Disclaimers: Xena: Princesa Guerrera, Gabrielle y todos sus personajes son absoluta propiedad de copyright de MCA/Universal y Renaissance Pictures. No se pretende infringir los derechos de autor en está historia; esta historia no puede ser vendida o usada en beneficio de ningún tipo, pues hay derechos de autor propios. Copias de esta historia pueden realizarse para uso privado, y deben incluir todos los DISCLAIMERS y copyright.

Advertencia de violencia: Solo intercambios de palabras y uno que otro grito.

Advertencia de amor:
Amor del verdadero entre dos mujeres adultas. Si eres menor de 18 añoso por alguna razón no te gustan estas historias. ¿Qué te puedo decir?

Dedico esta primera parte de la historia mi joven compañera de lista Shyara, una dulce bardo que al igual que yo, cree de todo corazón, en el amor verdadero, ese que es capaz de traspasar todas las barreras, incluso la muerte. Sigue a tu corazón amiga, no te dejes vencer por nada, ni por nadie.

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LA MALDICION (SEGUNDA PARTE)

FFMorgan

- Le has tomado mucho cariño a esa pequeña ¿Verdad? – otra sonrisa igual en la cara de la anciana
- Es adorable... me robo el corazón su pureza, su candidez... su bondad y sobre todo la gran capacidad de amar... le sale por los poros...
- Te ha contagiado con su amor
- Por fin alguno de nosotros puede volver a sentir el amor en su alma querido... deberías venir más seguido a la casa... Te contagiaría también a ti
- Lo haré mi querida Audri – tomo las ajadas manos entre las suyas – No dudes que lo haré.

Abrió los ojos pesadamente, se llevó la mano a su adolorida cara, tanteándose despacio, su mejilla gracias a dios no estaba inflamada “Gracias a la señora Palm” penso risueña, sentía más herido su orgullo que su rostro, la rabia se había esfumado, no podía estar enfadada por mucho tiempo con nadie, no era su estilo, la habitación estaba en penumbras, “Debo haber dormido toda la tarde”, su estómago gruño de hambre “Te pueden golpear duro... pero las ganas de comer no te las quita nadie” volvió a reír, de pronto el rostro del “Demonio de cabello negro” como la llamó la anciana vino a su memoria, un escalofrío la recorrió “¿Cómo alguien tan hermosa... puede ser tan cruel?”, se revolvió inquieta, esa mujer había logrado provocar sentimientos encontrados en su mente, por un lado sentía fascinación por su belleza, su corazón dio un vuelco al verla, nunca le pasó eso con nadie, se sintió desnuda ante su azul mirada, pero por otro lado la irritaba su arrogancia, esa sonrisa maquiavélica le erizaba los pelos de la nuca, volvió a estremecerse al recordarla, “Espero no tener que toparme nuevamente con ella” dijo en voz alta, guardo silencio por un momento, ni siquiera ella creyó en sus palabras, la verdad es que en su fuero interno, ansiaba encontrarse con esos ojazos más azules que el cielo, “Estas demente” se reprocho molesta “Te golpea... te trata como si fueras basura... y quieres volver a verla... ¿Quién te entiende mujer?”, la puerta se abrió dando paso a la anciana que se acercó a la cama casi sin hacer ruido, Angela sonrió divertida
- Estoy despierta señora Palm – La anciana dio un pequeño salto sorprendida
- ¿Te encuentras bien mi Angel?
- Muy bien...
- ¿Aun te duele mucho?
- Solo cuando me río... – lanzo una carcajada cristalina que fue coreada por la mujer
- Me alegro mi niña...
- Yo también me alegro... – su estómago volvió a gruñir
- ¿Qué fue eso?
- Fue el monstruo que llevo dentro... ja, ja, ja... Tiene que ser alimentado varias veces en el día sino... puede ser peligroso hasta para usted
- Vamos mi niña - dijo divertida – Alimentemos a esa bestia antes que nos devore a las dos... – Bajaron riendo tomadas del brazo las escaleras, unos golpes en la puerta las sobresaltaron – Ve al comedor querida... yo atenderé – la joven notó intranquilidad en la voz de la Señora Palm por lo que se quedó tras ella, la anciana abrió la puerta con cautela - ¿Quién es?
- ¿Esta la doctora? – una voz de mujer hizo la pregunta, la anciana abrió más la puerta, parada frente a ella había una muchacha de unos veinte años, de cabellos largos y rubios, pecosa, ojos color aceituna, con la misma extraña expresión en la cara que el resto de los habitantes del pueblo
- ¿Qué sucede? – pregunto Angela acercándose a la muchacha
- Mi hermano se cayó del caballo... – Hablaba sin emoción en la voz – Parece que se rompió la pierna, ¿Puede ir a verlo?
- No – la anciana casi grita la respuesta – Tráiganlo y ella lo verá aquí...
- Señora Palm...
- ¡No Angel... no discutas conmigo! Treilla trabaja para Xelena... – Miró a la muchacha con desconfianza - ¿Es cierto lo de tu hermano o te pidieron que vinieras a buscarla? – La muchacha no se inmuto
- Es cierto... lo tiró el caballo...
- Señora Palm... – pidió con suavidad – Si tiene la pierna rota, sería mejor no moverlo... déjeme ir por favor... estaré bien... No se preocupe, sé cuidarme bien...
- Sé que sabes cuidarte mi Angel... Pero Xelena es muy peligrosa, no tienes idea de cuanto... – dirigiéndose a la joven de la puerta ordeno – Busca a Zoran y tráelo aquí... – miro a Angela decidida – Iras solo si Zoran va contigo
- Pero...
- Sin discusiones mi niña... sé lo que te digo – la muchacha desapareció en la tenue penumbra – Con él a tu lado nada te pasará... – Palmeo con dulzura la magullada mejilla de la doctora, Angela movió la cabeza y partió en busca de su maletín, Zoran llego momentos mas tarde, tenia una carreta esperando fuera de la casa, la anciana le dirigió una mirada de advertencia
- Tranquila Audri... Nada nos pasará – Subieron los tres a la carreta y desaparecieron en la noche, la anciana se quedo en la puerta con el corazón en la mano, elevo una plegaría a los dioses y volvió a entrar en la casa cerrando la puerta.

La carreta avanzó en silencio por el camino, los caballos avanzaban sin dificultad, la noche estaba clara, la gigantesca luna colgada del cielo brillaba con todo su esplendor, parecía que sonreía, la joven la miró absorta, una diminuta sonrisa ilumina su rostro, Zoran la observo de reojo
- ¿Qué sucede Angel? – pregunto con curiosidad al ver la alegría de su cara
- Mira la luna Zoran – El hombre levantó la vista encontrándose con el luminoso astro, con cara de no entender volvió a mirar ala doctora
- ¿Qué pasa con la luna?
- Está sonriendo...
- ¿Esta que...?
- Esta sonriendo... fíjate bien... tiene una hermosa sonrisa en su blanco rostro – el cuerpo del hombre comenzó a vibrar al son de enormes y estruendosas carcajadas, reía con tantas ganas que Angela se contagió imitándolo, la muchacha pecosa observó a Zoran con un brillo extraño en la mirada, no conocía ese tipo de risa, solo había escuchado la risa de Xelena y esta no se le parecía en nada, no existía maldad ni crueldad en esta risa, era un sentimiento diferente que no había experimentado nunca, una mueca de sonrisa asomó a su impávida faz
- Esta... – entre risas – Sonriendo... Eres... Eres increíble – repetía una y otra vez Zoran, tomo una gran bocanada de aire para reponerse – Oh niña mía... Hacía siglos que no reía de esta forma...
- ¿De que forma? – La pregunta fue echa por la pecosa - ¿Qué es eso que percibí en tu risa?
- Eso muchacha... se llama alegría...
- ¿Alegría?
- Si... – explico Angela – Alegría... es cuando tu corazón esta contento... feliz... cuando sientes que va a estallar de gozo... sientes enormes deseos de expresarlo, de abrazar a las personas a las que amas... – guardo silencio de golpe al recordar lo que la anciana le había contado, la pecosa no sabía lo que era amar, así es que no entendería su explicación, Zoran acaricio su brazo como señal de que no continuara hablando
- Gracias por este antiguo placer querida... – le guiño un ojo cómplice – No imaginas cuanto lo he disfrutado, Audri tiene razón... debo ir más seguido por su casa, así me contagiaras con tu alegría más a menudo... La luna esta riendo... – repitió bajito – Solo a ti podía ocurrírsete algo tan encantador...

Llegaron a la choza de Treilla, la madre de la joven salió a recibirlos haciéndolos pasar, el muchacho de unos veinticinco años, estaba recostado en un camastro destartalado que parecía se desarmaría en cualquier momento, el lugar estaba limpio, pero evidenciaba una inusual pobreza para el lugar, muebles que alguna vez estuvieron en buen estado adornaban ahora el maltrecho lugar a punto de desaparecer, Largas y ruinosas cortinas separaban una habitación de otra, las demás camas se veían peor que la del muchacho, Angela miró a Zoran pidiendo una explicación, el hombre sonrió de mala gana, dándole a entender que hablarían luego, reviso al joven con sumo cuidado, su pierna no estaba rota, solo una torcedura en su tobillo y uno que otro golpe, que pronto tomaría un color azulado, Zoran buscó una tabla que pudiera servir para inmovilizar la extremidad del joven, con maestría la doctora entablillo la pierna mientras el resto la observaba hacer, pidió que lo llevaran al día siguiente al hospital, necesitaba poner yeso, la tablilla serviría solo por esta noche, la madre les ofreció una taza de café que aceptaron gustosos, la mujer se sentía un poco incómoda por no tener dinero para pagar la visita de la doctora, Angela le acarició un brazo para tranquilizarla, diciéndole que no se preocupara, la mujer se sorprendió ante el gesto de cariño, pero lo acepto sin retirar el brazo, el joven les contó como sufrió el accidente, en el relato no podía dejar de aparecer Xelena, que resultó ser la responsable de la caída del muchacho y lo peor de todo es que lo dejó tirado sin prestarle atención, Zoran decidió que era hora de irse, se despidieron de la familia y emprendieron el camino de regreso al pueblo, Zoran le explico que la gente que trabajaba para Xelena, era tratada peor que animales, recibían un salario de hambre, debían pagar alquiler, por las chozas donde dormían, eran golpeados, maltratados, incluso más de uno había desaparecido sin dejar rastro, le temían como al mismísimo diablo, no podían abandonar las tierras porque habían firmado un contrato que los ataba a ella casi de por vida, la cantidad de dinero exigido para anular el contrato, era exorbitante, con lo poco que ganaban les era imposible pensar siquiera en dejar esas tierras, que sabían serían sus tumbas, le contó también que Xelena tenía la costumbre de tomar jovencitas incautas para ciertos extraños juegos que le provocaban placer, pero esos eran solo rumores puesto que nunca una de las jóvenes había abierto la boca para acusarla, esto dejó perpleja y sin habla a la rubia. Viajaban en silencio, mientras a lo lejos una figura montada a caballo, fijaba su azul mirada sobre la carreta, centrando toda su atención en la rubia ocupante, Angela sintió un escalofrío en la espalda, volvió la cabeza para mirar y vio la lejana silueta, sintió un enorme deseo de ir en su busca, una necesidad de volver a ver esos ojos azules como el hielo, de solo pensar en esa mirada tembló, se dio cuenta que el temblor no era de miedo, no atinaba a entender que sentía, pero lo claro es que no era miedo, Zoran la observaba de reojo
- Nos esta viendo – interrumpió sus pensamientos, el hombre asintió con la cabeza
- ¡Lo sé! – apuró los caballos con suavidad – No se acercará
- ¿Por qué estas tan seguro?
- Por que me teme
- ¿Te teme?
- Y me respeta... – Angela soltó una risa burlona - ¿Qué es lo gracioso?
- Que Xelena respete a alguien... me causa gracias, creí la palabra respeto no existía en su diccionario
- Sabe que no puede dañarme... no es conveniente para ella
- ¿Por qué?
- No es el momento de hablar de eso... ya te enterarás – mirando la cara de disgusto de la joven, le regaló una sonrisa – Ten paciencia Angel... a su tiempo sabrás todo lo que necesitas saber... Lo prometo – de pronto un agudo grito los sobresalto
- Ahíiiiiiiahíiiiiiii – la silueta se acercaba a ellos a todo galope mientras el demonio de cabello negro gritaba enloquecida, Zoran detuvo la carreta y esperó paciente, la morena freno su alocada cabalgata a unos diez metros de ellos, el pelo revuelto, las mejillas encendidas, aun en la oscuridad de la noche podía verse el cielo en su fría mirada, el verde y el azul se mezclaron un instante que pareció eterno, la joven no aparto los ojos de ella
- Nos volvemos a ver rubia... – gruño ansiosa, afilando sus ojos con evidente intención de intimidarla, Angela a pesar de su temblor interno se mantuvo firme, esto pareció agradarle a Xelena que sonrió de un modo extraño – Tu niña no se intimida con facilidad ¿He Zoran?
- ¿Debería hacerlo? – quiso saber la joven desafiante, la morena soltó una enorme carcajada, doblando su cuerpo hacia atrás
- ¿Se te ofrece algo más Xelena? – la pregunta del hombre la tensó nuevamente, volviendo a mostrar frialdad en su hermoso rostro
- Tú y yo no hemos terminado – apunto a la rubia con un dedo amenazador
- ¡Cuándo quieras... y donde quieras! – se irguió desafiante sobre la carreta, el hombre la sujeto con suavidad del brazo obligándola a sentarse, Xelena espoleó a su caballo desapareciendo tras el manto de la oscuridad, la joven resopló molesta mientras reanudaban su marcha – Ella logra irritarme... es tan... tan...
- ¿Arrogante?
- Sí y tan... tan...
- ¿Altanera?
- Sí y tan... – su mirada cambia de rabia a ensoñación – Tan...
- ¿Hermosa?
- Sí... – se dio cuenta de lo que había dicho y el rubor asomó a sus mejillas, bajo la vista avergonzada, Zoran rió con fuerza
- No te avergüences pequeña... ella tiene un encanto especial... todos caen rendidos a sus pies...
- ¿Cómo así?
- Nadie se le resiste a Xelena... sea hombre o mujer... tiene un poder de atracción inexplicable... Cuando desea algo u a alguien... lo consigue, si no es por las buenas, lo hace por las malas... Aquellos que han osado desafiarla... no han vivido para contarlo...
- Excepto tú y la señora Palm
- Así es – la miro divertido
- ¿Qué?
- Excepto Audri, yo... y ahora tú... – cayó en cuenta de que ella la había desafiado las dos veces en las que se enfrentaron, no solo la desafió, también la insulto, con ojos llenos de asombro miro a Zoran – No lo sé... – fue la respuesta
- ¿No sabes que cosa?
- Tu pregunta Angel...
- No te hice ninguna pregunta
- Pero la pensaste...
- ¿Com... me dirás ahora que lees la mente?
- No fue necesario niña, la tenías escrita en la cara... ¿Por qué no me mato cuando la insulte?... No lo sé... - la joven sonrió
- ¿Tan evidente fui?
- Tu rostro expresa más de lo que crees... solo hay que saber leerlo
- ¿Qué leíste cuando me enfrente a Xelena?
- Ja ja ja... – con voz divertida - ¿Quieres saberlo?
- Sip...
- Bien... Parecías muy firme, decidida y valiente, pero la verdad es que por dentro estabas temblando entera... – la miro directo a los ojos – y no era por miedo... – habiéndose visto descubierta, una risita nerviosa escapo de sus labios - ¿Me equivoco?
- No – en un susurro – Es exactamente como me sentí ante ella...
- ¡Cuidado Angel! – la sombro la preocupación en la masculina voz
- ¿De que debo tener cuidado?
- ¡De tus sentimientos... pueden traicionarte!
- No... el corazón jamás traiciona Zoran... confió en el mío, no sé bien que quiere decirme con respecto a Xelena... – guardo silencio por un instante mirando al cielo – No se porque, con toda esa maldad que irradia, con su arrogancia, su crueldad, todas las cosas horribles que hace – Zoran fue ahora el sorprendido – No me he enterado de nada, pero no se necesita ser muy lista para imaginárselo... – una afirmación del hombre con la cabeza le indico que estaba de acuerdo con sus palabras – Mi corazón no le teme... me hace temblar su presencia, es cierto, pero no es por miedo...
- ¿Compasión? – La carreta se detuvo frente a la puerta del hospital, Angela bajó de un salto, no sin antes besar la mejilla del hombre
- Puede ser compasión... ¡Buenas noches Zoran!
- Buenas noches Angel... dulces sueños – La carreta se alejó rumbo al establo seguida por la mirada de la joven, la puerta se abrió y la señora Palm la tomó de un brazo obligándola a entrar. Esa noche tuvo muchos problemas para conciliar el sueño, un par de azules ojos no querían despegarse de sus recuerdos.

Había pasado una semana desde su último encuentro con Xelena, había sido una semana muy atareada, al parecer el demonio de cabello negro dio rienda suelta a su crueldad, lo que ocasionó que el hospital se viera atiborrado de personas presentando severas cortaduras, golpes en todo el cuerpo, huesos y narices rotos, un anciano que oso mirarla, según ella con desprecio, fue traído con graves quemaduras en los ojos, por más esfuerzo que hizo la joven doctora, el anciano no pudo volver a ver nunca más, otro llegó sin una mano, otro sin una oreja y así se sumaban más y más, Angela estaba agotada, no solo por el trabajo, el dolor que sentía al ver tanto sufrimiento la estaba desgarrando por dentro, de noche lloraba en su cama sin saber que podía hacer para detener este creciente rió de dolor que cubría al pueblo, parecía que a nadie más le importaba lo que estaba sucediendo, terminó de atender a su último paciente y se dirigió al comedor, donde la esperaba una mesa hermosamente decorada, estos eran los momentos que más disfrutaba, la comida junto a la dulce anciana, que en estos días se había vuelto muy silenciosa, demasiado para su gusto, pero siempre lograba hacerla sentir bien, un abrazo, una caricia, una sonrisa, lograban animarla un poco, esta vez había tres puestos en la mesa “Tendremos un invitado supongo” pensó sirviéndose un vaso de jugo de naranjas natural, se llevo el vaso a la boca y vació el contenido hasta la última gota “Uf... Estaba sedienta”, la puerta se abrió dando paso a la anciana acompañada de Zoran, la joven los saludo afectuosa y cenaron casi sin hablar, se sentía un poco incómoda con tanto silencio, pero visto que sus acompañantes no parecían tener deseos de comunicarse, se dedico a dejar volar su imaginación, la imagen de los azules ojos que asomo a su mente la estremeció, tanto horror causado por esa mujer, debería odiarla o al menos aborrecerla, sin embargo no podía hacerlo, algo se lo impedía, la cena concluyó, penso en retirarse a su cuarto para dejar solos a sus acompañantes, pero Zoran le pidió que los acompañara a la biblioteca, necesitaban hablar con ella, pensó en rehusarse, no tenía ganas de escuchar otra historia de viejas memorias de la señora Palm, se sentía cansada y triste, pero la mirada severa del hombre la hizo desistir aceptando la invitación muy a su pesar, se dejó caer en un mullido sillón junto a la chimenea que estaba encendida, la temperatura del cuarto era agradable a los sentidos, la anciana sirvió tres copitas de coñac dándole una a cada uno, tomo la suya y se sentó frente a Angela que le regaló una de sus hermosas sonrisas despreocupadas, Zoran se había ubicado entre las dos mujeres, frente a la chimenea, bebieron pequeños sorbos en silencio durante un momento, fue el hombre quien hablo primero.
- ¿Cómo te sientes Angel? – esta lo miró sorprendida, negó con la cabeza con una mueca de molestia evidente
- ¿Cómo crees que me siento Zoran? – Había sarcasmo en su voz – Hace una semana que no he parado de curar heridas hechas por la locura y la crueldad de Xelena... – vació la copa de un trago, levantándose y sirviéndose otra, volvió a su asiento – Y a nadie en este pueblo parece importarle lo que sucede... siguen viviendo como si todo estuviera bien, hasta los mismos afectados salen de mi consulta y vuelven a trabajar para ella como si nada... – nuevamente vació su copa de un trago, la anciana se apresuro a llenarla nuevamente – Gracias señora Palm... ¿Cómo quieres que me sienta?... Frustrada... impotente... Furiosa... ¡Dioses! ¿Es que nada puede hacerse para detenerla? ¿Cómo puede no preocuparle a nadie lo que sucede? ¿Qué clase de personas son ustedes... que ven como la vida humana se deteriora y se mantienen impávidos? ¡No logro entenderlo...! – mas calmada – De verdad no lo entiendo Zoran...
- ¿Deseas irte del pueblo? – la cara de la anciana empalideció al oír la pregunta del hombre, la joven se pasó la mano por el rostro cansada, echo la cabeza hacia atrás
- ¡Huuuuffff!... – exhaló con fuerza – He estado tentada a hacerlo... en más de una ocasión
- ¿Por qué no te has marchado?
- No lo sé... – lo miró interrogante - ¡Tú dímelo!
- ¿Yo?
- ¡Sí Zoran! – Elevó el tono de su voz - ¡Tú dime porque no puedo irme a pesar de desearlo! Dime que mierda me retiene en este lugar... ¿Quién eres Zoran... y usted señora Palm... quienes son realmente? ¿Por qué soy la elegida... elegida para que? – Comenzó a caminar de un lado a otro - ¿Hasta cuando me van a tener en ascuas? Sí puedo hacer algo para cambiar las cosas... ¡Quiero saberlo ahora! – gritó esto último desesperada
- Tranquila mi niña... – pidió la anciana intentando abrazarla, la joven se separó de ella y la miró con los ojos empapados en lágrimas
- ¿Tranquila? ¿Me pide que este tranquila señora Palm? ¿Cómo puedo hacer eso? ¡Dígamelo! ¿Cómo puedo estar tranquila viendo sufrir a tanta gente? ¿Cómo puedo estar tranquila sabiendo que la persona que ha causado tanto dolor en este pueblo me hace sent...? – no pudo continuar hablando, se dejó caer pesadamente en el sillón
- ¿Qué te hace sentir Angela?
- Eso no importa ahora Zoran... Por favor – pidió entre un suspiro – Necesito una explicación... Merezco una explicación...
- Lo sé... y la tendrás...
- Ahora – interrumpió – No a su debido tiempo... Ahora
- Ahora... – apuró su trago y se sirvió otro – Responderé tus preguntas pequeña, una a una... ¿Quién soy?... – miró a la anciana y sonrió tranquilo – Soy Ares, el antiguo dios de la guerra – la joven lanzó una carcajada sonora
- ¡Estoy hablando en serio Zoran! – El hombre la miró severamente, la joven titubeó, el hombre hablaba en serio, o estaba loco de remate o era realmente Ares, que más da se dijo, aquí pasan cosas tan extrañas que nada es imposible, suspiró hondo levantando las manos con las palmas hacia arriba – Bien... supongamos por un momento que dices la verdad... continua – pidió
- Soy Ares... créelo o no soy el antiguo dios de la guerra, ella es mi hermana Afrodita, la antigua diosa del amor – La señora Palm saludó con los dedos de la mano – No puedes irte porque realmente eres la elegida y eso te impide marcharte de aquí... – Angela se sirvió otro trago tomándolo de golpe, quizá si se embriagaba le sería más fácil creer la historia que estaba oyendo, aunque por alguna razón su corazón le decía que el hombre hablaba con la verdad - ¿Elegida para que?... para salvar a este pueblo de la maldición en la que está sumido hace miles de años... ¿Cómo hacerlo?... debes luchar contra el mal que nos acecha, eres la única que puedes lograrlo
- Supongo que la historia que me contó la señora... Afrodita – se rectifico aun no muy convencida de lo que decía – No fue del todo cierta ¿O me equivoco?
- Necesitábamos saber si eras o no la elegida, no podíamos decirte la verdad hasta estar seguros... – se disculpo la anciana
- ¿Ahora están seguros?
- Lo estamos – dijo sonriente Ares – Solo la elegida podría soportar tanto dolor sin salir corriendo, los que han venido antes... se marcharon de inmediato
- ¿Qué hubieran hecho si me hubiese ido?
- No puedes irte, no puedes porque en el fondo de tu corazón no lo deseas... sabes que debes quedarte y ayudar a las personas que te necesitan, por eso sigues aquí pequeña – explico Afrodita
- ¿Cómo sabes que lo haré?
- Porque tu corazón siempre hace lo correcto... y tú sigues a tu corazón... y porque deseas salvarla...
- ¿Salvarla? ¿A quien? – Afrodita la miró con una sonrisa suave - ¿A Xelena? ¿Quiero salvarla a ella?
- Así es... por eso no puedes odiarla... a pesar de todo lo malo que hace... no puedes odiarla, nunca has podido hacerlo... – explico el hombre
- ¿Nunca he podido? ¿Eso quiere decir que yo la conozco de antes? – preguntaba lentamente, tratando de entender las palabras que estaba diciendo sin creerlas ella misma – Saben algo... creo que estoy en un gran... gran y esquizofrénico sueño... – levantando las cejas en señal de sorpresa – O estoy rematadamente loca... preferiría que fuese un sueño y ya quiero despertar de el...
- ¿Quieres saber toda la historia o no? – La voz del hombre sonó a amenaza, nuevamente la joven alzó las manos en señal de aceptación
- Bien... ¿Qué puedo perder...? Si es un sueño, despertaré en algún momento y si no lo es, no tengo remedio, así es que adelante Ares... cuéntame toda la historia – se acomodó para oír el resto de la historia, Afrodita río disimuladamente
- Fue hace miles de años atrás... la guerrera de la que te hablo mi hermana si existió, mató a la mayoría de los dioses del Olimpo, nosotros – se miraron – Fuimos afortunados, cuando la guerrera murió su mejor “Amiga” una joven bardo – subrayó la palabra – Cumplió su último deseo, llevar sus cenizas a su cuidad natal... Fue allí cuando yo me enteré de su muerte – sus ojos ensombrecieron – La amaba... en verdad la amaba, el dolor me cegó por completo, me convertí en un dios irracional, mataba a quienes se me cruzaban en el camino, guié grandes y sanguinarios ejércitos, desolé la tierra donde habían matado a mi amada... – la voz se le quebró por la emoción - Culpé a la bardo por su muerte y la perseguí haciéndole la vida insoportable, mi hermana era amiga de la muchacha – la anciana le sonrió pacíficamente – Y la ocultó en uno de sus templos para que yo no la pudiese encontrar, en mis viajes conocí a una diosa escandinava Ichtia, si yo me consideraba malvado, ella era aun peor que yo, unimos nuestras fuerzas para asolar al mundo, ella era cruel, sanguinaria, sedienta de sangre y dolor, yo estaba ciego y la seguí... Mi hermana trató de advertirme que no lo hiciera, pero no la escuche... – su mirada se perdió en el espacio una nube de tristeza la oscureció – Ni siquiera imaginas los horrores que fuimos capaces de hacer... Ichtia intento convencerme de matar a mi hermana Afrodita, mi sed de venganza se estaba apagando, ya no sentía deseos de continuar con las matanzas, eso combinado con los consejos de mi hermana, eran un obstáculo para ella, necesitaba que desapareciera de nuestras vidas y quería que yo me encargara del asunto... Cuando me negué a hacerlo enloqueció, amenazándome con matarla ella misma, fue al templo donde mi hermana había escondido a la bardo para protegerla de mi ira con la intención de terminar con ella, en su lugar encontró a la joven rubia, Ichtia se enamoro de ella apenas la vio, le confesó su amor y le pidió que fuera su amante, la joven no acepto su proposición, Ichtia se dedicó a conquistarla, quería hacerla suya a cualquier precio, trato de obligar a Afrodita a lanzarle un hechizo, para que se enamorara de ella, mi hermana no accedió ganándose con esto un odio aun más profundo de parte de la malvada diosa, tampoco yo quise ayudarla, la bardo, que tenía un corazón inmenso, sentía pena por la mujer, trato de hacerla ver que el amor era algo que nacía del corazón, del alma y que su corazón y su alma pertenecían a otra persona y que, aunque estaba muerta, seguiría amándola por siempre, Ichtia con su corazón lleno de odio por la guerrera y por nosotros dos, buscó a los dioses de la oscuridad, estos seres han perdido el alma y con esto han perdido la capacidad de amar
- ¿Se puede perder el alma? – la joven le pregunto llena de asombro
- Sí querida niña... cuando dejas que la oscuridad se meta por completo en ella, el alma se pierde... – continuó su relato – Con la ayuda de estos seres... Ichtia lanzó un hechizo sobre el templo de mi hermana, transformando el lugar en este pueblo perdido del mundo, antes de lanzar el hechizo, saco a la bardo del lugar, usando como señuelo a la guerrera a quien trajo del mundo de los muertos, logró que mi hermana y yo estuviéramos allí justo en el momento de hechizarnos, así quedamos los tres atrapados por la eternidad en este lugar... Nuestros poderes desaparecieron, seguimos viviendo por siempre en estos cuerpos, nadie puede hacernos daño, excepto nosotros mismos...
- ¿Xelena es la guerrera? – no cabia en sí de su asombro
- Xelena es la guerrera... por eso te dije que ella no podía dañarme... si uno muere a manos del otro... la maldición jamás podrá revertirse
- ¿De donde salió toda la gente que habita el pueblo si estaban solo ustedes tres?
- En ese preciso instante había un grupo de aldeanos, depositando ofrendas a la diosa del amor... quedando atrapados junto con nosotros...
- ¿Son los mismos que están ahora?
- No... son los descendientes de los originales habitantes, la maldición les impidió amar, pero a ellos les está permitido morir, solo nosotros permanecemos vivos generación tras generación, viéndolos morir y nacer
- ¿Por qué ustedes son distintos a Xelena?
- Es parte de la maldición... Afrodita y yo podemos sentir... supongo que es una forma de castigo... ver todas las atrocidades que ocurren sin poder hacer nada para evitarlas... sé que yo lo merezco... hice cosas aun peores como dios de la guerra, ahora me toca verlas a diario y sufrir por eso, mi pobre hermana está pagando por no querer hechizar a la bardo... ¿Por qué la guerrera es tan despiadada?, Porque el día que el hechizo se rompa... será consiente de todo el mal que ha causado... en su antigua vida trató de redimirse haciendo el bien al lado de su amiga, el amor de la bardo y el saber que hacía lo correcto, la ayudaron a sobrellevar su pesada carga, permitiéndose incluso aceptar que podía ser feliz... cuando tome conciencia del mal que nuevamente ha causado... es probable que su alma... – observo los verdes ojos con tristeza – Jamás encuentre la redención ni la paz... – Angela dejó que el llanto que guardaba escapara sin más – Además... – prosiguió el hombre – Al ser tan malvada como lo es ahora... Ichtia creyó que no sería merecedora del amor de su amiga nunca más... alguien con un corazón tan puro... no podría perdonar tanta crueldad, por eso el hechizo la transformó en la antigua destructora de naciones...
- ¿Qué paso con la bardo? – formuló la pregunta entre sollozos
- Olvidó todo lo vivido junto a “Su guerrera”, pero nunca aceptó el amor que Ichtia le ofrecía, su castigo fue vagar por el mundo de vida en vida sin conocer el verdadero amor...
- ¿Tampoco puede amar?
- ¡Oh sí puede hacerlo!, tiene una enorme capacidad de amar... su corazón es inmenso y alberga tanto amor que es capaz de repartirlo al mundo entero... Pero ese amor que solo sientes por tu otra mitad, por tu alma gemela... por tu árbol en el bosque... le está vedado... hasta que logre romper la maldición y se vuelva a encontrar con su guerrera...
- ¿Su guerrera es su alma gemela? – Sin entender mucho - ¿Cómo si una es tan buena y la otra tan mala pueden ser almas gemelas?
- Porque la bondad de una... detiene la maldad de la otra... se complementan... juntas pueden vencer el mal... separadas... no hay nada que detenga la oscuridad en la guerrera...
- ¿Qué papel juega aquí el doctor Hipolito Pirell?
- Es Lacrimose, un antiguo dios... – se apresuró a responder Afrodita – Gracias a él hemos podido mantener contacto con el mundo exterior... Nadie sabe de la existencia de este pueblo... Él fue el único capaz de sentir el dolor de mi corazón... y nos encontró con la ayuda de los destinos, el conoció a la guerrera y a la bardo, lograron hacerlo reír, nunca lo había hecho y ellas lo consiguieron, siempre les estuvo agradecido, por eso nos ayuda, las pocas cosas modernas como la electricidad en el hospital, se las debemos a él, el autobús que te trajo aquí, las noticias del mundo exterior, desde entonces ha tratado de encontrar a la persona capaz de romper el hechizo, durante siglos nos ha enviado a cientos de personas que parecían cumplir con los requisitos para hacer el trabajo, ninguna de ellas pudo lograrlo, la mayoría partía a los pocos días de estar aquí, no soportaban el dolor que veían a diario, los pocos que se quedaron fueron corrompidos por el odio hacia Xelena y terminaron formando parte de este lugar, perdiendo por completo la capacidad de amar...
- ¿Qué hay con la serie de televisión de la que te hable? – El hombre sonrió pacíficamente
- También él fue responsable de eso... creímos que si hacíamos publica la historia de la guerrera... quizá la persona adecuada podría verla y eso... despertaría sus recuerdos o por lo menos... sentiría algo diferente en su corazón... si así fuera, trataría de encontrar respuestas y vendría hasta aquí a buscarlas... sería más fácil dar con ella estando cerca de nosotros... – suspiró profundamente, Angela encendió un cigarrillo, fumar la tranquilizaría por lo menos un poco – Lo cierto es que estabamos dándonos por vencidos, siglos y siglos de búsqueda infructuosa, estaban mermando nuestras esperanzas de terminar de una vez por todas con esta maldición, cuando Hipolito llego un día contándonos de tu existencia...
- No estabamos seguros de querer probar nuevamente, no deseábamos cargar en nuestras conciencias otra alma rota o perdida... – La voz de la anciana se quebró – Nos convenció de hacer el intento por última vez, si no funcionaba... – dos lágrimas rodaron presurosas por el antiguo rostro - ¡No volveríamos a intentarlo nunca más!
- ¿Estaban dispuestos a vivir para siempre con la maldición? – Dijo enternecida
- Si ese era nuestro destino... lo aceptaríamos sin más... – miró a su hermano con dulzura, el hombre acarició su brazo, levantándose se agacho frente a la joven, tomando su mano entre las suyas le pidió con vehemencia
- Sé que es difícil de creer todo esto... pero te pido que escuches a tu corazón, el no te traicionará nunca... Eres la elegida... ahora lo sabemos... debíamos esperar a ver que sucedía contigo para estar seguros – miro a Afrodita con una sonrisa – Mi hermana lo supo en cuanto te vio... ella es más intuitiva que yo... aun así debíamos asegurarnos que no te irías o que el odio no te contagiara... pasaste por todo esto y te quedaste... Tú misma dijiste que no sabes porque continuas aquí, a pesar de desear partir... También dijiste que no puedes odiar a Xelena... a pesar de todo el mal que ha hecho... No podíamos decir nada antes de estar seguros... ¿Puedes entendernos?... ¿Podrás perdonarnos? – su mirada era de súplica, Angela sonrió conmovida, pasó la mano por el rostro cansado del hombre en una suave caricia, la anciana se unió a ellos con al misma mirada de suplica, la sonrisa de la joven se extendió al rostro de la dolida mujer
- Entiendo... – Dijo en un leve susurro – No tengo nada que perdonarles... Sé que lo han hecho por una buena causa... para liberar el inmenso peso que han cargado sus almas durante tanto tiempo... y el alma de... – miró en la distancia – La valiente guerrera... No necesitan pedir perdón... Quiero ayudarlos... haré lo que sea necesario para ayudarlos...
- ¿Ahora crees que eres la elegida? – hizo la pregunta con voz ansiosa, la joven la miró a los ojos con tristeza
- No... Aun no creo que sea la elegida... Aun no creo en esta extraña historia, La razón me dice que todo esto es un mal sueño, una locura... pero...
- ¿Pero que? – quiso saber Ares
- Mi corazón... que siempre se ha mandado solo... me dice que debo intentarlo... y como bien dicen ustedes... Siempre sigo a mi corazón...

Continuará...


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