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III ESPIRITUALIDAD

"Todos nosotros, a rostro descubierto, contemplamos como en un espejo la gloria del Señor y somos transfigurados según su propia imagen, de gloria en gloria, a medida que obra en nosotros el Espíritu del Señor" (2ª Cor. 3,18)

 

1.- La Obra de la Transfiguración del Señor que es a la vez Contemplativa y Misionera, realiza su doble vocación viviendo estos siete principios de vida evangélica que se resumen aquí a continuación, y que constituyen como su ESPIRITUALIDAD peculiar.

1) La Espiritualidad de la Obra Misionera de la Transfiguración brota directamente de la Humanidad GLorificada de Cristo.

2) En la contemplación de los Misterios Gloriosos de Jesús la Gracia transfigura el alma y la sumerge exultante en una Pascua de Gloria que le comunica la felicidad incomparable de saber amar hasta el sacrificio, de saber morir para resurgir con Cristo.

3) Todo hombre es llamado a la glorificación, porque Jesús nos redimió a todos, y su deseo es que todos se salven, que todos lleguen a la gloria. La finalidad de la vida del hombre es la glorificación del alma y cuerpo, y los Misioneros de la Transfiguración quieren vivir en plenitud este llamamiento de amor fulgurante y glorioso, primero para secundar el querer del Creador, y luego para hacerle palpar a la humanidad toda que ha sido creada para llegar a participar de la gloria de Dios.

4) Vivir en plenitud este llamamiento significa aceptar "Transfigurarse para transfigurar":

a) Aceptar ser transfigurado por la llama del Espíritu Santo, pues es quien transfigura, santifica y diviniza.

b) El Espíritu Santo transfigura el alma ayudándola a cumplir la exhortación del Padre en el Tabor: "Escuchadle". La ayuda a imitar los ejemplos de Jesús y a poner en práctica su palabra.

c) En la colaboración al trabajo del Espíritu de Amor el alma aprende a reproducir en sí misma la vida de Jesucristo que se entrega y se inmola por los hombres. Entrega e inmolación amorosa, que glorifican al Padre. Vocación gloriosa, por lo tanto, vocación de amor, vocación de fuego, de celo por la salvación de las almas, en la identificación con Cristo, para honra y gloria de Dios.

d) Y todo en santa libertad, pues cuando un alma entrega la propia libertad al Espíritu Santo, al llegar a ser -a imitación de María- esclava del Amor, el Espíritu Santo la hace soberanamente libre en el Reino de Dios, en los mares de la luz y de la verdad; de la misma manera que al entregarle la propia virginidad, la hace dichosamente madre.