EL AZÚCAR: ENEMIGO DEL SEXO

 

Hay un enemigo de su vida sexual que acecha en todo momento. Es esa disacárida, de color blanco, que se desdobla por hidrólisis en dos monosacáridos y además es dulce, blanco, soluble en agua y escasamente soluble en alcohol. Por lo común, le llamamos azúcar.

El azúcar, que actualmente representa más de una sexta parte de nuestra dieta cotidiana, empezó a ser utilizada hace poco más de 300 años.    

Su imposición fue lenta e insidiosa desde que la caña de azúcar se importó a Europa desde Oriente. A América llegó en el siglo XVI traída por los conquistadores españoles.

Como es bien sabido, el cultivo de la caña de azúcar estuvo por muchos siglos asociado a la esclavitud y a la explotación del hombre por el hombre, cuando británicos, franceses y españoles, con látigo y armas de fuego, aceleraban los ritmos de producción en los cañaverales, para consolidar una industria muy poderosa.

La costumbre de endulzar los alimentos con miel fue reemplazada por el azúcar, que, por su facilidad de empleo, está presente hoy en una amplísima gama de productos: golosinas, refrescos, salsas, bebidas alcohólicas, chocolates y otros. A la vez, para el hombre contemporáneo, la tentación del azúcar es tan grande que prácticamente la agrega a todos sus consumos habituales.

Esto lleva a cifras espectaculares. Se calcula que en 1987 la humanidad consumió más de 150 millones de toneladas del producto, lo cual da un  porcentaje per cápita realmente notable, sobre todo si se toma en cuenta que el azúcar es una sustancia que sólo aporta calorías y nada de vitaminas, proteínas o minerales.

En los últimos años se han venido realizando estudios sistemáticos sobre los efectos que tiene el consumo de azúcar refinada en el organismo. Las conclusiones han sido altamente negativas.

Los dentistas llamaron oportunamente la atención sobre su nefasta influencia en las caries dentales, provocadas por el dextrán, un componente de la sacarosa, y destacaron también su efecto corrosivo sobre el esmalte dentario.

A mediados del siglo pasado, diversos especialistas de la medicina encontraron una relación directa entre el consumo del azúcar y el nacimiento de úlceras estomacales. Otros la establecieron para muchos casos de dispepsias crónicas.

Según los dermatólogos, es evidente que los excesos en el consumo de sacarosa pueden ocasionar trastornos en la piel, incluídos algunos bastante desagradables y crónicos.

La vinculación entre el azúcar y la obesidad está ya fuera de toda duda, con la agravante de que, teniendo el azúcar un fuerte potencial adictivo, cuesta demasiado que los gordos se alejen de ella. Sabido es que la obesidad acorta la vida, ya que causa innumerables enfermedades, entre las cuales deben mencionarse las cardiopatías, trombosis y otros trastornos menos graves.

Por lo demás, hay un hecho digno de anotarse y que resulta todavía más dramático: no es necesario ser gordo para padecer esas enfermedades. Se ha comprobado experimentalmente que los consumidores excesivos de azúcar flacos y obesos están más expuestos a dichas enfermedades, lo cual quiere decir que es el azúcar por sí mismo un factor desencadenante de tales patologías.

No se discute ya que el producto afecta el hígado favoreciendo su degeneración orgánica, que promueve el endurecimiento arterial, que determina aumentos incontrolables del colesterol malo y que daña significativamente los riñones.

Nadie discute tampoco que la conversión bioquímica de la sacarosa en glucosa, indispensable para su aprovechamiento interno, determina desequilibrios normalmente irrecuperables de sistemas, que derivan en enfermedades.

Del azúcar es hija la diabetes, mal que padecen millones de personas en el mundo y que tiene como consecuencia posible la ceguera, las cataratas y decisivos trastornos de la circulación y la coagulación sanguínea.

Las artritis, flagelo que se extiende por todos los continentes invalidando definitivamente a quienes lo padecen, le deben bastante al dulce, que es factor de incremento del ácido úrico.

Finalmente, el cáncer es tributario del consumo exagerado de azúcar. Recientes estudios demuestran que habría una relación entre algunos tipos de cáncer y el azúcar.

Y está, por cierto, la influencia del dulce producto en la vida sexual.

Se sabe, por ejemplo, que los excesos en el consumo de azúcar repercuten en el sistema endocrino y, especialmente, sobre glándulas sexuales. En la actualidad, se están desarrollando numerosos estudios en diversos países, que intentan precisar la relación. Por lo pronto, ya hay certeza acerca de la participación del azúcar en las caídas de la testosterona, la hormona masculina y en el ensanchamiento de la glándula adrenal.

Con respecto a la diabetes, tarde o temprano los diabéticos se enfrentan a un problema de impotencia absoluta o relativa. Es decir, existe aquí un nexo evidente entre azúcar y vida sexual.

Mucho de esto se debe al recargo de trabajo que sufre el páncreas al tener que producir insulina para contrarrestar altos niveles de azúcar en el organismo. Lo demás, se irá sabiendo con el tiempo.

Entre tanto, usted puede ser precavido y, si es un azúcar-adicto, haga un esfuerzo para limitar el consumo de este peligroso veneno. Es posible que no sea fácil y signifique casi lo mismo que abandonar el cigarrillo para un fumador.

Intente librarse de la falsa energía que ofrece el azúcar y procure gustar de los sabores naturales de las cosas.Será un gran desafío, a la vez que un enorme esfuerzo de desintoxicación.

Empero, la recompensa será mucho mejor que lo perdido: una vida sexual más plena, más sana y más satisfactoria, libre además de aquellas graves enfermedades que, como suele suceder, están aguardando a la vuelta de la esquina

 

Respetable Jñápika Gurú  Dr. Pablo Elias Gómez Posse 

aum_jnapika_satya_guru@hotmail.com

 


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