
El cambio de vida es muy grande; todo es muy distinto a la antigua vida civil (eso ya lo hemos comprobado). Sin embargo, aunque al principio se pasan trances difíciles, se puede estar seguro de andar en buen camino.
Uno no es más que un punto en el mundo, y los demás lo son también. Al unirnos organizada y disciplinadamente, todos los puntos juntos hacen una gran mancha que se puede ver desde lejos; y si de lejos nos ven, nosotros, asimismo, lo hacemos, pudiendo avanzar hacia la infinita lejanía que se llama perfección.
Al estar aquí me doy cuenta de lo que valemos, de que somos oro sin pulir, barro sin modelar, pilares que se levantan para sostener el templo de Chile. Somos como los recién nacidos que no se explican y sufren la primera nalgada al nacer, sin sospechar siquiera que con ella respirarán para poder vivir.
El apreciable tiempo que uno antes había derrochado en instantes perennes y sin provecho, ahora como que escasea al no estar acostumbrados al régimen. Los instantes más agradables son los que se pasan escuchando al padre Pascal en la misa; las que se pasan en el comedor conversando con los brigadieres y compañeros; o los que pasamos cuando visitamos la Escuadra chilena; pero, sobre todo, cuando nos visita nuestra querida familia todos los domingos.
Sin darnos cuenta nace en nosotros un sentimiento que, si lo analizamos con detención, entenderemos que es tan importante como el sentimiento de familia; me refiero al sentimiento de Patria, que fugazmente percibíamos en las elevadas palabras que nacieron del corazón de los grandes próceres y héroes chilenos.
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Cada uno de nosotros vino aquí a encontrar su propio futuro feliz; sin embargo, aquí uno aprende a unirse a los demás para superarse, y se crea una gran familia de grandes amigos de profundos sentimientos.
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En esta nueva vida se nos presentan millones de frutos y una sola escalera; ahora nos enseñan a trepar por ella. Los verdaderos valores se forman cuando uno cumple con la guardia de entrepuentes, pues nace la responsabilidad y la capacidad para pensar se desarrolla, para que sepamos enfrentar una tormenta al mando de un buque con vidas que defender.
La vida es rápida y corta; es por eso que el tiempo se debe aprovechar, y no solamente por el bien de uno, sino de los demás; además, ¿no son los demás uno mismo? No porque ahora nos dé la sensación de que intentamos secar nieve para venderla por sal, hemos de dar un paso atrás. Bien han hecho los brigadieres al decirnos que si uno más soporta, más hombre se muestra ante si mismo; sí, el orgullo de si mismo, de ver cómo se armoniza la relación carne-espíritu, de ver cómo se superan los males hasta aplastarlos en la vida.
Es el entusiasmo que pongamos, las ganas de vivir que tengamos, de gritar por lo justo, de competir con corazón, para que verdaderamente nos integremos al pensar de la Escuela que nos recibe...porque somos capaces de darle el saludo.
Mis instantes se traducen a verdadera sinceridad. El que miente no muere para los demás, muere para si mismo. Debemos ser superiores con nosotros mismos siempre, pues lo que seamos en nuestro interior se escapa hacia el exterior volcándose ante la vista de nuestros continuos compañeros.
Escrita el 6 de marzo de 1981