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UNA SOLEDAD NO TAN SOLA

 

Allí donde sólo el viento mora,

Allí donde ciudades desiertas,

en que se alzan muros de roca

y recortan las praderas muertas,

allí vagaba un alma sola.

 

Sola, porque en su silencio

Permanecía en lo desconocido.

Sola, pues ningún sentido

Le unía al risco frío.

Sola, algo miraba.

 

¿Qué miras, alma, tan sola?

Observo que sonríes dichosa.

¿Qué contempla tu vista fina

que dé motivos a tu risa

que conmueva el alma mía?

¿Qué puede ser tan bello

para que tu frente hermosa

se llene de haces luminosas?

 

He aquí que he descubierto América

Al mirar tus ojos universos.

Heme aquí en zona ártica,

mares y desiertos extensos

descubriendo en las soledades

un grano que era el cosmos.

 

¿Pude captar tantas verdades

de un alma que nada me dijo? Sí.

¿Cómo, entonces, en la selva

en que vivo tanto me cuesta

encontrar una sola?

 

La serenidad que reinaba

Y aquella bondad reflejada

En esa faz estrellada

Daban imágenes de niños,

de retoños y cachorros

(y me alegré por ello).

 

Escrita el 7-6-84