Uno de los mas reconocidos y, naturalmente, recordados profesores, es decir –vamos a decirlo con mas propiedad-, maestros, que ha tenido Pallasca en la otrora Escuela Prevocacional 293, es don Oscar Sandoval Cerna. Culto, inteligente, sensible, el maestro Oscar, nacido en el distrito de Bolognesi, ponia de manifiesto una muy agradable cualidad: era ingenioso (sin duda, debe seguir siendolo) y tenia una “chispa” tan brillante como un relampago. Alguna vez –lo recordamos muy bien-, un chiquillo que jugaba en la plaza de armas, alrededor de la pileta central, al verlo pasar cerca le saludo con todo respeto pero incurriendo en un leve error: en vez de “buenas tardes” –porque eran como las 3 pasado el meridiano- le dijo “buenos dias, maestro”. Con agilidad mental de rayo, sin mediar palabra o gesto adicional y con aparente displicencia, don Oscar respondio rotundo: “buenos dias, hijo, como has amanecido?”; y, esbozando una ironica sonrisa, siguio su camino hacia la esquina de El Shinde para luego descender a la Calle Grande, donde tenia su casa. Nosotros –los otros chiquillos de entonces- que tambien nos encontrabamos alli y que nos habiamos percatado del “reves”, crueles e ingenuamente sadicos nos echamos a reir sin piedad; el autor del involuntario desproposito se puso rojo de verguenza.
Pero, bueno, como habria dicho don Ricardo Palma, a otra cosa mariposa. En realidad lo que queriamos contar es una anecdota distinta en la que, siempre pintoresco, siempre impredecible en sus respuestas, siempre lucido, tambien –felizmente- aparece don Oscar, el maestro Oscar, queremos decir.
La buena gente de Huacaschuque –la de los lavaderos de oro- estaba empe?ada en que su pueblo –que durante la decada de los 50 aun era un caserio anexo a Pallasca- se convirtiese en distrito y con ese fin habian iniciado las medio engorrosas gestiones ante las diferentes reparticiones del Estado encargadas del asunto. Y, bien, como casi siempre ocurre en estas cosas, la demora se prolongaba y prolongaba. La paciencia, como no, pudiera haberse agotado pero, testarudos porque la razon les asistia, los huacaschuquinos no estaban dispuestos a desmayar: tanto se habia hecho y, probablemente, tanto tambien se habia gastado, que dejar aquella gestion inconclusa simplemente hubiera sido de necios. Y no, pues, nadie en el pueblo y mucho menos ninguno de los que en la Capital de la Republica iban y venian de oficina en oficina, querian terminar con una lamentable frustracion.
Gobernaba entonces –quien no se acuerda- don Manuel A. Odria, hombre que –hay que reconocerlo, nos guste o no- dejo para un sector de la poblacion o, mejor dicho, de la “clase politica”, un recuerdo deplorable (dictadura, pues) y para muchos pueblos y ciudades mas de una obra de significativa importancia (colegios, especialmente); y su esposa, do?a Maria, indiscutible ejemplo de decencia y preocupacion por los ni?os, ademas de decidoras anecdotas (reales o inventadas, no sabemos) motivadas por sus rasgos fisicos y por el dejo que mostraba al hablar.
Todo indicaba que aquel gobierno seria el encargado, una vez cumplidos los tramites pertinentes, de cumplir con dar la ley de creacion del nuevo distrito. Pero a don Manuel, tan ocupado en otras cosas, no le importaba poner atencion a estas cuestiones “futiles” o, simple y llanamente, desconocia de las expectativas que cifraban en su gestion los pobladores de esta parte del pais. Cualquiera fuera la razon por la que la autorizada firma no llegaba a ser estampada en la norma definitiva, lo cierto es que, sin perder el optimismo, los huacaschuquinos echaron mano de un recurso que, casi a ultima hora, les parecio lo mas eficaz. Si, pues: “don Manuel sera todo un presidente, pero es, sobre todo, una persona con algo de vanidad y eso, su vanidad, eso es lo que hay que tener en cuenta”, sugirio alguien por alli. Y, en efecto, eso iba a hacerse: aparte de la insercion en el expediente de todos los requisitos que el procedimiento exigia (informacion sobre la densidad poblacional, los recursos economicos, etc., etc.) surgio un nuevo elemento que, a todas luces, resultaria decisivo, convenientemente decisivo: proponer que, en lugar de Huacaschuque, que era la ancestral denominacion del pueblo, el nuevo distrito lleve el nombre de Manuel A. Odria como homenaje y reconocimiento a las calidades del Presidente de la Republica y ademas –esta era la razon real, pero se la mantenia discretamente escondida- como un argumento que llenaria de orgullo al gobernante y le haria interesarse en el caso tanto como si fuera algo personal. El razonamiento era simple pero coherente: ?Quien –ocupando un cargo temporal- no quisiera trascender y que su nombre se perpetue, mas que en una placa de bronce o de marmol, en el uso irremediablemente cotidiano de los agradecidos habitantes de un pueblo del Peru? Todos en algun momento incurrimos en ese sue?o, y eso no es, no puede ser, un pecado.
Y ese sue?o, que aun no se habia atravesado por la mente de don Manuel, estaba a punto de producirse. Pero, lamentablemente para el presidente tarme?o que tuvo como uno de sus mas infaustos ministros a Esparza Za?artu –que ocupo la entonces tenebrosa cartera de Gobierno y Policia- la realidad se impuso sobre los candorosos devaneos oniricos. Y para eso, se?ores, es que en esta historia se hizo presente don Oscar Sandoval Cerna.
Antes de presentar formalmente la propuesta, un grupo de huacaschuquinos fue en su busca para pedirle un prudente consejo. Despues de escucharlos, el maestro Oscar los felicito por su proposito y, especialmente, por la inteligente iniciativa. “Tienen razon, les dijo, las gestiones se agilizarian enormemente y no seria de sorprenderse si, despues de presentada la propuesta del cambio de nombre, al dia siguiente ustedes tienen la ley de creacion del distrito en sus manos.” Todos le oian, satisfechos y regocijados; pensaban que, sin duda, habian acertado. “Pero, agrego don Oscar, hay un peque?o inconveniente.” “?Cual, maestro?”, preguntaron en coro. Don Oscar continuo: “Cuando, en el futuro, ustedes o sus hijos tengan que recurrir ante alguna entidad publica o privada o suscribir algun documento legal y deban responder por sus “generales de ley” habran de decir que son hijos naturales de Manuel A. Odria; y les aseguro que se avergonzaran cuando otras personas les miren sorprendidas al enterarse que ni siquiera son hijos legitimos.” Suficiente, fue suficiente! “Ni hablar, don Oscar, que todo siga igual”, replicaron rendidos.
Y, asi, todo siguio igual hasta estos dias, y asi habra de seguir, quien sabe, por los siglos de los siglos: Huacaschuque, tal como suena. Y, por cierto, con hijos orgullosos y nunca avergonzados de su santo terru?o: legitimo y natural, como Dios manda.
Posted by al4/alvarezbr
at 12:17 PM EDT
Updated: Thursday, 27 July 2006 7:04 PM EDT
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