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Al Hijo

 

Sales de un olvidado lugar

del cual hemos salido

y olvidado todos.

 

Vienes a un lugar

del que somos forasteros.

 

Vamos a otro lugar

del que nadie regresa

para contarnos.

 

Me pregunto si es el mismo lugar

de donde venimos.

 

Qué gran incógnita vivimos,

que gran incertidumbre.

El caminar como a ciegas

por una senda que antes recorro,

pero no sé si seguirás.

 

Perdido en este mundo de contradicciones,

barnizado de males y bienes

que te mueven como una barquilla

dentro de una gran tormenta.

 

No te asustes, hijo,

para eso están los padres.

Para calmarte y decirte

que no estás solo.

 

Quien te quiere no abandona,

aunque ausente parezca estarlo.

No hay un 'lejos' en lo profundo

de nuestro corazón.

 

Quien te ama te apoya,

quien te adora te abraza,

quien te acuna te guarda...

no estás solo, hijo mio.

 

(Escrito en junio de 2000)