Disclaimers: Xena: Princesa Guerrera, Gabrielle y todos sus personajes son absoluta propiedad de copyright de MCA/Universal y Renaissance Pictures. No se pretende infringir los derechos de autor en está historia; esta historia no puede ser vendida o usada en beneficio de ningún tipo, pues hay derechos de autor propios. Copias de esta historia pueden realizarse para uso privado, y deben incluir todos los DISCLAIMERS y copyright.

Advertencia de violencia: Solo intercambios de palabras y uno que otro grito.

Advertencia de amor:
Amor del verdadero entre dos mujeres adultas. Si eres menor de 18 añoso por alguna razón no te gustan estas historias. ¿Qué te puedo decir?

Dedico esta primera parte de la historia mi joven compañera de lista Shyara, una dulce bardo que al igual que yo, cree de todo corazón, en el amor verdadero, ese que es capaz de traspasar todas las barreras, incluso la muerte. Sigue a tu corazón amiga, no te dejes vencer por nada, ni por nadie.

Comentarios a: ffmorgan1@hotmail.com


LA MALDICION (TERCERA PARTE)

FFMorgan

- ¿Ahora crees que eres la elegida? – hizo la pregunta con voz ansiosa, la joven la miró a los ojos con tristeza
- No... Aun no creo que sea la elegida... Aun no creo en esta extraña historia, La razón me dice que todo esto es un mal sueño, una locura... pero...
- ¿Pero que? – quiso saber Ares
- Mi corazón... que siempre se ha mandado solo... me dice que debo intentarlo... y como bien dicen ustedes... Siempre sigo a mi corazón...
- ¡Así se habla! – Levantándose de un salto y recobrando su antiguo brillo en la mirada, el antiguo dios de la guerra sonrió ampliamente - ¡Por fin seremos libres! – el grito salió de lo mas profundo de su alma
- Tranquilo hermano... – Tomó su brazo con delicadeza – Recuerda que romper la maldición no es lago fácil... Aunque sea la elegida, no tenemos la certeza de que lo logrará...
- ¡Oh sí... lo hará! El poder de su amor es más grande que cualquier cosa en esta vida... Ahora lo sé... ahora puedo comprenderlo... hube de pasar siglos de dolor para comprender que dos almas como las de ellas... no pueden ser separadas por nada ni nadie... todo lo que hice para lograr poseer el amor de mi amada guerrera... fue en vano... porque nunca va a poder amarme como yo lo deseo... – sus ojos dejaron caer unas cuantas lágrimas de dolor, la anciana lo abrazó con ternura
- ¡Oh hermano... cuanto lo siento!
- No lo sientas querida... yo lo he aceptado... solo espero que esto pueda terminar de una vez por todas...
- ¿Si esto termina... no intentaras recuperar el amor de Xelena? – hizo la pregunta con un dejo de preocupación, el hombre entrecerró los ojos al mirarla
- ¿No crees en mis palabras niña?
- Bueno... si me baso en lo que vi de la serie... Tu no inspiras mucha confianza que digamos... Si vuelves a ser el dios de la guerra... puede que te olvides de tus palabras – una estridente carcajada resonó en la habitación, el cuerpo del hombre se remeció con su risa
- Deberás confiar en mi... No tienes alternativa – La muchacha no pareció muy convencida, pero en su fuero interno sabía que no tenía otra opción, si querían terminar con la maldición, debería confiar en Ares, de pronto cayó en la cuenta de que estaba aceptando esto con mucha naturalidad, como si creyera realmente en toda esta historia, algo le decía que no podía dejarlos solos, que tenía que quedarse y ayudarlos, no sabía si la maldición era cierta o no, pero debía ayudarlos.
- ¿Qué debo hacer? – pregunto calmada - ¿Cómo terminaremos con la maldición?
- Es una tarea arriesgada mi niña... – advirtió la anciana
- Lo que sea necesario... Lo haré, solo díganme que debo hacer y como lo hago...
- Lo primero es hacer que Xelena te siga a la “Arena de las Almas Perdidas”
- ¿Dónde está ese lugar?
- No sé si sabes que existen distintos niveles en la vida, está la vida tal y como la vemos a diario, la vida consciente, hay otro nivel que es el inconsciente, el mundo de los sueños es un nivel inconsciente, el mundo de los muertos es otro nivel, hay personas que permanecen en el y no llegan nunca a su destino final, el infierno o Tártaro como nosotros lo llamamos y el paraíso o Campos Elíseos, son otros niveles, en la cultura occidental existe el llamado purgatorio, se divide en dos niveles, las almas que purgan sus culpas para poder ir al cielo luego de un tiempo y las almas perdidas que no son bienvenidas en ningún otro nivel, es allí donde se encuentra Ichtia y los dioses de la oscuridad, es allí donde debemos llevar a Xelena, en ese lugar debe llevarse a cabo la lucha contra el peor de los males
- ¿Cuál es el peor de los males?
- El vacío del alma...
- ¿El vacío del alma?
- Si mi pequeña – explico la anciana - El peor de los males es el vació del alma, hay almas buenas, puras, malas, corruptas... pero todas ellas están llenas de algún sentimiento, que puede ser transformado, la maldad en bondad y viceversa, pero el alma vacía no tiene nada, la única forma de combatirla es lograr que algún sentimiento u emoción se albergue en ella, ese será tu trabajo, cuando entremos a la arena de las almas perdidas, la guerrera se convertirá en una de ellas, tu trabajo será lograr despertar en su interior algún sentimiento...
- Como el amor...
- Sería ideal el amor, pero es muy difícil lograrlo de buenas a primeras, la mejor opción es despertar en ella la ira, el odio, la rabia...
- ¿Están locos... quieren que me mate? – ambos sonrieron incómodos
- No queremos que te mate... – explico sereno – pero si despiertas estas emociones en ella... te será más fácil lograr transformarlas en amor
- No creo que sea una buena idea... – su voz sonó a una queja – además no sé como hacer algo así...
- Ya lo has hecho aquí... has logrado alterar a Xelena solo con palabras... – el hombre puso la mano sobre el hombro de la joven rubia que no parecía querer cooperar con el plan – Sabrás que hacer en el momento adecuado... además no estarás sola, iremos contigo...
- ¿Y que harán ustedes? – quiso saber inquieta por el loco plan
- Protegerte de las otras almas perdidas que intentarán atacarte... Nos hemos preparado por siglos para el momento de la lucha final... solo tienes que recordar que la guerrera no debe morir... – advirtió la suave voz femenina
- Y ustedes deben cuidarse ya que tampoco deben morir...
- Lo sabemos... Lacrimose nos ayudará en esto...
- Irá con nosotros – La tranquilizó un poco el pensar que un dios los acompañaría, sería más fácil con él como aliado
- No puede acompañarnos a donde vamos...
- Ya sabía yo que era demasiado maravilloso para ser cierto... ¿Por qué las cosas tienen que ser tan difíciles siempre? ¿Para que ser dios si hay un millón de cosas que no puedes hacer mientras que un simple mortal si puede? ¡Jamás he entendido eso! – soltó tan rápido las palabras que tuvo que respirar profundo para llenar de aire sus pulmones - ¿Cómo nos ayudará?
- Nos conseguirá agua de la fuente de la fuerza del monte Fuji – continuo hablando - nos mantendrá protegidos por un tiempo... esperemos que el suficiente para terminar el trabajo...
- ¡Ah... Genial! Por un momento comencé a preocuparme... – dijo con sarcasmo - ¿Por qué no puede simplemente ir con nosotros y ya?
- Porque es un dios menor – explico un tanto molesto por la actitud de la joven – Sus poderes no son tan grandes como para ayudarnos en esta tarea, solo nosotros podemos entrar a ese lugar... es parte de la maldición Angel – ella cruzo los dedos de su mano apoyando la cabeza sobre sus nudillos suspirando con un gesto de inmenso cansancio, bostezo pesadamente, tapo su cara con sus manos restregando sus ojos con fuerza
- Esta bien... continua – pidió resignada, el hombre siguió hablando
- Esa agua nos dará la fuerza necesaria para permanecer con vida en ese lugar, existen unos sortilegios que mi hermana y yo recitaremos para evitar que nuestras almas se vacíen, debemos llevar las armas originales de la guerrera, su espada y su chacram, tú deberás llevar tus Saids... – ni siquiera se atrevió a preguntar lo que eran los Saids – Liberar el alma de Xelena es solo la primera parte del trabajo...
- ¿Por qué no me asombra? – exclamo con cinismo, los ojos de Ares la hicieron callar – Lo siento... continua por favor...
- Tú y la guerrera deberán ir a la caverna de Zoltar y acabar con Ichtia...
- ¿Las dos juntas?
- Sí... pero... – La joven se agarro la cabeza con las dos manos en señal de desesperación, cerró los ojos esperando por el pero... – Para acabar con ella deben herirla en ciertos puntos de su cuerpo – Angela se rascó la cabeza con vehemencia mirando al hombre con los ojos entrecerrados – Angel – gritó el hombre
- ¿Qué? – pregunto con cara de inocente
- Esto es serio... – reprocho molesto
- Lo sé... no he dicho nada... solo te miro... – hizo una mueca de sonrisa con la cara, el hombre dibujo un cuerpo en un papel, con los cuatro puntos exactos donde debían atacarla, uno para cada arma que llevarían, la espada en el corazón, un Saids en cada hombro, pero por la espalda, el chacram en la frente - ¿Por qué esos puntos deben ser exactos?
- Porque es la única forma de acabar con el alma de Ichtia, en esos lugares se concentra todo el su poder, pueden herirla en cualquier otra parte del cuerpo, pero para acabar con ella, deben hacerlo exactamente como te dije, las dos juntas, al mismo tiempo
- ¿Qué es la caverna de Soltar? – temía preguntar
- Es el templo principal de la arena de las almas perdidas, Ichtia mora en ese lugar...
- Adivinare... – interrumpió serena – Y para entrar a ese lugar... deberemos sortear algunos pequeños obstáculos... – Lo miró triunfante, el hombre meneo la cabeza sin poder contener una sonrisa
- Uno que otro... – dijo con sarcasmo – Espero que conserves el mismo humor cuando estemos allá...
- Oh no te preocupes... si soy la bardo que ustedes creen que soy he luchado con... monstruos... vampiros... dioses... demonios... he vuelto de la muerte... ¿Por qué me voy a amargar por unas cuantas almas vacías? ¿Cuándo nos vamos?
- Debemos prepararnos... Tienes que aprender... recordar algunas técnicas de pelea...
- Esto me va a gustar... ¿Me enseñarás a pelear?
- Así es... Lo recordarás sin problema... es algo que no se olvida con facilidad, tenemos una semana para prepararte
- ¿También hay un tiempo límite para hacer el trabajo?
- Lo hay... a partir de hoy... contamos con seis días para poder entrar a la Arena... si no lo hacemos el quince de Marzo, tendremos que esperar hasta el próximo año
- Quince de marzo... ¿Por qué me es conocida la fecha?
- Porque es el día en que fuiste crucificada junto a la guerrera... Comenzaremos mañana temprano, pasaré a recogerte a las siete de la mañana – Angela se quejo por la hora, el hombre rió palmeando su espalda con afecto- Ahora me retiro a descansar... tú deberías hacer lo mismo
- Lo haré... – dijo despidiéndose de ambos – Buenas noches – subió a su cuarto y se tiró sobre la cama, bostezando, deseaba dormir, deseaba despertar y que todo fuera un mal sueño - ¿Si esto es cierto... porque no puedo recordar nada? ¿No debería poder recordar al amor más grande que he tenido? – se tapó la cabeza con la almohada, no sabía que creer, por un lado estaba su raciocinio que le decía que escapara de ese lugar antes de enloquecer como el resto, por otro estaba ese algo que sentía en su corazón, esos ojos azules que la confundían enormemente -¿Será verdad que no puedo irme? – se pregunto intrigada, decidida a comprobarlo por si misma, salió a hurtadillas de la casa y se encaminó decidida hacia las afueras del pueblo, caminó durante largo rato sin saber bien hacia donde ir, nada le era familiar a lo que encontró en su llegada, no existía un camino por donde salir, solo montañas que rodeaban el lugar – Pues creo que tenían razón... no puedo salir de este maldito lugar... – dio media vuelta para irse cuando se topó de lleno con el par de ojos azules que la miraban de lo alto del negro corcel, no pudo evitar un temblor en su cuerpo, ahora sí era de miedo, sola en medio de la nada, frente a la mujer más despiadada que había conocido, la morena bajó del caballo con una ágil voltereta, quedando a centímetros de la rubia quien retrocedió por instinto, comenzó a caminar a su alrededor observándola fijamente, mientras una sonrisa maléfica asomaba en su hermosa cara, tragó saliva con dificultad intentando mantenerse serena, por dentro se sentía de mantequilla, la morena pasó sus dedos con suavidad por el cuello de la angustiada doctora quien cerro los ojos instintivamente, el contacto con la piel de Xelena al contrario de asustarla, la perturbo de un modo poco usual en ella, sabía que debía correr del lugar pero sus piernas no le respondían, estaba segura que si daba un solo paso se doblarían y caería al suelo
- Así es que... volvemos a encontrarnos... Preciosa... – la última palabra sonó como una caricia a sus oídos - ¿Pero tú no me temes verdad?
- No – logró articular con gran esfuerzo – No te temo...
- ¿No? – acerco su cara a la de la joven haciendo un puchero de niña triste
- No Xelena... – suspiró profundo y se obligó a mirarla a los ojos – No me provocas miedo
- ¿Y que te provoco niña? – se acercó aun más a ella, su cara estaba tan cerca que casi podía tocarla, casi responde “Pena” pero se arrepintió no era sano confrontarla en este preciso momento – Vamos... – Dijo respirando sobre la boca de la rubia - ¿Qué te provoco? – tuvo que cerrar los ojos, esa mirada la confundía, la hacía sentir cosas incorrectas en su corazón, el aliento de la morena la estaba embriagando, con un esfuerzo sobre humano se aparto de ella echándose a caminar, fue tomada con fuerza por el brazo obligándola a darse la vuelta – Sabes que puedo matarte ahora mismo... ¿no? – nunca creyó que de su boca saldrían esas palabras
- Hazlo entonces... – amenazó sin titubear - ¿Qué estas esperando? - un gruñido salió de la sensual boca
- Sería demasiado fácil niña... – la atrajo hacia ella abrazándola por la cintura, sus cuerpos se amoldaron a la perfección, el corazón de Angela latía apresuradamente, nunca se había sentido así con ninguna persona, nadie había logrado acelerar su pulso de esa manera, los muchachos con los que había salido en contadas ocasiones ni siquiera le produjeron cosquillas, pero la proximidad de eta mujer la enloquecía por completo, respiraba con dificultad, la morena asomo la lengua por entremedio de sus blancos y perfectos dientes, pasándola suave y sensualmente por ellos, el menudo cuerpo se estremeció ante este seductor gesto, intentó decir algo pero no pudo, la moren ladeó su boca en una sonrisa, Angela intentó salir del abrazo que la tenía embrujada, los brazos de Xelena la estrecharon más fuerte contra su cuerpo, acercó su boca a la de la muchacha y depositó en ella un suave beso, el cuerpo de Angela se encendió, emitiendo un leve quejido de placer que incentivo a la morena a continuar con su tarea, atrapó la joven boca con ansias, devorándola, la muchacha se abandono a ese beso, abrió la boca para permitirle la entrada sin restricciones, sus lenguas se encontraron, tocándose una y otra vez, saboreándose, era como si se conocieran desde siempre, sabían exactamente que hacer y como moverse, la morena se separo un instante mirándola a los ojos, a la joven le faltaba el aire, una emoción nunca antes sentida la invadió haciendo que sus ojos dejaran escapar unas lagrimas sin poder detenerlas, fue ella ahora quien atrapo la sensual boca con un deseo incontrolable, besándola con ansias, con angustia, con rabia, con amor... Xelena se aparto bruscamente de ella empujándola hacia atrás - ¿Qué crees que haces? – gritó desconcertada
- ¿Acaso no es obvio que te besé? – respondió entre jadeos
- ¡Vete! – ordeno furiosa
- Xelena...
- ¡Que te vallas! – vociferó con la mirada encolerizada, la observó un instante y luego su voz, extrañamente se transformo en una suave súplica – Por favor... vete antes de que... Solo vete... – de un salto subió a su caballo y se perdió en la noche, dejando a la rubia aun más confundida que antes y con un frustrado deseo en el cuerpo, un rato más tarde, cuando había conseguido calmarse volvió al pueblo con paso taciturno, a lo lejos el demonio de cabellos negros la observaba con un extraño brillo en la mirada, si no la conocieran, se diría que ese brillo eran lágrimas.

Al llegar a su cuarto, aun sentía el contacto con esa boca que le provocó miles de mariposas en el estómago, decidió que necesitaba una ducha bien fría si quería lograr dormir algo, luego de bañarse se metió en la cama, el baño le sentó bien, aunque aun sentía un extraño ardor en las entrañas “Dioses...” medito “¿Qué me esta sucediendo? ¿Cómo es posible que desee correr a sus brazos... besar nuevamente esa boca...? ¡Esto no está nada bien!” continuaba sin recordar nada de lo que se suponía había vivido con la guerrera, pero ese beso... Sabía que lo había sentido antes... Esa noche tuvo muchas dificultades para conciliar el sueño.
Al día siguiente despertó con la suave voz de la anciana, tenía un aspecto terrible, unas enormes ojeras, que la hacían ver pálida y demacrada, la mujer mayor se mostró preocupada por la salud de la doctora, esta la tranquilizó explicándole que solo había tenido una mala noche, pero que pronto estaría bien, Zoran paso a buscarla y partieron rumbo al viñedo del cual era dueño, no intercambiaron palabras durante el trayecto, el hombre bajo con rapidez, seguido por la muchacha, rodearon la casa llegando al una gran alameda donde los esperaba un hombre mayor, que se apresuró a saludarlos, Zoran intercambió algunas palabras con el, luego de esto se marcho dejándolos solos, le señaló a la joven una gran mesa atiborrada de diversas armas antiguas, espadas de todo tipo, ballestas, arcos y flechas, dagas, varas de distinto grosor y tamaño, esto fue lo primero que llamó la atención de Angela, se acerco tomando entre sus manos una vara mediana, la sopesó mirándola por todos lados, Zoran sonrió abiertamente, ella se sorprendió por la sonrisa de su amigo
- ¿Qué es lo gracioso?
- Tus gustos no cambian con el pasar de los años... – viendo que ella no comprendía a que se estaba refiriendo – Esa fue tu primer arma de pelea... una vara, nunca te gusto matar... lo hiciste porque las circunstancias te obligaron, pero no porque te gustara hacerlo...Veamos cuanto recuerdas de eso – con una rapidez increíble tomo otra vara asestando un golpe directo a la cabeza de la joven, que no supo como levantó la suya con ambas manos y detuvo el ataque mientras el hombre sonreía satisfecho – Bien, bien... veo que no has perdido tu toque... – otro golpe directo al estómago fe nuevamente bloqueado con gran destreza y otro y otro más, la joven se movía por instinto, no entendía como lo hacía, pero lograba detener cada arremetida de Ares, los ataques se hicieron más y más veloces – Dime... – mientras lanzaba sus golpes - ¿Qué pasó anoche... cuando intentaste salir del pueblo? – la pregunta la sorprendió haciéndola perder la concentración, la vara se estrelló en su estómago, gimiendo cayó de rodillas agarrándose la zona adolorida con una mano, respirando con dificultad, levanto la vista hacia el hombre que reía con fuerza, este le tendió la mano para ayudarla a levantarse, se asió a ella de mala gana, incorporándose mientras soltaba unas cuantas maldiciones inteligibles – Descansemos un rato... – la invitó a sentarse a su lado, mientras servía dos vasos de jugo de naranja, la joven bebió el contenido de un trago, estaba agotada con el ejercicio - ¿Bien?
- ¿Bien que? – la observo con serenidad, la joven haciendo un mohín de desgano, hablo pausadamente – No pude salir de aquí... no encontré el camino por donde llegué – El hombre espero que continuara, pero el silencio se apodero de ella
- ¿Qué te dijo Xelena?
- ¿Cómo sabes...? – El hombre sonrió burlonamente - ¿Me seguiste? – un leve movimiento de cabeza fue la respuesta ¿Nos viste juntas? ¿Por qué no hiciste nada? Pudo haberme matado... – protesto con notoria molestia
- Pero no lo hizo... Aun estas aquí – bajó la cabeza avergonzada por el recuerdo del beso
- ¿Cómo supiste que no me haría daño?
- No lo sabía... – la joven abrió los ojos de par en par – Pero algo me decía que no iba a lastimarte... no lo hizo las veces que tuvo la oportunidad...
- ¿Viste...?
- Si... – la joven se ruborizo nerviosa – Las vi besándose... – la observó de reojo - ¿Quieres hablar de eso?
- No se que decir... solo sucedió... fue... No pude evitarlo, estaba tan cerca, mi cuerpo temblaba... Una necesidad incontrolable me dominó por completo y... bueno, sabes el resto... – bajo la mirada - ¿Qué piensas de mi a hora?
- ¿Pensar?
- Si...
- Siempre supe que esto pasaría niña... – una interrogante en los ojos de la joven – Ocurrió en el pasado... Tenía que ocurrir en el presente... sus almas están destinadas a estar juntas... su amor va más allá de cualquier cosa
- Pero yo pensé que nuestro amor era solo... de amigas, fraternal... Nunca me imaginé que era este tipo de amor...
- ¿Ahora sabes que la amas como mujer?
- No lo sé... solo sé que nunca en toda mi vida había sentido esto por nadie mas... – desesperada – Hay una lucha en mí... Toda mi vida creí que un amor así no era normal... por decirlo de alguna manera... crecí con esas ideas y ahora me encuentro sintiendo algo tan profundo por otra mujer que me aterroriza – el hombre paso su mano por la cabeza de la abatida joven – No sé que hacer...
- Solo sigue a tu corazón como siempre lo has hecho... – una sonrisa de gratitud asomo al húmedo rostro – Si lo que sientes es amor... No puede ser malo ¿No crees?
- Tienes razón... – balbuceó ahogando un sollozo

Pasaron el resto de la tarde practicando con la vara, el cansancio en ella era notorio, pero no se quejó en ningún momento, sentía que había nacido con la vara en las manos, la manejaba como toda una experta, inclusive en uno de los ataques la utilizó como apoyo para saltar por sobre la cabeza del antiguo dios de la guerra, aterrizando a su espalda sin perder el equilibrio, golpeándolo en un costado, logró derribarlo, ahora fue ella quien le tendió la mano para ayudarlo a levantarse, con una sonrisa triunfal en el acalorado rostro. La practica concluyó al atardecer, volviendo a la paz de su hogar y a su cómoda y blanda cama, necesitaba descansar su adolorido cuerpo, Zoran aprovechando su cansancio había logrado acertar unos buenos y fuertes golpes, le gustaba eso de poder defenderse, siempre creyó que en una pelea lo único que podría hacer era salir corriendo, ahora sabía que podía quedarse y pelear, aunque siempre había pensado que pelear era la última opción, después de haber agotado todas las posibilidades, el cansancio la venció y el sueño le dio la bienvenida. El día siguiente fue igual que el anterior, practicaron durante todo el día, casi sin descansar, el hombre le había proporcionado un traje de guerrero confeccionado en cuero café, el tercer día Ares le entregó una caja rectangular, de unos cuarenta centímetros, dentro de esta se encontraban los Saids de la bardo, los tomo en sus manos manejándolos con maestría, los guardo con un rápido movimiento en sus botas, sacándolos con la misma rapidez, tomándolos de las puntas los lanzó contra un armazón de madera que simulaba un blanco, acertando justo en el centro. Llevaban cinco días practicando sin descanso, las habilidades de Angela, mejoraban cada vez más, aunque no era capaz de recordar quien había sido, todo estaba dentro de ella y afloraba sin mayor esfuerzo. El sexto día decidieron descansar, se juntarían esa noche para afinar detalles, paso durmiendo gran parte de la mañana, después de almuerzo decidió salir a cabalgar un rato con el pretexto de relajarse, Zoran solo sonrió, ambos sabían que lo que en verdad deseaba era encontrarse con Xelena, llevaba días sin verla, sin tener noticias de ella, parecía que se la hubiese tragado la tierra, ni siquiera sus empleados la habían visto, coa que los tenía tranquilos, nadie deseaba encontrarse con el demonio de cabello negro, solo Angela estaba ansiosa de volver a verla, cabalgo durante unas dos horas, llego al castillo de Xelena, pero ni señales de la mujer, le pregunto a algunas personas que habían sido sus pacientes y nada, la tristeza invadió su alma, continuó cabalgando hasta encontrar un paso entre las montañas, sin pensarlo atravesó hacia el otro lado, quedó asombrada por la belleza del lugar, un lago de aguas verdes cristalinas, rodeado de grandes y frondosos árboles que bañaban sus ramas en el agua dulce, como fondo del lago una pequeña loma cubierta de flores rojas, amarillas, blancas y violetas, parecía un cuadro , solo que esa pintura estaba viva, podía oír el canto de los pájaros, sonrió sintiéndose en paz, desmontó llevando a Negra de las riendas hasta la orilla del espejo verde, la yegua bebió con toda tranquilidad, luego se alejó un poco para comer de las verdes hierbas que crecían a la orilla, Angela se recostó en el pasto boca abajo para admirar el maravilloso paisaje ecuestre, de pronto un ruido la hizo voltear la cabeza, Xelena estaba tras ella observándola, encontró el moreno rostro más hermoso que nunca y sin proponérselo le regalo una tímida sonrisa, como respuesta la morena la miró sin odio en sus preciosos ojos azules, sentándose a su lado, perdió la vista en el horizonte
- Hola – saludo la rubia – Te estuve buscando...
- ¿Para que? – gruño la guerrera sin mirarla
- Quería verte... Te he extrañado... – hablaba con temor, no sabía como reaccionaría esa cambiante y maravillosa diosa, la mujer sonrió con una mueca de burla en la cara, levanto una ceja en señal de asombro
- Debes estar loca... Todo el mundo quiere evitar encontrarse conmigo... y tu me buscas – su voz era dura y triste
- Yo no soy todo el mundo... y si deseaba mucho verte otra vez... – estiró la mano para tocarla, pero la retiró arrepentida
- ¿Por qué deseabas verme? – los ojos azules de acero la interrogaron, escudriñando cada gesto de la joven que parecía una niña atrapada haciendo una diablura, no sabía si contestar o no con la verdad, y si se enojaba y le daba por golpearla, una cosa era que la morena sintiera atracción por ella, otra muy distinta era que aceptara de buena gana sus sentimientos, después de todo ella no era capaz de sentir amor, pero se arriesgaría
- Porque... Creo que... Te amo... – susurro bajito, la morena abrió los ojos y la boca incrédula, Angela la miró asustada, de pronto Xelena comenzó a reír haciendo que su cuerpo se convulsionara por las carcajadas estridentes
- ¡Sabía que estabas loca niña... – continuo riendo – Pero hasta ahora no sabía cuanto! – se tomo el estómago con las dos manos para soportar la risa, Angela la miró con una mezcla de rabia y decepción - ¿No sabes... Ja, ja, ja... que en este pueblo maldito... – lloraba de la risa – No existe eso que llamas amor... Ja, ja, ja...? – la joven no soportó más la burla en la voz de la mujer, dejando escapar unas cuantas lágrimas se levanto furiosa en busca de su caballo, no se quedaría para que ella continuara riéndose en su cara, estaba a punto de montar cuando las manos de Xelena la tomaron por la cintura - ¿A dónde vas? – le susurro al oído por la espalda acercándola a su cuerpo
- ¡Suéltame! – lucho furiosa por deshacerse de los brazos que la sostenían, la morena la abrazo con más fuerza, sintió su respiración sobre la nuca, acompañada por una leve risita - ¡Vamos... continua riéndote!
- No estoy riendo – mintió divertida
- ¡Que no vea tu cara no significa que sea estúpida... te oí hacerlo! – grito
- Lo lamento... – sonó tan suave la disculpa en la morena boca que la muchacha sintió que se desarmaba - ¿Podrás perdonarme? – habló en su cuello, la rubia tembló en sus brazos, Xelena sonrió sujetándola, evitando que cayera al suelo – No sé lo que es el amor... – continuó con voz seductora – Pero si se parece a lo que me haces sentir cuando te tengo así – estrechó más el menudo cuerpo contra el suyo – en mis brazos... haría lo que fuera para no perderlo... – La joven se recostó en el pecho de Xelena con un suspiro intenso
- ¿Qué te hago sentir? – pregunto con el pulso acelerado
- No lo se... Solo sé que no quiero dejarte ir de mi lado... Quiero quedarme así contigo para siempre... – La rubia sonrió feliz, se volvió despacio rodeando con sus brazos el cuello de la guerrera, la miró a los ojos, no podía ver emoción en ellos, pero sentía el apresurado latir de su corazón junto al suyo
- ¿Quieres saber a que se parece el amor? – pregunto sensual, la guerrera dejó escapar un gemido tenue – El amor se parece a esto... – acercó su boca ala de ella besándola con todo el amor que había guardado en su corazón durante siglos de separación, saboreo cada parte de esa boca que tanto deseaba, una y otra vez, hasta saciarse, Xelena se abandono a ese beso que era nuevo para sus sentidos, era algo tan intenso que sentía el corazón apretado en el pecho, le dolía, parecía que se le iba a partir, la angustia hizo presa de ella y comenzó a llorar en silencio mientras se besaban, la muchacha secó sus lágrimas con ternura, la ayudó a sentarse y la cobijó en sus brazos como a una niña pequeña, acunándola suavemente - ¡Oh mi amor... Tranquila... tranquila! – las palabras lejos de calmar a Xelena la hicieron llorar con más fuerza – Esta bien cariño... puedes llorar todo lo que quieras... yo estoy aquí... se que te duele... se que el amor para ti es dolor... pero no es tu culpa... Todo va a estar bien... lo prometo... Todo cambiara... juntas lograremos que suceda, tu y yo... como siempre ha debido ser... Te amo... Tienes que confiar en mí...
- No puedo confiar en nadie... ¿No entiendes que el mal está dentro de mí... que esto es solo un momento de debilidad... y que volveré a ser la misma de siempre...? ¡No puedo cambiar lo que soy...¡ - gritó desesperada – No puedo... No puedo... – se abrazó a la joven en un gesto desgarrador
- Xelena mírame... – ordeno Angela - ¡Mírame! – levanto los azules ojos hacia ella – Si puedes cambiar lo que eres... Ya una vez lo hiciste... Lo hicimos juntas... Sé que no lo recuerdas mi amor... pero es la verdad – lloraba emocionada – Esta vez no será diferente... estaré a tu lado, siempre... no te dejaré sola... jamás te dejaré... – besó sus ojos, sus mejillas, su boca, su cabeza – Te amo... te amo, te amo... ven conmigo – se levantó y extendió su mano a la guerrera que la miraba derrotada en el suelo – Ven conmigo... – suplicó angustiada, Xelena tomó la mano que se le ofrecía rendida, monto en su corcel sin decir ni una palabra, Angela le sonrió - ¡Quiero ir contigo! ¿Quieres llevarme en tu caballo? – Xelena le indicó que se subiera atrás de ella – No... atrás no... Llévame entre tus brazos... por favor... – la sentó delante de ella, mirando su cara
- ¿Adónde vamos? – interrogó
- Al pueblo...
- No puedo... allí todos me odian... no puedo ir...
- Cree en mi... – besándola con ternura – Solo cree en mí... – azuzó al caballo que emprendió un veloz galope rumbo al pueblo, seguido por negra, los que las vieron pasar quedaron mudos del asombro, entraron al pueblo lentamente, Zoran y Audri estaban en la puerta del hospital, esperándolas, la mirada de ambos al verlas llegar juntas le indico a la doctora que todo estaba bien, ayudó a desmontar a la guerrera que parecía desconfiar de sus amigos, la tomó de la mano con suavidad – Ven conmigo... no te dejaré sola... no permitiré que nadie te lastime... – susurrando a su oído aseguró – Lo prometo mi amor... – entraron a la casa, la cena estaba servida, se sentaron a comer, Angela se veía radiante, una luz salía de su cuerpo iluminando todo el lugar, la guerrera no se separaba de ella ni un instante – Necesita descansar... – dijo la muchacha a la anciana, quien comprendió de inmediato saliendo presurosa del comedor, volvió momentos más tarde con un té de hierbas – Tomate esto amor... te sentará bien – viendo la desconfianza en su azul mirada, bebió un pequeño sorbo ella misma – No te hará daño ¿Ves? – le regalo una sonrisa tranquilizadora, Xelena se bebió todo el brebaje, parecía un cachorro abandonado, atemorizado, Angela acarició su cabello con suavidad, se levanto tomándola de la mano y la llevo a su cuarto, con suma delicadeza, le quito la vestimenta y la metió en la cama, arropándola y recostándose a su lado, la morena se acurruco contra su cuerpo, comenzó a rascar despacio la cabeza azabache mientras cantaba una suave melodía “Estas, estas en mi, aunque no estés aquí... en el rincón de mas calor, donde guardo el amor, entras y te instalas con naturalidad, en el lugar del gran placer... del gran dolor... sobre el puente invisible para los demás... navega vela al viento nuestra libertad, de amarnos contra todos y a pesar, de tiempos... de distancias... porque igual estás... estas... estas en mí, aunque no estés hoy aquí...”, con el sonido de su voz, Xelena se hundió en un profundo sueño, la beso suavemente en los labios y bajó a la biblioteca a reunirse con sus amigos – Se durmió... – dijo sentándose en el sillón que siempre ocupaba – No quiero dejarla mucho tiempo sola... – Zoran asintió con una sonrisa - ¿No les molesta que la haya traído verdad? Debí haber preguntado pero... No hubo tiempo de hacerlo...
- Contábamos con que la traerías Angel – aseguro la anciana, la miró sorprendida – Todo está saliendo según lo planeado
- ¿Ustedes planearon este encuentro?
- No de esta forma... pero contábamos con que la buscarías... y lo hiciste bien – la felicitó el hombre – Ahora será fácil llevarla con nosotros... – Le entrego una espada y un arma redonda con mucho filo – Antes de entrar a la Arena, debes darle esto... son sus armas
- ¿Este es el famoso chacram? – el hombre asintió, la muchacha lo miro intrigada
- ¿Qué sucede?
- Ella no parece saber lo que en realidad sucede aquí...
- No lo sabe... solo sabe que no puede dañarnos, pero no tiene idea del porque, solo mi hermano y yo estamos al tanto de todo... y ahora tu mi pequeña
- Eso explica su actitud... parecía tan indefensa... Oh dioses me partió el alma verla tan derrotada... – Los observo detenidamente – Sigo sin recordar lo que fui, solo sé que amo a esa mujer con toda mi alma y que estoy dispuesta a ir al mismo infierno por ella de ser necesario...
- Esperemos que eso no suceda... – dijo esperanzado – Todo está listo para mañana querida niña, partiremos antes del medio día, la entrada a la arena se encuentra en el castillo de Xelena – Angela volvió a su cuarto, Xelena dormía profundamente
- Eres tan hermosa amor mío... Solo con mirarte mi alma se llena de gozo... – la beso con delicadeza, quitándose la ropa se metió en la cama a su lado, como por instinto la morena la atrajo hacia su cuerpo, pasando un brazo bajo la rubia cabeza, se acomodó en el fuerte pecho suspirando aliviada, se sentía cómoda en esos poderosos brazos que la cobijaban – Buenas noches amor... – susurro con un beso dejándose atrapar por los brazos de su guerrera hundiéndose en el mundo de los sueños.

Abrió sus verdes ojos como nunca, cuando el sol asomaba sus primeros y débiles rayos, iluminando el firmamento, sintió la tibieza del cuerpo de su amada y se regocijó en un suspiro de placer, todo lo que necesitaba en el mundo para ser feliz, dormía plácidamente a su lado, no entendía como podía amar a alguien tanto, en tan poco tiempo, según sus amigos, eran siglos de amor, solo que ella no podía recordarlo, a pesar de esforzarse por hacerlo, pero no le importaba si lo recordaba o no, solo le importaba el amor que sentía en este momento, su corazón nunca había estado tan lleno, tan satisfecho, si era o no la bardo, le daba lo mismo, amaba a esa mujer y ella le correspondía, podía sentirlo en cada mirada, en cada gesto, solo que a Xelena no le estaba permitido darse cuenta de su amor, estuvo observándola durante largo rato, cada vez la encontraba más y más hermosa, se levantó sin hacer ruido, bajó a preparar el desayuno, en la cocina encontró a la anciana esperándola con una bandeja preparada, le regalo la mejor de sus sonrisas y subió corriendo a la habitación, despertó a Xelena con un suave beso en los labios, desconfiada aun, la morena se sentó en la cama mirando de un lado a otro, Angela tomó una de sus manos con delicadeza, depositando un beso en ella, la morena intentó una sonrisa, que termino siendo una mueca que hizo reír a la joven con ganas, desayunaron en silencio, solo miradas, suaves roces de sus manos, algunas por casualidad, otras provocadas por la muchacha, que se divertía la ver las reacciones que estas provocaban en Xelena, en un principio se sobresaltaba, poco a poco fue aceptándolas, hasta llegar a devolverlas con entusiasmo, tanto que en un momento se abalanzó sobre la rubia, tirando la bandeja de la cama, lo que provocó un ataque de risa en Angela, Xelena la miró a los ojos largamente, necesitaba entender que era lo que esa joven tenía en ellos que podía perturbarla de ese modo, comenzó a besarla una y otra vez, la deseaba con una intensidad nunca antes experimentada, era tanto su deseo que perdió el control de sí misma, solo quería hacerla suya, no importaba como, la rubia intentó luchar para liberarse de su ataque, pero Xelena poseía una fuerza extraordinaria.
- Xelena... No lo hagas... por favor – comenzó a suplicar – No tiene que ser así... por favor... – Solo gruñidos como respuesta, las lágrimas bañaron su cara – Te amo... Te amo... No lo hagas... No así mi amor... No a la fuerza... por favor... – Detuvo el ataque de golpe, las lágrimas en el dulce rostro juvenil, la inmovilizaron, se aparto avergonzada acurrucándose sobre la almohada, Angela se acerco a su lado, abrazándola con fuerza, acunándola en sus brazos – Te amo Xelena... Te amo... Todo esta bien, tranquila... no pasó nada – le sonrió tranquilizándola – Todo esta bien...
- ¿Cómo puede estar todo bien después de lo que te hice? ¿Soy un animal... que no lo ves?
- Los animales no se detienen como lo hiciste tú
- No te entiendo... te hago daño, te golpeo, te humillo... y aun sigues a mi lado... ¿Por qué?
- Porque te amo... y así es el amor... el amor perdona todo, además esa no eres tú... Tú nunca me tomarías a la fuerza...
- ¿Cómo lo sabes? ¿Cómo puedes estar segura?
- Solo lo sé... y eso me basta... – dijo con un beso, acallando las protestas de la morena que se abandono a esa demostración del más puro amor.

Partieron al medio día rumbo al castillo de Xelena, las dos amantes cabalgaban juntas en el negro corcel, seguidas de Zoran y Audri, que las miraban sonrientes, la guerrera, orgullosa y altiva, llevaba abrazada a su preciosa carga, echando llamaradas por los ojos a quienes se atrevían a mirarla
- No estoy segura de poder hacer esto – dijo con pesar al oído de Angela
- Tranquila amor... podrás hacerlo... solo confía en mi... una vez que esto acabe, estaremos juntas para siempre...
- ¿Y sabré lo que es amar?
- Ya lo sabes... solo que no puedes sentirlo... pero lo sentirás en cada parte de tu cuerpo, en tu corazón y en tu alma
- ¿Y si te hago daño allá adentro... y si no logras... hacerme volver, aun ahora me cuesta controlar la furia que siento?
- Lo sé... si no logro hacerte volver... me quedaré contigo, no te abandonare nunca, no importa donde estés, voy a estar a tu lado, tú y yo permaneceremos juntas, aquí, en el cielo, en el infierno o en la arena de las almas perdidas... no me importa donde, mientras este a tu lado, esta vez... nada me separará de ti... – La morena intento protestar – No Xelena... No esta vez... nada de lo que digas hará que te deje nuevamente... Entiende... no me importa nada más, solo el estar a tu lado... no intentes convencerme de que esto no está bien, ya te escuche una vez... Te dejé abandonarme por el bien común, ahora sé que nunca debí hacerlo, debí haber echado tus cenizas en la fuente, mi corazón me decía que lo hiciera, hubiésemos encontrado alguna forma de ayudar a esas almas, pero no lo hice, no seguí a mi corazón... ahora voy a seguirlo y me dice que mi lugar esta donde tu estés... – Xelena agacho la cabeza y una leve sonrisa, diferente a las otras asomo en su rostro, podría decirse que era de gratitud. Llegaron por fin al castillo, Zoran le explico a la joven lo que debían hacer con sumo cuidado, evitando que Xelena escuchara su conversación, esta se quedo junto a la anciana, que la miraba con tristeza
- ¿Que miras? – gruño molesta
- Trato de encontrar a la mujer que una vez conocí... y a la que le tenía mucho afecto
- De seguro no era yo...
- ¡Oh sí eras tú!, solo que en esa época, mantenías a raya a tu lado oscuro...
- ¿Cómo lograba hacer eso?
- Ella te ayudaba... – dijo señalando con la cabeza a la joven que hablaba con Zoran – Era tu balanza... Tu guía... Tú brújula...
- ¿Yo la amaba? – con ojos ansiosos
- Con toda tu alma... no había nada más importante en el mundo para ti, que ella... tu amiga, tu compañera... tu familia... tu hogar... tu amante...
- ¿Cómo lo sabes?
- Yo era la diosa del amor... sabía de esas cosas... además ella... era mi amiga
- ¿Amiga?
- Sí amiga... una persona a la que quieres, en la que confías, con la que te diviertes, a la que acompañas en su dolor y en su alegría, alguien especial en tu vida que siempre está aunque no la necesites...
- Nunca he tenido amigos... – gruño molesta
- No en esta existencia... pero los tuviste... muy buenos amigos...
- ¿Yo los quería?
- Mucho... estuviste dispuesta a dar tu vida por ellos...
- ¡Eso es estúpido! – protesto – Dar mi vida por ellos... Ja... es estúpido
- No lo era en ese entonces...
- ¿Listas? – pregunto interrumpiendo la joven doctora, mientras tomaba la mano de la molesta guerrera - ¿Qué sucede Xelena, por qué esa cara? – la morena quitó el enojo de sus facciones, la rubia sonrió – Así me gustas aun más... – beso la punta de su nariz - ¡Vámonos!

Bajaron por las escaleras hasta llegar al sótano del castillo, Xelena no soltaba la mano de Angela por nada del mundo, Zoran busco en el piso hasta encontrar una tapa que estaba oculta, levantándola con dificultad, Xelena empujada por la joven fue en su ayuda, la tapa cedió sin problemas dando paso a otro conjunto de viejos escalones de madera, conservados intactos como por arte de magia, el hombre tomó una antorcha de la pared, invitando al resto a hacer lo mismo bajó perdiéndose en el oscuro foso, las demás lo siguieron con cuidado, el lugar era viejo, húmedo y lúgubre, caminaron en fila india por un estrecho pasillo que desemboco en un pequeño cuarto de dos por dos, las paredes llenas de inscripciones en un lenguaje que Angela no conocía, el hombre comenzó a buscar entre las inscripciones, hasta encontrar lo que estaba buscando, recitó unas palabras incomprendidas para la joven muchacha y de pronto una de las paredes comenzó a moverse, dando paso a otra habitación de las mismas dimensiones, con paredes lisas, sin inscripciones, totalmente iluminada, la luz provenía de las paredes, en el centro de la habitación, sobre el piso, dibujado un gran círculo dorado, con cuatro marcas a igual distancia una de otra, Zoran les indico que se pararan cada una en una marca distinta, sacando una pequeña botella, que llevaba guardada entre sus ropas, les pidió a la anciana y la joven que bebieran solo un sorbo, él hizo lo mismo cuando le llego su turno, le entrego a Angela las armas de la guerrera, pidiéndole que ella se las entregara, la joven entrego a Xelena la espada y el chacram, la morena las tomo acomodando el chacram en un costado y la espada en la funda que le había sido dada en la mañana, tomó la mano de la rubia asiéndola con fuerza, como si no quisiera separarse de ella nunca, la muchacha, beso su mano tranquilizándola con una sonrisa, te amo, dijeron sus labios sin hablar, Zoran comenzó a recitar un viejo conjuro, la anciana repetía cada palabra con los ojos cerrados, la mano de Angela seguía entre la de Xelena que la apretaba con fuerza, de pronto el cuarto comenzó a oscurecer, el piso tembló y desapareció, los cuatro cuerpos cayeron al vacío y la oscuridad
- No sueltes mi mano – gritó en una suplica la guerrera
- No lo haré... nunca la soltaré...
Fue lo último que alcanzaron a decir antes de perder la conciencia.

Continuará...


Indice Fan Fiction

Página Principal