncando un poco mi voz, mi madre se inclino hacia mí, y me acaricio la mejilla con ternura, como solo una madre sabia hacerlo
- Será mejor que te quedes en casa- Agrego con una sonrisa forzada- Luego si quieres avisamos al medico... – Dijo con cariño, me tomo de la mano y prosiguió- Si te encuentras peor, llámame al trabajo ¿vale?
- Asentí despacio, tras hacerlo, ella deposito un dulce beso en mi mejilla, después murmuro una serie de palabras que no pude entender ya que me empezaba a quedar dormida.
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¡Yo... yo también te amo!- Ensaye mentalmente, mientas me dirigía a casa de Ariadna, normalmente no iba a buscarla, pero hoy era distinto, necesitaba hablar con ella, y no era una de esas necesidades de las cuales crees tener, pero cuando las tienes no las necesitas, no, era una de las necesidades de: te necesito más que al aire de mis pulmones, más que a la vida de mis venas, camine despacio, aunque en el fondo, quería correr hacia sus brazos, estremecerme entre ellos, mientras me perdía en su esencia, mientras mis manos recorrían su cuerpo. Cuando llegue a la entrada de su casa, me pare en seco, todas las maquinaciones sobre lo que debía decir y como debía decirlo se me había olvidado, como la nada; plaff, habían desaparecido. Mi corazón se paro de golpe cuando la puerta empezó a abrirse, me separe un poco esta, y entonces vi a la madre de Ariadna, sonreí, pese a que hubiera deseado más que hubiera sido Ari- Hola Natalia- Dijo la mujer mayor, con voz cariñosa- ¿Esperas a Ari?- pregunto con sencillez
- Sí- respondí tras una pequeña pausa
- Lo lamento, no va a poder ir, esta enferma- respondió con tristeza
- ¿Enferma?- Me dolía pensarlo, pero oírlo, era mucho peor... entonces se me ocurrió una idea, corrección; una descabellada idea, pero al fin de cuentas, una idea- ¿Puedo cuidarla?- La madre de Ari arqueo una ceja, el gesto me agrado, ahora ya sabia de quien lo había heredado mi guerrera- Así... así puedes estar tranquila... y trabajar sin preocupaciones- Aclare con un ligero tartamudeo, mientras añadía más expresividad a las palabras con mis manos
- Es una fantástica idea- Respondió la morena- Que lastima que no se me haya ocurrido a mí- Me dijo a la vez que sonreía- Cuídala, ella te quiere mucho- Y tras decir esto me dio las llaves y se marcho, dejándome de piedra, con mi mandíbula rozando el suelo ¿A.. Acaso ella sabría algo?
Rápidamente deseche estos pensamientos de mi cabecita, a la vez que entraba en la casa, sin hacer mucho ruido.
Con la misma calma, subí los escalones, directa a la habitación de Ariadna, lentamente abrí la puerta que me separaba de la persona que más amaba en el mundo. La visión que me encontré fue más hermosa que la de mis propios sueños, Ari estaba sumergida en los brazos de Morfeo, con el rostro dominado por la calma, por la paz. Y a decir verdad, si no estaría enamorada de ella entonces, me enamoraría con esa imagen. No se cuanto tiempo paso mientras la observaba, solo sé, que desee abrazarla, y sin pensármelo dos veces me descalce, para acostarme a su lado. Ella ni lo noto, estabamos cara a cara, en realidad no podía dejar de mirarla, no podía poner mis ojos en otra cosa que no fuera ella. Mi brazo inquieto, rodeo su cintura, y con una sonrisa en los labios decidí cerrar los ojos.------------------------------
Sudores fríos surgían por mi piel, para recorrer los poros de mi cuerpo, los espasmos, la respiración entre cortada, se hacían cada vez más constantes, note un extraño peso sobre mi, que me tranquilizaba, y aun así, las pesadillas continuaban atormentándome. Abrí los ojos de forma brusca, mis pupilas lo notaron y se contrajeron ante la luz que las invadía, aun así, deje mi vista perdida en el techo, entonces unos delgados brazos me rodearon de nuevo... pero... ¿de quien eran esos brazos? Lentamente gire mi cabecita para encontrarme a Natalia dormida... ¡en mi cama! ¡Conmigo! ¡Después de lo que le dije! Sonreí de oreja a oreja, si alguien me preguntase alguna vez que, que era la felicidad, ya sabia que responderle. Era tan hermosa, tan dulce, y en mis brazos se veía tan bien, yo quería protegerla de todo, de todos. Ojalá fuera mía... ojalá. Me estire con paciencia, sin despertarla, me quería levantar, pero no pude, y si lo hubiera hecho, seguro que segundos después ya estaría otra vez entre sus brazos. Me fije entonces en la forma que me abrazaba, me gustaba. Con delicadeza, tome su mano con la mía, y entrelace nuestros dedos, ella ronroneo, nunca había escuchado un sonido igual, era fascinante y lo mejor de todo es que me encantaba estar así. Note como se estiraba, y lentamente abrió esos hermosos ojos verdes que tenia, los cuales yo observaba con pasión, con devoción, como si fueran dignos de adorar, y en realidad, lo eran. Tenia tantas cosas que decirle, tantas cosas que explicarle, pero la voz se me atragantaba en mi interior, ella me miraba y sonreía, a lo mejor le pasaba lo mismo que a mí. Afloje la intensidad de aquella unión que tenían nuestras manos
- No- Me interrumpió ella, su voz era suave, y aun así, más que suplica, parecía una orden
- ¿Te molesto lo que dije ayer?- Pregunte tras un leve silencio, pero tras hacerlo, el silencio volvió
- No- Respondió la rubia mientras un intenso brillo se apreciaba en sus ojos
- Pero tu... no... no igual ¿no?- Cuestione mientras me reía nerviosa, por la inconexión que tenían mis palabras, la mire con miedo, con dudas, y sin embargo, ella no parecía notarlo
- ....mmmmm- Exclamo Natalia, cuando de forma hábil se sentó a horcajadas sobre mí cuerpo, tomándome firmemente las manos- ¿Me preguntas que si yo te amo?- Agrego a escasos centímetros de mi rostro
- Te lo pregunto- Afirme con voz ronca, deseando oír la respuesta ansiosamente
- Acércate un poco más y te lo diré- Susurro con apenas voz, pense en acercarme lo justo, pero no pude evitarlo, y la bese con todas las ganas que estaban retenidas en mi alma. El beso cada vez se profundizaba más y más, y pense que era capaz de morir por un solo beso. La primera vez que la bese no fue lo mismo, solo fue como para decirle: yo tengo razón, tu no, pero esto era maravilloso. Siempre había deseado besarla como lo estaba haciendo ahora, notaba como esa parte que a todos nos falta, se me veía saciada, completada. Y la extraña sensación de las mariposas revoloteando en el estomago no tenia comparación con lo que estaba sintiendo, me sentía viva, feliz. Nuestros rostros se fueron separando, a causa de la falta de oxigeno. Ella sonreía, y yo me derretía ante ese gesto.
- Te amo- Me atreví a decirle, sin miedo, sin dudas, simplemente le abrí mi corazón, le dije lo que sentía
- Y yo a ti también te amo- Respondió ella, con una seguridad similar a la mía, acerco de nuevo su rostro, besándome con todo el deseo que había retenido en su interior, tras el beso, me tomo de las manos, y las guío hasta su camisa, haciendo que le arrebatara la prenda, para poder apreciar mejor su cuerpo, yo hice lo propio con mi ropa, hasta que segundos después, las dos estabamos desnudas, olvidando las palabras y los versos, para conocer el lenguaje de las caricias, de los besos.Nunca había hecho el amor con nadie, ni Natalia tampoco. Pero no había dudas, solo amor, pasión, y deseo. Al final, terminamos las dos agotadas, Natalia estaba recostada sobre mi hombro, mientras que yo le acariciaba el cabello con ternura
- ¿Hey Ari?- Me pregunto casi en silencio, recibiendo un pequeño gruñido de mi parte, afirmándole que la escuchaba- ¿De qué estas enferma?
Me quede totalmente en blanco, sin saber que decir, tome la mano de mi amada y decidí acercársela hacia mi pecho, donde mi corazón latía- Estoy enferma de amor
Natalia estallo en una dulce carcajada- Lo sé- Me dijo a la vez que me guiñaba el ojo- Porque yo también tengo lo mismo, ¿sabes?- pregunto en un instante- estoy inspirada...
- Ohh no- Dije fingiendo estar aterrorizada- me temo una poesía ¿no es cierto?
- Ohh sí, ya lo creo- Susurro la bajita, con un brillo intenso en la mirada
- Deslúmbrame- Le pedí abrazándola más a mi cuerpo
- Esta bien... – Concluyo la rubiaNegras,
parecen negras
Pues la noche las alimenta
Las consuela
Pero nuestro amor es la llave
La fuerza
Que derrotara
A las nubes negras.FIN