Guerrilleros Nunca... Sólo son forajidos
Por: Coronel (r) Carlos Cubas
Es
necesario precisar que los movimientos terroristas o subversivos que aparecen en
el Perú en los últimos 40 años distan mucho de acercarse a la denominación de
«guerrilleros» que establece el articulo 1º del anexo a la convención de Ginebra
del 28 de Julio de 1899 el cual establece para dicho reconocimiento, reunir las
siguientes condiciones:
1. Estar encabezados por una persona determinada, la cual es responsable por sus
subordinados.
2. Llevar un signo distintivo fijo y reconocible a la distancia
3. Llevar o portar las armas abiertamente
4. Ceñirse en sus operaciones a las leyes y costumbres de la guerra
Podemos inferir que en el caso peruano grupos como Sendero Luminoso o el
Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), nunca se mostraron de forma
abierta ni legal frente a la sociedad democrática. Abimael Guzmán y Víctor Polay
Campos, como responsables de las atrocidades que se cometieron en nombre de sus
respectivos movimientos terroristas nunca se mostraron abiertamente
adjudicándose las responsabilidades del caso. Muy por el contrario pretendieron
esconder sus rostros y no mostrarse nunca, actuando en la clandestinidad,
manteniendo posturas de inexpugnabilidad, evasivamente confundidos entre la
población civil a la cual comprometieron en este injusto fenómeno de barbarie
que tanto atraso acarreo al Perú en todos los sectores, especialmente en lo
económico, social y político. Establecidos en lugares remotos y alejados dentro
de departamentos como Ayacucho, Apurimac, Huancavelica, Junín, Huanuco, Cusco y
San Martín, se camuflaron en una clandestinidad desde la cual pretendieron
ignorar la ley natural y divina. Se aprovecharon del atraso y la pobreza de
estas zonas que sirvieron como tierra fértil para sus insanos proyectos
violentistas, quebrantando con su presencia y acciones la paz, el orden y el
respeto a la vida.
Estos movimientos terroristas, al carecer de autoridad legítima, son violentos e
inmorales por cuanto tampoco se ciñeron en sus operaciones a las leyes y
costumbres del derecho de la guerra. Sería un sofisma reconocer como
«guerrillero» a esos delincuentes que actuaron en aquél Perú de los años de
barbarie, pues la «guerra» o la «guerrilla» tiene como partícipes a tropas bajo
un control efectivo y que respetan las reglas de la guerra. No es posible,
entonces reconocer como «guerrilleros» a delincuentes y bárbaros que subvierten
la paz social sin ninguna consideración que siguen ideas alienantes de destruir
lo legalmente establecido. Los hombres de guerra, en todo caso, merecen
consideración moral y legal porque luchamos, vivimos y morimos por un ideal
consciente y patriótico, sublime en su excelencia, siguiendo y respetando las
leyes y las normas, los tratados y las convenciones como las de Ginebra, que
rigen universalmente los patrones bélicos acatados por todos los beligerantes
con objetivos trazados para los cuales la guerra es el último medio al cual se
adecuan para llegar a un acuerdo final y aceptado en la paz.
No es posible que cualquier fenómeno, movimiento o grupo que hagan uso de las
armas con la finalidad de crear el terror, el emedrentamiento o la subversión,
tenga autoridad legal para así hacerlo, su levantamiento o insurrección en un
estado de derecho, pretendiendo actuar en nombre de la comunidad democrática es
ilegal pues no representan el deseo de todos sino el de intereses globalizados
de izquierda que demostraron su anacronismo. Véase como ejemplo la revolución de
Mao Tse Tung en la China de los años veinte y que fue nefasta, fracasando al
final y junto con ella también las intenciones de crear utopías a las que no
aspiró originalmente el pueblo chino.
Es así que según el derecho de la guerra el terrorista no tiene status de
«guerrero»: El terrorismo en el Perú, operó e intervino, sin haber una guerra
declarada, en un estado que se encontraba en paz tanto interna como externa.
Demostramos así que sin sustento de estar ante una guerra concreta, cualquier
movimiento terrorista no tiene capacidad de «hacer» una guerra.
La Génesis de Sendero Luminoso.
La génesis de éstas agrupación la encontramos en las ideologías socialistas que
se presentan en el Perú en la década de los veinte. Es José Carlos Mariátegui
quien funda el partido socialista el 7 de octubre de 1928. Lógica y
estrechamente ligada a la ideología marxista-leninista, posteriormente éste se
autodenomino «Partido Comunista del Perú» (PCP) de los cuales se ramifican, y
surgen alas delincuenciales como «Por el Sendero Luminoso de Jose Carlos
Mariátegui». Los lideres de estos movimientos vivieron de espaldas a la
realidad, de la globalización y de todo orden de temas en el mundo, incluso de
la realidad nacional (como el caso de Abimael Guzmán Reinoso quien vivió en la
clandestinidad y el ostracismo, sin circular libremente por la modernidad y el
progreso). Éstas organizaciones llegaron incluso a invertir la expresión de
Clousewits que «La guerra es la continuación de la política» por el de «La paz
no es sino la continuación de la guerra por otros medios». Su verdadera
finalidad era sustituir el orden público, económico y social existente del país
sustituyéndola por un nuevo orden que presuponía para ellos el total control
físico y moral del pueblo. El enfrentamiento entre marxistas, leninistas y
maoístas en el año 1970 acarreo el fraccionamiento del «PCP Bandera Roja» ,
desligándose definitivamente la facción «Por el Sendero Luminoso de José Carlos
Mariategui». Así nace este movimiento terrorista en el Perú.
El Movimiento Revolucionario Túpac Amaru.
Para el año de 1975 se constituye en el Perú un organismo político sindical con
el nombre de «Túpac Amaru» cuya finalidad era defender los intereses de las
cooperativas azucareras del Norte. El 9 de abril de 1987, es producto de la
integración y fusión de agrupaciones como el MIR, Túpac Amaru y otras
organizaciones radicales de izquierda, que se conforma lo que se conoció como
«Movimiento Revolucionario Túpac Amaru» con las siglas MRTA. Fue una
organización de tendencia marxista leninista, de carácter supuestamente
nacionalista y latinoamericana, que trato de acumular fuerzas para tomar el
poder mediante la lucha armada. Su principal accionar fue el secuestro y la
interceptación de vehículos para requisar productos, desplegando propaganda
clandestina e infiltrando entidades estatales. El estado, mediante accionares
como el acogimiento a la Ley de arrepentimiento y el aprovechamientote la escasa
preparación del MRTA, logra desactivarlos, no sin antes soportar acciones de
envergadura como el recordado escape en masa del penal de Canto Grande y el
triste episodio de la toma de rehenes en la residencia del embajador de Japón en
1996, que contó con la incomparable y valiente operación de nuestros comandos de
Chavin de Huantar.
Intervención de las Fuerzas Armadas (FF.AA) y la Policía Nacional del Perú (PNP)
contra las acciones terroristas en el Perú ( 1982-2000)
Desde el 17 de mayo de 1980 y especialmente en los últimos meses del año 1982,
Ayacucho ya sufría los embates de sangre y muerte debido a la violencia
terrorista de sendero luminoso. El gobierno del arquitecto Fernando Belaunde se
vio obligado a implantar el comando político militar con la Segunda División de
Infantería, al mando General de Brigada Clemente Noel Moral y declarar en
emergencia el departamento de Ayacucho. Las Fuerzas Armadas se encontraron en
esa región, ante un fenómeno para ellos novedoso y desconocido y para el cual
estaban relativamente preparadas, puesto que la instrucción para operaciones
contraterroristas se limitaba a la doctrina teórica contra-subversiva que era
vista como una posibilidad remota, puesto que la principal preparación era para
la guerra convencional ante un enemigo externo, mediante una declaración de
guerra.
Exactamente desde el 29 de diciembre de 1982 se instalaron las fuerzas contra
terroristas en el cuartel Los Cabitos de Ayacucho y se atomizan las fuerzas
hacia los lugares amagados por el senderismo, conformando bases contra
terroristas, con la finalidad de contrarrestar el accionar de ese movimiento al
que poco a poco se fue conociendo en su accionar, organización y distribución en
toda la zona en la que pretendían imponer su hegemonía. Fue violento, doloroso,
por los asesinatos, desapariciones, torturas y toda clase de delitos que Sendero
Luminoso atrozmente cometía y en el que las fuerzas del orden tuvieron que
inmiscuirse y entrar a tallar para defender la alternativa feroz de «ellos o
nosotros» puesto que no habían dado resultado los métodos pacíficos para
resolver la disputa. Ganarse a la población era el objetivo principal para
destruir esta amenaza a la seguridad del Estado y conservar la paz y hacer
cumplir la ley.
Trazando grandes rasgos, al final de 1983 se tuvo a Sendero Luminoso
desarticulado, aislado y casi destruido como lo reconoció el propio Abimael
Guzmán en su nefasta «Entrevista del Siglo» publicada por el Diario Marka.
Sendero Luminoso se urbanizo después de 1983 para reorganizarse, volviendo con
más bríos, alargando sus tentáculos de terror y muerte favorecido por la falta
de apoyo a las fuerzas del orden con gran énfasis en departamentos como
Ayacucho, Huancavelica, Abancay y cierta área de Cusco, respectivamente. Los
asaltos nocturnos, la extorsión exigiendo cupos a favor de la lucha armada,
amenazas de amedrentamientos a parientes lograron éxodos poblacionales así como
el sometimiento de quienes decidían quedarse bajo el temor, el vacío de poder,
finalmente reclutando forzosamente a los jóvenes de la localidad para engrosar
sus filas. Este es el panorama y la situación que las fuerzas del orden tenían
que solucionar, enfrentar, eliminar y volver a la calma y a la pacificación.
Durante las décadas del 80 y del 90 la lucha contra Sendero Luminoso y el MRTA
fue incesante, hasta causar desgaste en las FFAA y PNP. La figura de Abimael
Guzmán se percibía inexpugnable, mítica, inubicable, hasta que llegó «el inicio
del fin» y el comienzo para la pacificación a partir del 12 de setiembre de 1992
con la captura del «camarada Gonzalo» a cargo de la PNP, a la cual prosiguió la
de Ramírez Durand «camarada Feliciano». Particularmente me cupo tener a cargo
conducir operaciones para la captura del «camarada Ormeño» José Arsela Chiroque
Nº 2 del Comité Regional del Huallaga, luego de una incursión de comandos en la
región del alto Huanuco el 22 de abril del 2000.
Podemos apreciar de las líneas anteriores el valiente accionar de las fuerzas
del orden en el o
bjetivo
de restaurar la paz social y es ante ello que reiteramos a modo de conclusión
que los peruanos no debemos olvidar las dos décadas de agresión injustificada
que sufrimos por parte de Sendero Luminoso y el MRTA. Queda asimismo demostrado
que estamos frente a organizaciones criminales y no «guerrillas». Sus actos no
pueden quedar impunes con la flexibilización de la leyes y relajación de penas
carcelarias que el actual gobierno propugna. Tampoco debe aceptarse las campañas
de amedrantamiento para tratar de desmoralizar las valientes acciones que
realizaron en esas épocas las FFAA y PNP. No lo lograrán, pues seguimos
cumpliendo con nuestra responsabilidad democrática. Los combatientes que
salvaron al Perú en sus años más difíciles no merecen ser vetados.
