Disclaimers: Los personajes de Xena: Princesa Guerrera, Gabrielle y otros, pertenecen a MCA/Universal Pictures y Renaissance Pictures. Por lo demás la historia es mía, si quieres hacer una copia o usarla en tu página, por favor pide permiso antes.

Aclaración: La historia que leeran a continuación se ubica luego de “friend in need ii”, y es relatada con base en sus personajes los cuales trato de conservar en su linea, a todos los que me han apoyado en este corto sueño, gracias.
Luego de la muerte de xena en japón, gabrielle va a egipto y es invitiada para hacer la reconstrucción de la biblioteca de alejandria, invitación que aceptara luego de poner las cosas en orden, y en la que descubrira nuevamente “la vida” en la misteriosa tierra de los faraones, para regresar junto con la princesa guerrera a enfrentar de nuevo a roma y reestablecer la libertad de grecia.

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EN CASA PARA SIEMPRE


(PARTE 2)

Cuando levanté mi mirada me encontré con otra que se digrigía a mí en una severa muestra de reproche. Ahora yo era quien sentía que ningún reclamo era injusto.

-Esperé que no fuera cierto -dijo con la mirada fija en el cofre- esperaba tener que llorarla después de mucho tiempo.

El hielo en mi cuerpo desataba el fuego de la cólera que sería provocada por palabras que no tenía el ánimo de escuchar.

-Cómo pudiste dejarla morir?, porqué se lo permitiste?

Muchas veces he visto desatarse tormentas en las miradas que a mí se dirigen, pero no como ésta.

-No lo hice!, hubiera dado mi propia vida por que esto no pasara..

-No Gabrielle!. Yo renuncié a mi deidad por Eva y por tí, aún sabiendo que podía ser mi fin, y no porque las amara a ustedes dos...... pero sabía que eran su vida -esto último parecía decírselo más bien a sí mismo-.

-No es cierto!, lo que hiciste lo hiciste por miedo, sabías que ella no dudaría en acabarte, por eso recurriste a crear una deuda por honor. -las palabras se me quedaban casi a medio camino y ni siquiera las pensaba, pero un fuego me quemaba y en medio de una risa burlona pude terminar lo que quería decir- Tú que sabes de amar!

-Así lo ves? -silencio- pues te diré que de amar sé que a veces te vas contra ti mismo y contra el mundo y que a la hora de actuar lo haces y no te quedas viendo caer el sol en medio de lamentaciones.

Que decir?, Porqué tenís que usar justo esas palabras?, de un tajo mi alma fue desnudada, agache la cabeza, no podía modular palabra, Ares se había marchado dejándome la boca sellada. Trataba de fijar mi mente en las palabras de Eva y de recordar que la muerte de Xena redimió todas esas almas. Era lo correcto y era el riesgo que ambas decidimos correr.
Caí de rodillas en medio de la tormenta "Y si no es cierto?, si esa mujer la hubiera engañado?..... No!....."

-Por los dioses!, si hay algo que pueda hacer para que vuelva.... denme una luz.

Pude calmarme, pero sentía que estaba enloqueciendo. Arreglé el mausoleo y encontré un lugar seguro donde dejarla sin que corriese peligro alguno. Luego fui a la vieja casa de Cyrene aún en pie, con los notables estragos que hacen el tiempo y la ausencia.
"No puedo seguir asi, no es lo que ella hubiese querido". Encendí fuego y me hundí en un mar de momentos arrebatados por el único dios que nos sigue por toda la eternidad, porque él mismo parece serla, y mientras mi mente divagaba en medio de ilusiones apareció Ares nuevamente.

-Sólo quiero decirte que si realmente la amas.... no la dejes en Grecia, si es cierto que irás a Alejandría.... llévala contigo.

-Le prometí dejarla junto a su hermano. Porqué me dices eso ahora?

-No está contigo, no está conmigo. Algo me dice que las cosas quedaron inconclusas.

-Cómo inconclusas?

-Ve a Pérgamo antes de tomar rumbo a Alejandría.

Dicho esto se esfumó. Una mezcla de alegría y confusión me inviadía en un destello de sensaciones del que no lograba salir.

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La mañana era hermosa y el imponente astro hacía su cruzada matutina en medio de un aire totalmente renovado.

-No voy a llorarte más Xena, iremos juntas a Alejandría como lo planeaste. Una pequeña antorcha se ha encendido en mi corazón y haré lo que sea necesario por alcanzarla, algo me dice que las palabras de Ares y su actitud, pueden encaminarnos a una nueva oportunidad.

Saqué el cofre de donde lo había ocultado, aseguré todo y una vez listo partí en el corcel negro que me había regalado Eva días atrás.
Justo cuando me disponía a iniciar mi viaje, ahí estaba de nuevo.

-Espero que la cuides mejor de lo que lo hiciste en vida.

Sus palabras cual dardos en un barril de pólvora hicieron su efecto, pero logré conservar, en apariencia, la calma.

-Tenlo por seguro. -respondí al tiempo que salí a galope y que el al igual, hacía su salida.

Pronto empezaría mi carrea de obstáculos, el rumor de la muerte de Xena ya corría en Grecia y pronto fui emboscada en mi camino a Pérgamo.
Un hombre de aspecto desagradable, acompañado de una cuatro de desarreglados asaltantes salió pronto a mi encuentro.

-Danos ese cofre y no tendrás de que quejarte.

-Si fuera tú, me quedaría conforme con atrapar conejos y llebvarlos a casa.

-Mmmmmm, insolente. Tal como la pintan -dijo a sus compañeros.

Sacó una espada y se acercó lo bastante lento como para darme tiempo de bajar del caballo y tomar mis sais.
Enloquecidos por atacarme no fue difícil deshacerme de ellos, esquivar el golpe y darle justo en la nuca fue suficiente con el primero; al segundo lo derribé luego de saltar sobre el y empujarlo hacia un árbol; el tercero tomó la espada de su compañero y dio varios golpes que logré esquivar hasta enredar su espada en uno de los sais y arrojarsela lejos a lo que salió corriendo; el cuarto, ya no estaba.

Silvé a mi corcel, pero una quinta presencia que entonces había pasado desapercibida se acercó a mis espaldas.

-No te muevas, está envenenada.

Oi tensar el arco y sentí que el objetivo estaba bien calculado como para que no se me ocurriera cometer alguna torpeza.

-Que quieres? -pregunté.

-Lo sabes, entrégame el cofre.

Aún estaba a mis espaldas, así que rápidamente tomé el chakram y lo lancé al tiempo de tirarme al piso y rodar hasta un arbusto que pudiera ocultarme. Por poco y me traspasa su flecha, la cual soltó inmediatamente para luego lanzarse al piso y esconderse, sólo que yo sabía donde estaba él, pero inversamente no era la misma situación la que nos regía, al menos eso era lo que yo creía.
Pronto emprendí la huida, no tenía muchas ganas de perder mi tiempo, eso implicaría darle tiempo a las personas que corrían el rumor de la muerte de Xena y a que pronto me convirtieran en un objetivo mucho mayor.
Corrí un tramo del camino, depronto enredé mi pie en algo y caí al suelo, donde pronto sentí nuevamente que el arco se tensaba sobre mi espalda.

-Que rápida salida, esperaba mayor cortesía de tu parte. Dame el cofre.

-Para qué lo quieres?

-Ese no es tu asunto.

Esta vez la situación era más crítica, pero corrí mi riesgo y atiné a girarme rápidamente y barrer con mi pie los suyos lanzandolo al suelo y obligándolo a que soltara su arco para amortiguar su caída. Entonces salté sobre él y con el sai en su cuello traté de intimidarlo.

-Sino dejas que me marche, la próxima vez tendré que mandarte al otro lado.

Dicho esto le asesté un golpe en la nuca, tomé un lazo y le amarré las manos a la espalda, pero no quise amordazarlo, de tal modo que pudiera gritar cuando despertara y alguien lo encontrará pronto.

Seguí mi camino a una prisa tan impresionante que en ella parecía írseme el mundo. No quería más contratiempos de ese tipo y seguramente el contenido del cofre era algo que comenzaba a ser codiciado por muchos.

************************************************************

Llegué entonces a Pérgamo, hermoso lugar. No busqué donde alojarme, dejé que mis pasos me guiaran a algún lugar, era extraño pero tenía fija la idea de que Ares aparecería de nuevo ya que podría ser que sólo estuviera probando mi interés en saber lo que de seguro el conocía. En todo caso, era mejor que pasara primero por este sitio antes de marchar a Alejandría.

A pocos pasos encontré mi respuesta. Frente a mi se presentaba un hermoso templo, no tan imponente como el Altar de Pérgamo, que construído tiempo atrás había sido dedicado a Zeus.
Este tenía las majestuosas columnas griegas sosteniéndolo y una vez adentro su belleza era indescriptible, estaba sola, pues era ya pasado el medio día, según mis cálculos.

-No pensé que te vería por acá.

Conocía esa voz, aunque llevaba tiempo sin escucharla, pronto me giré de modo lento, no sin antes tratar de adivinar para mi misma quien podría ser.

-Afrodita?

Un torrente de alegría me inundo el corazón y pronto la estimada diosa me recibió con un inmenso abrazo, uno de esos que llega justo cuando no lo pides, pero lo necesitas.

-Hola chicharrito, tranquila, lo se todo.

-Cómo lo supiste?

-Es cuestion de divinidad -me dijo con esa mirada compasiva fija en mí.

-Voy a irme a Alejandría, creo que es tiempo de cambiar mi vida. Todo esto ha sido tan rápido, apenas y logró reaccionar. He tratado de tomarme mi tiempo y se que esto ya no será nunca más igual sin ella. - Las palabras se me salían, al fin podía sentarme al lado de alguien que no estuviera haciéndome juicios y que estuviera dispuesto a escucharme.

-Porqué irás a Alejandría?

Curiosamente noté que alguna extraña relación tenía esa preguntas con la sugerencia de Ares de venir primero a Pérgamo, pero que era?.

-Necesito comenzar y no quiero volver a Grecia, he dejado demasiados recuerdos allí. Además de que me invitaron a que participara en la reconstrucción de la biblioteca. Es un plan que tiene Roma según ellos, para el mundo.

-Sólo eso te guía?

-Si -respondí automáticamente, pero la duda me acechaba más- porqué? acaso hay algo más que debería guiarme?

-Porque traes las cenizas de Xena contigo?

-A ti no puedo mentirte ahora. Pensé dejarla en Anfípolis, pero Ares...

-Está bien, entiendo. Quédate aca esta noche, tenemos cosas de que hablar.

Asentí con la cabeza, pero tenia un remolino de pensamientos que no encajaban en ninguna parte. Si antes me sentía perdida, sentía que definitivamente lo estaba más que nunca. Que rayos era lo que no sabía. En este momento era el juguete de los dioses esperando instrucciones sobre el siguiente movimiento.

Afrodita se levantó haciendo ademan de organizar algunas cosas en su altar, pero la noté preocupada, preparando las palabras y lo que me diría.

-Afrodita, que pasa? -pregunté

-Te lo diré, pero no quiero que te sientas culpable por lo que voy a decirte, suficiente con la pena que ya cargas.

Mis ojos bastaban para que la querida diosa entendiera mis palabras.

-El alma de Xena no fue redimida, y según el mismo Ares, no esta en descanso.

-Qué! -las palabras me aterraban como la peor de las tormentas tras la furia en tiempos de Poseidón- Cómo.....

-Cuando esa mujer que dijo mandar buscar a Xena lo hizo, al parecer le habló de redención. Ares, que no renuncia a seguir la huella de su mortal más protejida, indagó y descubrió que según las leyes divinas Xena ya estaba redimida y solo estaba actuando en un camino de rectificación. Las cosas no son muy claras y el mismo Ares se ve muy confuso, pero el guerrero que decapitó a Xena...

-Yo lo maté!

-Aparentemente. El golpe no fue tan certero como pareció y aunque estuvo inconciente varios días, confesó a Ares que Xena seguiría su vida en el limbo.

-Entonces el puede guiarnos! -algo me daba una luz cada vez más clara.

-No. Ares lo decapito, luego de haberlo matado.

Mis esperanzas estaban perdidas, la oscuridad se cernía sobre mi cabeza, como la lluvia en los bosques. Una mezcla de rabia y tristeza ante semejante acto de ingenuidad me dejaba terriblemente ahogada en mi propio llanto.

-Yo pienso, al igual que Ares que debes ir a la tierra de los faraones. Si bien Xena mató a algunos dioses griegos, no mató su esencia, porque esta es indestructible.

-Esto es tan...... Afrodita! -comencé a llorar de nuevo, presintiendo que ahora estaría liberándome para siempre de esta pesada carga- Nunca me gustó esa mujer, la vi con desconfianza, pero como pudo engañar a Xena de ese modo.

-No creemos que lo haya hecho a propósito, el mismo demonio que Xena destruyó estuvo tras esto. No se libró de su muerte, pero aseguró el encapsulamiento de Xena, logrando atraparla de nuevo en lo único que aún la nubla... Sus culpas.

Lo mencionó, y todo un remolino de imagenes invadieron mi cabeza, tenía que hablarle al alguna persona sobre todas esos momentos que tenía reprimidos aún en el corazón como si apenas hubieran ocurrido, pero eran tantas cosas, tantas sensaciones que todas empezaron a salir mis labios en una desesperada carrera.

-Ese hombre.... Fue tan impactante para mi ver su cuerpo colgado ahi, entre la lluvia y las antorchas que la exhibian como si fuese una joya exótica, y luego vi... su cabeza colocada sobre una mesa. Porqué permitió que lo hicieran? Porqué de ese modo?

Pude desahogarme, esas escenas espantosas no podía contárselas a Eva con el mismo detalle que ahora lo hacía, con la misma sensación de que lo vivía de nuevo y que esas aterradoras imagenes volvían a desfilar frente a mis ojos. Pero Afrodita era una amiga más que una diosa y ella lo sabía. Descanse, y me sentí mejor cuando revolvía de nuevo todo ese dolor con ella.

Logré calmarme un poco, me sentía más tranquila "supongo -pensé- que así se sentiría Atlas si lo libraran de tener que cargar el mundo", una risa esbozo a mis labio entonces.
Sí, empezaba a tener más calma y a mirar de un modo menos apasionado todo lo que estaba pasando. Esa noche me quedé en el templo en una de las cámaras secretas que éste tenía, con el cofre a mi lado, como lo había hecho hasta ahora y como pensaba hacerlo hasta que llegará el momento indicado.

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Un nuevo día había llegado, con el las nuevas esperanzas que ayer parecieron morir. Sabía que no sería fácil, lo sospechaba. Pero que me importaba, después de todo, nada, absolutamente nada de lo que era mi vida hasta ese momento había sido sencillo y los dioses ya me habían demostrado que nunca harán por el hombre lo que él puede hacer por sí mismo y Xena fue la prueba viviente de ello.

Me levanté y me lavé la cara con un poco de agua contenida en una vasija que reposaba en un rincón de la recámara sobre una mesa de madera bellamente decorada en honor a la "diosa del amor".

Luego serví un poco en un vaso y lo bebí a sorbos. Mi mirada se quedó fija en el cofre. "Será posible que pueda estar junto a ti de nuevo?, Que pueda tocarte y abrazarte?. Dónde estarás ahora?, si es cierto que tu alma no descansa, donde estarás entonces y cómo?". Estaba muy entusiasmada aún sin saber realmente porque razón que fuese de fondo, pero la nube de confusión que se hallaba sobre mi no me dejaba del todo en paz. Debí haber estado en un estado de total distracción, como para no notar hasta rato después que alguien ofrecía tributo a su diosa acompañado de una plegaria que solicitara el amor verdadero y la paz de su corazón.
Cuando me percaté de aquello y regresé de mi aislamiento descubrí que Afrodita me miraba con una gran pena, traté de disimular con una leve sonrisa, pero no fue lo suficientemente apropiada para engañar a la diosa.

-No se si esto funcione -dijo mientras se acercaba a mi-, pero se que tendremos que intentarlo y que no hay otro modo que sea mejor.

-Ares cree que puedo recuperar a Xena? -la pregunta me acosaba desde la primera conversación que tuvimos y ya no podía retenerla más en mi corazón, no podía seguir en medio de todas estas sutilezas- Piensa que puedo liberar su alma.

-No serás tu quien lo haga, pero si quien encuentre ese camino.

Afrodita soltó una carcajada y pronto se disculpó por ese gesto, pero supuse que la cara de curiosidad que dibujaba mi rostro poco se diferenciaba del de algún chiquillo sorprendido.

-En Egipto, existió hace tiempo un ser muy especial, se mezcló entre mortales y vivió como ellos, pero fue respetado y apreciado por eso, e incluso se le elevó a la categoría de deidad. Lo que no ofendió de modo alguno a los demás dioses, porque él mismo lo era.

-Es el mi respuesta?

-Sí, es él. Prometí a Ares no decirte su nombre, así que no puedo hacerlo mi chicharrito, pero busca en el Serapeion, en Alejandría. Es en ese lugar donde podrás encontrar el camino a la respuesta.

-Gracias Afrodita -le di un abrazo y mi mirada reflejaba una alegría como ninguna- entiendo que no puedas darme el nombre de el sujeto que mencionas, pero juro que no descansaré hasta encontrarlo. Tal vez no sea tarde y vuelvas a vernos a Xena y a mi. Si tengo éxito, te juro que este será el primer lugar al que vengamos.

-No comentes esto con nadie, sólo eso te pido.

-Así lo haré!

Comencé a organizar todas mis cosas disponiendome a partir.

-Espera!, no pensarás irte tan pronto.

-Tengo que hacerlo! -respondí en un estado de total euforia.

-Está bien, recuerda que estaré contigo.

Tras un corto abrazo, salí del templo. Busqué el corcel que me había acompañado y lo dejé a cargo de un viejo habitante del lugar, seguro en un establo.

Inicié mi caminata al puerto, me parecía mentira todo lo que estaba viviendo, pero trataba de reflexionar y calmar mis ánimos recordándome que no era tan seguro como parecía y que debía conservar la serenidad ante todo. Tal vez como lo dejó entrever Afrodita, esta no era mi oportunidad de volver a ver a Xena, sino sólo de liberar su alma de donde fuera que se encontrara y no podía perder eso de vista.

CONTINUARA...


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